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¿Porqué hacer acuerdos con nuestros hijos?

Hacer acuerdos con nuestros hijos… una realidad.

Una constante en mis conferencias y en las consultas privadas: doy el tip de hacer acuerdos con nuestros hijos. ¿Porqué?

Un ejemplo puede ser: “Estoy viendo que no quieres hacer (x cosa) hoy… ¿Porqué no? .. Bueno me parecen razonables tus puntos… ¿Qué se te ocurre que podamos hacer? … Okay, entonces ¿ya quedamos en que vamos a hacer? Y los dos repiten el acuerdo y las consecuencias)”

Son una maravilla, les explico:

El hacer acuerdos: Activa ambos hemisferios del cerebro. Activa la parte superior de su cerebro. Llena la cubeta del control. Los niños se sienten escuchados y aprenden a negociar, herramienta que les servirá para el resto de su vida.  Se vuelven adultos que cumplen su palabra –cosa que necesitamos desesperadamente. Hacer pactos es francamente una gran herramienta.

Peeeeero… si, hay un pero.

Cuando los empezamos a aplicar, creemos que, porque hemos hecho un pacto ya se va a cumplir en automático. “Claro, hicimos el pacto, nos miramos a los ojos, sacudimos la mano… ya’sta, ¿no?”

Pues, no.

Y cuando vemos que no funciona, tiramos la toalla pensando que esta herramienta no sirve. Cuando, en realidad lo que se necesita es constancia.

Pongamos un ejemplo:

“Mamá, quiero jugar.”

“Pero no has hecho tu tarea.”

No. Pero, no me puedo concentrar, realmente necesito jugar.”

“Ok. ¿Qué se te ocurre que puedes hacer?”

“Voy a jugar media hora y después hago la tarea.”

“¿Es un pacto?”

“Si. Es un pacto.”

Otro ejemplo:

“Vamos a ir a la juguetería a comprar el regalo de tu primo. No te voy a comprar nada, por favor no me pidas nada porque no te lo voy a comprar.”

“Sí mamá. Sólo voy a ver.”

“¿Es un pacto? Por que si te vas a poner necio, no te voy a dejar que vayas a ver.”

“Si. Es un pacto. Solo voy a ver. No te voy a pedir nada.”

Peeeeero… ¿Qué sucede en realidad?

Se pica jugando y no hace nada de tarea.

Se enamora de otro Lego y llega llorando, implorando, jurando que él va a pagar ese juguete con sus ahorros.

¿El acuerdo funcionó?

Aparentemente, no.

En este momento la bola esta en nuestra cancha.

Cuando los niños son pequeños no podemos pedirles que ellos sean los que plantean las consecuencias de sus incumplimientos, pero cuando son más grandes, sí.

De pequeños decidimos nosotros, “No. No puedes ir a ver juguetes porque la vez pasada te pusiste necio. Hoy no haremos pactos.”

Pero cuando son más grandes, por decir 8 – 9 años, dependiendo de la madurez de cada niño,  ya podemos pedir,

“Y si no cumples, ¿qué?”

Ellos, al plantear la consecuencia, suelen comprometerse un poco más. Y nos toca a nosotros darle seguimiento al pacto.

“¡Ey! ¡No cumpliste tu parte! ¡Me estás pidiendo el juguete! Ahora, tal como quedamos, vas a tomar esa caja, la regresarás a su lugar. Hicimos un pacto y te toca cumplirlo.” Y nos aseguramos que lo cumpla al pie de la letra.

Hubo un día en el que yo estaba sumamente frustrada porque mi hijo en media hora rompió dos pactos. Y él, en su inmensa sabiduría me dijo, “¡MAMÁ, ESTOY APRENDIENDO! Esto de hacer pactos es difícil, porque yo creo que sí los puedo cumplir y no siempre puedo.”

¡Poc!

El cumplir acuerdos, no es un fin en sí mismo sino los medios para un fin más importante.

Es decir que, el cumplimiento del pacto, en realidad, es lo de menos. Lo que realmente importa es todo lo que aprendemos en el camino (y hablo en plural pues nosotros también aprendemos).

El incumplimiento de acuerdos nos da muchas oportunidades:

Para ellos, es permitir que:

  • Cumplan sus propios errores en un espacio seguro.
  • La vida que aplique las consecuencias naturales –de las cuales nadie se salva.
  • Aprenda que tras cada acción siempre hay una reacción con la misma intensidad pero en sentido contrario: Ley de Newton. Y esa solo la aprendemos a base de experiencias duras. Mejor que sean en casa, con nosotros como sus mentores.

Para nosotros;

  • Implica de nuestra parte, mucha constancia. Supervisión. Que si se dijo, se cumple. Porque la vida no perdona tampoco.
  • Necesitamos ser coherentes e íntegros. Un ejemplo de lo que no se debe hacer es, “si no haces tu tarea, tendrás una semana sin videojuegos” pues no tiene coherencia ni integridad. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Las consecuencias deben estar relacionadas el tema, “no haces tu tarea, ¡yo no la voy a hacer por ti! Sacas mala nota y luego tendrás que elevarla… tú.”
  • Implica paciencia, comprensión, análisis. «¿Qué fue lo que aprendiste? ¿Qué vas a hacer la próxima vez? ¿Cuál es tu plan para….?»

Aprender a hacer y cumplir pactos es una habilidad… que se aprende. Igual que tocar el piano. Por lo tanto necesita tiempo. Es una súper herramienta –a largo plazo; y esas son las efectivas. No hay que desesperarnos. Es mejor abrir bien los ojos, mirar a nuestros hijos, conocerlos y pensar cómo podemos enseñarles mejor aquello que deseamos enseñarles.

Recuerden, No queremos hijos obedientes. Queremos hijos pensantes.

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