full body of father and child in protective helmet pushing bike along road
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¿Qué va a pasar en el futuro cuando mis hijos Hiper Sensibles crezcan y no se adapten al mundo? ¿Podrán ser felices?

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Photo by Tatiana Syrikova on Pexels.com

Me han preguntado muchos papás, angustiados, con toda razón; “¿Qué va a pasar en el futuro cuando mis niños hiper sensibles crezcan y no se adapten al mundo?» Por ejemplo, que van al trabajo y tengan que usar corbata y ellos respondan, “No, corbata no me pongo porque me aprieta y soy HS», o “No, el uniforme corporativo no me lo pongo porque es de poliéster y soy HS.” «El mundo es cuadrado y es duro y creo que si educo a mi hijo así, no se va a poder adaptar… ¿cómo le hago?”

La pregunta tiene toda la lógica del mundo y entiendo la preocupación. Joseph Chilton Pearce decía: “Tenemos la noción cultural de que si los niñ@s no son corregidos, si no los manipulamos, van a crecer como bestias en el campo. Esta es la falacia salvaje más grande del mundo.”

El ser HS, no es algo modificable con la educación sino que se trata de un sistema nervioso central distinto. Es real. No es temporal. La persona que nace como HS así va a ser toda su vida. Y no hay educación –ni sombrerazos– que eviten que si el poliéster le saque alergia, le deje de sacar cuando se trate del uniforme de un empleo. Es más, ¡hasta se va a poner peor!

Regañar a un hijo por ser HS es como decirle, “Pero ¡qué cafés tienes los ojos, eh! ¡A ver si ya vas cambiando!”

En realidad lo único que va a pasar es que se va a odiar a sí mismo. Tal vez se ponga pulipentes, (fingir ser alguien más) pero, en el fondo, va a seguir siendo el mismo de ojos cafecitos… solamente tristes.

Es como querer hacer limonadas con un manzano. En cambio si sabemos que tenemos un manzano, pues hacemos un strudel (¡yum!).

Por eso mismo, el primer paso es conocer cómo funciona el cerebro y sistema nervioso de nuestro hijo y trabajar con lo que sí tenemos. Forzarlo a ser alguien más, a base de regaños y castigos, pues, el niño-muchacho-adulto saldrá a la calle a luchar, pero sale roto o incompleto en su interior. Creo que es un mejor acercamiento el de la conexión y el respeto. En donde nosotros sabemos quien es en realidad, sus fortalezas y sus limitantes. Y trabajar con eso.

  • “Ya sabes que te saturas y que aguantas estar en una fiesta sólo tres horas. Después de eso, ya te pones de mal humor y le pegas a los otros niños. Es mejor irnos temprano.”
  • “Te recuerdo que después de la época de exámenes finales, te enfermas, ¿Cómo ves si mejor te vas de viaje una semana después?”
  • “Acuérdate que si te desvelas, te da migraña. ¿Cómo ves si mejor trabajas mañana?”

Se trata de enseñarle al niño a enfrentar al mundo a partir de quien es en realidad. Que aprenda a poner sus límites cuando es posible. Cuando no, por ejemplo que se aguante la locura habitual durante la jornada de trabajo y saliendo que se vaya al gym a sacudir el estrés. Y si no es negociable la camisa de poliéster y le saca ronchas, pues que se ponga una camiseta de algodón abajo. No pasa nada.

Vivir desde tu verdad, te dará sentido a la vida. Nos hace más felices, plenos, honestos y triunfadores.

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