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«¡Ya no sé cómo hablarle a mis hijos…!»

Cuando no sepas qué hacer o cómo hablarle a tus hijos… Acércate a tus hijos con: 1) Compasión curiosa Observa a su comportamiento como una ventana hacia su cerebro; nuestros hijos no son unas criaturas maquiavélicas que planean algo terrible. En lo absoluto. Tienen necesidades de conexión, amor, contención y nosotros debemos abrir nuestra mente con curiosidad y compasión para poder ver cuál es su necesidad y cubrirla. 2) Conexión La conexión es la única cuna en donde descansamos y crecemos emocional, mental, espiritual y físicamente. Es hacerles sentir apreciados, sentidos, vistos, escucharles para entenderlos, no para juzgarlos. Es darnos cuenta y validar todos sus emociones e invitándolos a un espacio de confianza y seguridad. 3) Calma Corremos todo el día haciendo un millón de cosas y pocas veces nos damos el tiempo para un baño de burbujas, ir despacio, tranquilas, una caricia, un masajito, Tirar todo y ponernos a jugar con nuestros hijos es lo mejor que podemos hacer… y a veces ¡es lo único que vale la pena de todo el día! 4) Co-regulación  Es trabajo de nuestro sistema nervioso central captar las energías y humor de otras personas. Si estamos de mal humor, de inmediato, los niños estarán de malas también. Entonces, si queremos a nuestros hijos tranquilos y amorosos, nuestra calma y nuestro amor siempre es un buen lugar por donde comenzar. 5) Consciencia Se trata de darnos cuenta cuando estamos siendo reactivos y regresar intencionalmente a una relación con conexión. 6) Comunicación Expresando nuestros sentimientos, empatizando con sus emociones, necesidades, creencias, peticiones, de manera respetuosa sin culpas, vergüenza, juicios ni críticas. Al proveer comunicación verbal y no verbal honramos su persona completa. 7) Fortaleza No te dejes engañar por la crítica de los demás, la Crianza Consciente requiere de mucha, mucha fortaleza. Es mucho más fácil aventar gritos y golpes, echar culpas y hacer a los demás responsables de nuestras emociones. Pero nosotros hemos elegido otro camino. Toma mucha fuerza responder con empatía y modelar la regulación emocional que queremos que nuestros hijos desarrollen Toma mucha fortaleza reconocer nuestro miedo y nuestro dolor y trabajar en ella para ya no heredarla. Toma mucha fortaleza soltar el control y abrir espacio para la compasión. Así que, cada vez que no sepas qué hacer o cómo hablarle a tus hijos, sé gentil. Nunca hay error ahí. No podemos ser perfectos todo el tiempo, pero siempre podemos practicar para ser más amorosos.

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¿Cómo manejar los temas difíciles con los niños?

