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La primer Ley de Newton aplicada al Respeto

Respeto… Todos conocemos la palabra, y la mayoría de nosotros la exigimos de todos, pero, ¿Sabemos bien lo que es, lo que significa y lo que implica?

Seguramente todos hemos escuchado esta frase muchas veces: “Lo más importante en la parentalidad es que tus hijos te respeten”.

¿Qué tus hijos te respeten?

¿A ti?    

¿Y tu a ellos?

¿Cuántos de nuestros comportamientos, –regaños, insultos, burlas– conllevan faltas de respeto?

Punto es, en la grave mayoría de los casos nos dedicamos a faltar al respeto a todos, pero más aún a nuestr@s hij@s durante toda su infancia, y luego durante su adolescencia, nos terminamos quejando: “¡Mira este grosero cómo me trata!”

Pedimos, exigimos sean respetuosos, pero, ¿nosotros no somos capaces de serlo?

Recordemos la primer Ley de Newton:

A toda acción corresponde una reacción…

                           Si nosotros no les respetamos, ¿cómo van a aprender qué es el respeto?

Y bueno entonces: ¿qué es el respeto?

El respeto no es libertinaje, ni dejarlos hacer lo que quieran.

El respeto Tampoco es obediencia. Ni miedo. El respeto no es crítica. Ni juicios.

Bajo estos parámetros, si tus hijos te obedecen, no es por respeto, sino por miedo. Miedo a tu ira, tus castigos, tus críticas o juicios.

El problema de no respetar a los hijos es que ellos no aprenderán a respetarse a sí mismos, por lo que seguramente terminarán haciendo lo que los demás les dicen que hagan, rompiendo sus límites, tolerando cosas que no deberían jamás tolerar.

Recuerda, estamos programando neuronas. Las neuronas primero obedecen a mamá y papá, después obedecen al amigot@ borrach@, drogadict@ o al novi@ abusiv@ y caliente.

NO queremos hijos obedientes. Queremos hijos pensantes.

Entonces: ¿Cómo podemos criar hijos pensantes a base del respeto?

  1. Primero, confiando en su capacidad. Son seres completos con su personalidad, carácter, gustos y preferencias. Bien guiados pueden ser ciudadanos del mundo, inteligentes y capaces de pensar por sí mismos.
  2. Segundo, enseñándoles a pensar a base de preguntas. Utilizando el Método Socrático.
  3. Tercero, escuchando sus respuestas. 99% de las veces nos vamos a caer de espaldas. Garantizado.
  4. Cuarto, dejando que –dentro de una zona segura y dependiendo de su edad y madurez– dejemos que cometan sus propios errores.
  5. Quinto, reflexionando con ellos sobre los Límites Sanos, las Consecuencias y las lecciones de esos errores con un punto de vista objetivo, sin juicios.

Algunos ejemplos de muestras de respeto mutuo:

  • «A ti no te gusta, a mí sí, y está bien no estar de acuerdo. ¿Qué pasaría si hacemos/pensamos/platicamos en otras opciones?»
  • «No vi lo que tú viste, pero te creo. ¿Qué mas viste?»
  • «Tú quieres (x) yo quiero (y) ¿como nos vamos a poner de acuerdo?»
  • “No estoy de acuerdo con tu punto de vista, ¡para nada! Te puedo dar mis argumentos. Esta bien si no te logro convencer. ¿Quieres ir a investigarlo por ti mismo?”
  • “Ayer tomaste una mala decisión. ¿Quieres platicar al respecto? ¿Qué aprendiste?”
  • “Tu sientes (x), desde mi punto de vista es una exageración, pero entiendo que las emociones no se pueden controlar.”

El respeto es donde somos y dejamos Ser. Especialmente cuando no estamos de acuerdo.

Los limites sanos se establecen con amor, respeto, conexión y mucha comunicación amable.

El respeto es duro en nuestro propio ego y es por esta razón que nos puede irritar, pues:

  • El respeto implica aceptación, aplomo. Integridad. Mucho silencio. Y muchos pantalones.
  • En el respeto se aceptan todas las emociones y pensamientos. Y, cuando ya estamos más tranquilos, nos ponemos de acuerdo en las acciones y consecuencias estableciendo Limites Sanos.
  • En el respeto dejamos hablar a los demás y escuchamos totalmente. Así como nos hablan a nosotros ahora, callarán al amigote borracho o al novio abusivo y caliente, después. Por ahora, necesitan un espacio seguro en donde ensayar, y ese espacio se los damos nosotros.

Es decir,

El respeto es ese espacio intermedio entre Dejar Ser y establecer los Límites Sanos.

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