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¿Que hacer si tu hij@ es Hiper Sensible para la comida?

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¿Melindroso o Hiper Sensible? Veamos las diferencias:

Hace como unos 10 años mi sobrino, de unos 4 o 5 añitos supo, después de años de ser su comida favorita que la “carne de castillo medieval” eran en realidad costillas de cordero y que el cordero es el borreguito lindo, peludo y tierno de la canción Mary had a Little Lamb.

Sobra decir que ya no quiso volverlas a comer.

Mi hermano desesperado, como era prácticamente Lo Único que comía, trató de convencerlo que estaba bien… Yo sólo pregunté, “Ah, ¿si? ¿porqué?” Sólo recibí un par de ojos de pistola. El niño se quedó igual que yo y no volvió a comer su “carne de castillo medieval” ex-favorita.

Mi niño, está ahora en exactamente el mismo descubrimiento. Al borde de un ataque de pánico y desesperación, platiqué esta situación con muchas personas, recibí mil comentarios:

  • “¡Un niño pequeño no puede ser vegetariano, necesita de la carne animal para crecer bien!”
  • “No te apaniques, ¡no pasa nada!”
  • “Yo tengo amigos que crecieron vegetarianos desde bebesitos y están bien; pero sí asesórate bien porque sí tiene su chiste.”

Y también he recibido muchos consejos y varios planes, con la mejor intención del mundo y que profundamente agradezco, de lo que “debería” hacer:

Plan A:

Decirle a manera de cuento feliz, que la vaca es una vaca feliz y que esta muy feliz de morir para que un niñito crezca.

Es un lindo cuento.

Pero no me la creo. Y mi niño también me va a ver con cara de, “¿Me juras que te la crees?”

Ahora, recordemos que se trata de un niño Hiper Sensible que ve a través de mi, (mis verdaderas intenciones de hacer que se coma las albóndigas de la semana pasada), va a sentir mi energía conflictuada (de que yo sé que no es cierto el cuento de la vaca feliz… pues decir eso es como decir, “los ciervos son felices de morir porque un leoncito va a crecer” o “los ciervos viven al servicio de los leones”), va a detectar mi crisis interna de que, en realidad yo no sé si sí sea una vaca feliz, o no. Mi niño, va a darse cuenta de todo. No le puedo, ni debo mentir en honor a nuestra relación, a su inteligencia y a la honestidad por sí misma.

Plan B:

Entrar en una batalla de poder de “TE LO COMES porque soy tu madre!”

Pero como ya sabemos, las batallas de poder, son La Peor Metodología con un Hiper Sensible. Chris White y Shauna Shapiro en su libro Mindful Discipline dice que escojas bien tus batallas, Si hay algo que no podemos hacer es que los niños se traguen la comida. No les podemos meter un tubo en la garganta como se les hace a los gansos. Entonces forzarlos a comer, es una batalla perdida e inútil.

En cambio, cuando llegue tu hijo a pedir postre antes de comer, por ejemplo, ahí sí tienes poder y puedes empezar a establecer una negociación. Además, en todos los libros que he leído dicen que no debemos utilizar la comida como método de soborno. Si le vas a dar postre, que sea fruta o algo sano lleno de nutrientes. Y en todos todos, todos los libros dicen que la hora de la comida debe ser un espacio tranquilo, para conectar, disfrutar y lleno de amor.

Mi hijo no se está negando a comer… sólo que quiere otras opciones menos crueles.

Entiendo que es un tema sumamente controversial y mi mamá, si se llegase a enterar, ¡me mata! También entiendo si su cabeza se está yendo a mil por hora tratando de encontrar una buena opción. Y, de momento, creo que he llegado a un:

Plan C:

Al final del día, ¿qué es lo que más importa en la crianza? La relación. La relación padre/madre e hijo. Si mi hijo me hace una pregunta, pues le respondo sinceramente, para que confíe en mi. Así, cuando este en la adolescencia tenga toda la confianza de acercarse a mi con esas preguntas fuertísimas que suelen hacer. La sinceridad tiene un precio, claro, si tras decirle la verdad, él toma una decisión, me toca respetarla.

Sería una total hipócrita pidiéndoles una y otra vez que respeten las necesidades de sus hijos y sin embargo, en el tema de la comida, decirles que los obliguen a comer lo que su cuerpo esta detectando que “blip, blip, algo no esta bien”. A sabiendas de que su Hiper Sensible tienen razón: las vacas sufren y no, no son felices de morir por nosotros.

La tele, los videojuegos, las películas, nos enseñan que matar, no solo esta súper bien, sino que además es chido. Me estoy yendo en contra del mundo tratando de educar a un niño que sienta y sepa que Todas las Vidas importan, (desde la comida, hasta los enemigos).

Me importa que ese niño mantenga su sensibilidad intacta, que no endurezca su corazón, como endurecí yo mi paladar, mi consciencia y mi sensibilidad tras el “O te lo comes o te lo embarro” de mi mamá.

En este siglo, el mundo esta lleno de opciones…

Entonces el Plan C es escucharlo y respetar su necesidad de no comer cadáveres, como bien decía Felipe el personaje de Mafalda.

Efectivamente, como haz de suponer, no me está haciendo la vida nada fácil. No me encanta cocinar. A él –como típico Hiper Sensible– no le gusta probar cosas nuevas. Si hay algo que me repatea es pasarme toda la mañana en la cocina para que me diga, “No quiero”. ¡Se me retuerce la tripa en seis direcciones diferentes! Ando desesperada buscando por todos lados en vitaminas, libros, amigas, nutriólogas, pediatras, sobre cómo alimentarlo para que crezca bien, sano, fuerte dejando su hermosa sensibilidad y consciencia intactas –y, como cereza de pastel, ¡que le sea apetecible! ¡Auxilioooooo!

Plan D:

El último consejo que recibí fue de una amiga que me dijo:

“Son etapas, ten en el conge un  paquete de carne molida orgánica para cuando se le pase”.

Eso haré.  Si, después él decide que tal vez uno o dos días a la semana su cuerpo –siempre sí– necesita de la proteína animal, eso también deberé de respetar.

Y es posible que al otro mes, ya ande aplicando ¡otro Plan W!

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