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Si tu hijo dice la verdad, ¿debes regañarlo?

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Photo by Tijana Drndarski on Pexels.com

Pensémoslo detenidamente…

Por ahí de los 6 a 7 años, una parte del cerebro de los niños despierta. Es la parte en donde ellos se dan cuenta que si te dicen A, tu vas a reaccionar B, y ellos obtendrán C.

Esta triangulación se suelen confundir muy frecuentemente con berrinche y el famoso “te está tomando la medida”.

Pero antes de los 6 o 7 años, esto es imposible, porque no existe la maduración cerebral necesaria para poder lograr tales triangulaciones complejas. Antes de los 7 años, Todos los berrinches son honestos y hay que atenderlos, todos, siempre.

Pero ciertamente, una vez que se forma esta manera compleja de análisis, se presenta un nuevo reto: Los niños ya empiezan a hacer trampa, decir mentiras y/o hacer lo que no queremos que hagan –a escondidas.

Es decir, “si le digo a mi mamá que me comí una dona (A), me va a regañar (B). Como no quiero que me regañe, le digo que el ruido que escuchó es de un papel periódico y ya no me dice nada (C)”.

¿Qué es más importante?

¿Que coma a escondidas un pan dulce o que nos diga mentiras?

A nosotros No nos toca educarlos en base a normas, sino en base a principios. Las normas cambian de lugar en lugar, de circunstancia en circunstancia. Los principios, es decir, la ética, no.

¿Qué podemos hacer?

Acuerdos.

“Prefiero que me digas la verdad. Dime ‘te voy a decir la verdad pero no me regañes’, entonces me cuentas la verdad y yo prometo no regañarte.” – y lo cumplimos: ¡NO podemos regañarles! Podemos decirles algo así:

“Agradezco tu honestidad. La razón por la cual no te dejo comer donas es porque se arruina tu apetito para la hora de comer. Pero, no te angusties. Agradezco tu sinceridad y no te regañaré.”

Los niños dicen mentiras por miedo. No queremos que nos tengan miedo. Queremos que se acerquen a nosotros. Sobre todo en la adolescencia. Y este puente se empieza a construir desde pequeños.

Cuando nos confiesen que ya nos dejaron sin dona y el antojo se nos hace añicos, tomamos aire y agradecemos, “Gracias por decirme la verdad. ¿Crees que para la próxima me puedas convidar una mordida?”

NOTA IMPORTANTE: no esperen que por decir «dime la verdad y no habrá consecuencias» una vez, la vayan a cumplir siempre, ¡no! El miedo al regaño es mucho más fuerte (y sobretodo si nosotros no cumplimos con nuestra parte de no regañarlos). Hay que repetirlo bastantes veces, muchas veces… muuuuchas veces y cumplir con nuestra parte de guardar el control. Si hizo algo grave, de igual manera, se habla. Sin regaños ni castigos.

Esto lo recomienda Dina Alexander en sus libros de 30 Days of Sex Talks (30 días de pláticas sobre sexo), precisamente para que cuando surjan estos temas delicados de la sexualidad, la confianza y la comunicación ya estén construidas.

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