¿Cómo manejar los temas difíciles con los niños? En esta era, en la que nos llegan miles de noticias a la palma de nuestras manos… noticias que los niños no deberían enterarse… y, obviamente, se enteran… y, obviamente, nos hacen preguntas… Hay veces ya no sabemos cómo explicárselos, muchas veces porque nosotros mismos tampoco lo podemos comprender. ¿Qué podemos hacer? Bueno, depende del tema y también de la edad del niño. Pero a grandes rasgos es importante cubrir estos 5 puntos: 1) No mentirle Eso es lo que se hacía en generaciones anteriores, “si tu tío y tu tía, si se casaron, tu no fuiste a la boda porque… porque… bueno… pero sí están casados bajo la iglesia y no viven en pecado… y ¡ya vete a jugar!” No. ¡Por favor! Los niños son muy inteligentes y es mejor que, bajo nuestra guía, lleguen a las consecuencias correctas (y no que se inventen un mundo de locuras tratando de entender). “Si, tus tíos viven juntos, no fuiste a su boda porque no hubo, ellos decidieron no casarse y así esta bien.” O… “Si, hay hombres que se enamoran de hombres (o mujeres de mujeres) y es normal.” O… “Si, hay todo un problema por el calentamiento global, por eso no usamos tanto el coche y nos vamos caminando al cole.” O… “Si, hay guerra en otras partes del mundo y a mi también me angustia horrible.” 2) Validar Las emociones, la situación, los posibles efectos secundarios y consecuencias… “Estamos super tristes / preocupados / consternados / angustiados… ¿Cómo te sientes tu?” 3) Investigar Junto con ellos, en diferentes fuentes fidedignas con el objetivo de obtener más información, hacer comparativos y analizar para generar un criterio amplio y pensamiento analítico. “Aquí dice que (x), en esta otra cuenta dice que (w)… ¿tú qué opinas?” Finalmente hay muchas cosas cuyas verdades jamás vamos a conocer (ej: el origen del Covid…) lo que finalmente importa es cómo nos afecta a nosotros y qué podemos hacer al respecto. 4) Hacerlos sentir seguros “Papá y mamá te estamos cuidando, estás en un espacio seguro y perteneces a una familia que te ama. Estamos tratando de hacer de este un mundo mejor y evitar que algo nos pase.” 5) Pregunta “¿A ti qué se te ocurre?¿Cómo lo solucionarías?” Esto sirve para eliminar la impotencia y la desesperación.  Si te dice soluciones totalmente fantasiosas, se vale. Entre más locas ¡mejor! Eso lo va a empoderar y a sentir que puede con lo que sea. Antes de responder a sus dudas, piensa bien qué y cómo se lo vas a decir. Piensa bien a cuál conclusión quieres que tu hijo llegue. ¿Hay armonía? ¿Hay respeto? ¿Inclusión? ¿Provee paz? Los temas difíciles se manejan con apertura, con naturalidad, con ética y con un lenguaje sencillo para que los niños lo entiendan. Lo más importante es generar la apertura al diálogo para que sigan preguntándonos a nosotros –y no a sus ¡amigotes!

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¿Los castigos hacen madurar a los niños?

Los métodos tradicionales de disciplina nunca han hecho a nadie más maduro. De hecho los castigos, regaños, amenazas, insultos, etc. es lo que hacemos para compensar a la inmadurez. Habemos muchos adultos que fuimos disciplinados, claro que sí. Pero eso no necesariamente nos hizo aprender de nuestros errores, ni a hacer lo correcto. Tras años de investigaciones, se ha demostrado que la parentalidad no debe tener nada con el control ni con empujarlos a ser lo que todavía no pueden ser, ni ha hacerlos sentir lo que no sienten. De hecho, por más corajes que hagamos nosotros, no hay manera de controlar cómo se sienten, por ejemplo, durante un berrinche o una decepción.  La idea errónea de que la parentalidad es corregir el comportamiento, enseñarle a los niños cómo actuar y qué decir, desvía completamente la naturaleza del desarrollo humano. De la misma manera que no puedes enseñarle a una semilla de higo, crecer hasta ser una higuera, nosotros no podemos controlar su crecimiento ni su destino. Soltar la idea de controlar a los hijos te puede ser muy difícil especialmente si te da una sensación de seguridad. Controlar el desarrollo de los niños –cambiarlo o acelerarlo– nunca ha sido nuestro trabajo. Debemos dejar de empujar a los hijos hacia su independencia, creyendo que una “disciplina correcta” los llevará ahí. No somos entrenadores. En realidad, nuestro trabajo es casi como el de un jardinero; es solo dar las condiciones adecuadas para que esa semilla crezca hacia lo que debe ser. Lo único que sí podemos hacer en cuanto a las emociones es: – Ayudarles a nombrarlas y enseñarles a trascenderlas.  Lo único que sí podemos hacer en cuanto a su comportamiento es: – Hacerlos pensar hacia una mejor toma de decisiones.  – Aprender de sus errores a base de la narración de los eventos.  – Ayudarlos a ver otras opiniones y puntos de vista.  – A pensar en los demás.  – Y en si mismos también. – A gozar de los momentos simples. – A seguir su brújula interna. – A ser resilentes cuando la vida los tumba. Les servimos mejor a nuestros hijos si nos concentramos en fortaleces su relación con nosotros, relaciones amorosas que los aterrizan en esta vida, una base segura, un lugar en donde acurrucarse cuando el mundo es demasiado hiriente. Nuestro trabajo “solamente” (y lo pongo entre comillado porque es más complejo de lo que parece) es ser su Apego Seguro, haciéndoles saber que cuentan con nosotros en las buenas, malas, volteadas y volteretas.  Siempre. Y es con esa compañía constante y amorosa que, sí, pone limites y llama la atención cuando es necesario, que ellos, poco a poco, día con día, año con año, van madurando. Recuerda, el cerebro de nuestros hijos madurará hasta los 25 años… así que ¡toma aire y disfrútalo!

