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Unas micro-vacaciones

Son los detalles lo que hacen la diferencia.

Sentía que le estaba haciendo trampa a la vida.

Como cuando vas a hacer algo súper travieso a las espaldas de mamá y estás esperando que no te voltee a ver justo a media movida. Así.

Mi papá me llamó “loca” toda mi vida. Bueno, pues puedo usar esa “locura” para buenas ideas.

Contexto #1

Mi esposo se fue de viaje de negocios. Me había estado tentando con la idea de acompañarlo y a la mera hora no se pudo. Yo me quedé con el ññggghhhñññ atorado en la garganta.

Contexto #2

Tengo un miedo irracional a perderme. Siento que desvanezco en el aire. Cada vez que me extravío en la calle entro en pánico, sudo frio, hiperventilo y… me pongo muy muy mal. Ya lo estoy trabajando. Pero, en el mientras, no me siento cómoda como para agarrar mi coche y tomar carretera. Además tenemos 39,485,293 cosas que hacer y no podía irme mucho tiempo.

Contexto #3

Yo quería eso: la experiencia de hotel.

El aroma del hotel.

Dejar de cocinar.

El pedir Servicio a Cuartos, un Club Sandwich y ver una película equis que estén pasando en un canal equis.

Levantarnos tarde,

Sin la angustia de “el perro tiene hambre, pis, tengo ropa que doblar y platos que lavar y guardar”.

Jugar y jugar y jugar con mi hijo. Sin ningún tipo de interrupción.

Tiempo de Re–Conexión sin prisas ni culpas.

Alberca.

Crema para sol.

Toallas que no me toquen lavar a mi.

Camas que no me toquen tender a mi.

Resolución

Tomé mi coche, mi niño, dos pequeñas maletas con trajes de baño y nos hospede en un hotel local. Si. En medio de mi ciudad. 

Aaaaaahhhhhhh….  (Te lo súper recomiendo… ¡En serio!)

Una mini–escapada. Una noche. Una súper adaptación a las circunstancias que sí son reales.

Fue Lo Máximo.

Mi hijo fue El Más Feliz (con ganas de más, obviamente). Una noche después de todo lo anterior, salimos súper relajados, llenos de endorfinas, oxitocina y puras cosas buenas, sanas y lindas.

Con la enorme ventaja de que el viaje de regreso no nos agotó –porque típico, el avión, el relajo, el aeropuerto, la desvelada… regresas a casa tan estresado y cansado que necesitas otras vacaciones.

Lo más curioso fue que después de todo, empecé a ver a mi ciudad de una manera diferente. Los árboles, los pajaritos, las calles… todo cambió para mi: sí me puedo relajar en mi propia ciudad.

Finalmente, solo tenemos el momento presente. Los niños crecen demasiado rápido. Solo tenemos una oportunidad. ¡Hay que aprovecharla!

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