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¿Porque NO esta bien dejar a los niños llorando solos?

¿Porqué NO esta bien dejar a los niños llorando solos? Los padres, madres, terapeutas, psicólogos… tenemos una enorme responsabilidad con el cerebro de los niños. Dependiendo de nuestro trato, su cerebro se desarrolla de una u otra forma. Los ríos neuronales se conectan de manera distinta; dicho con otras palabras, si nosotros gritamos, golpeamos, insultamos, amenazamos a los niños, o los dejamos llorando solos, su cerebro –físicamente– se deforma. Hay papás que me dicen, “Pero si yo nunca le he pegado… le grito hasta de lo que se va a morir, pero golpeado, jamás.” Bueno… Para el cerebro de tu hijo, es lo mismo. El dolor físico y el dolor emocional activan exactamente las mismas partes en el cerebro. ¿Esto que significa?  Que para el niño, es exactamente lo mismo una cachetada que un insulto. Es lo mismo una golpiza de 20 minutos que dejarlos llorar solos durante 20 minutos. Un niño que vive rechazo o aislamiento social (“Vete a tu cuarto y no puedes salir de ahí hasta que te calmes…”) se activa la parte simpática del sistema nervioso, es decir el Modo Sobrevivencia.  Esto libera a las hormonas de estrés y esto puede iniciar una respuesta inflamatoria en el cuerpo. Si están atorados mucho tiempo en este estado, se empiezan a presentar daños en el sistema ejecutivo del cerebro y la memoria. Y eso nos lleva a mal formaciones cerebrales, daños como enfermedades físicas y emocionales como la ansiedad y la depresión. Otra consecuencia es que los niños se empiezan a aislar de la familia o amigos porque la conexión humana es demasiado dolorosa para ellos. Los chancletazos nos pueden romper los huesos, pero las palabras y el aislamiento, son igual de dañinas para su psique, su auto-estima, su cerebro, su sistema de creencias, su cuerpo, su corazón… su vida. Solo tenemos una oportunidad para ser buenos papás y mamás. Piensa muy bien qué vas a hacer.

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¿Qué hacer cuando no podemos controlar a los hijos?

8 de la noche, la casa toda tirada, los niños siguen vueltos locos, no han terminado su tarea, ni se han bañado, mañana hay clases, y todavía falta merendar. Ese es un momento en que quisiéramos que tuvieran un botón y pudiéramos controlar a los hijos. Podemos coercionarlos, manipularlos, amenazarlos, gritarles o avergonzarlos para tratar de que hagan lo que nosotros deseamos, pero aún así NO hay garantía de que lo vayan a hacer. A veces hasta nos gritan, “¡No quiero! ¡Y no puedes obligarme!” Haciéndonos retorcer como lombriz en limón, ante una dura realidad. Es totalmente cierto: no podemos meternos a su cuerpo y hacer que recojan sus juguetes. No hay manera. Por más que quisiéramos. No podemos controlar a nuestros hijos de la misma manera que no podemos controlar el clima. Nuestro poder TAMPOCO esta en discutir, defender o entrar a las batallas de poder tratando de controlar la situación o a ellos, de la misma manera que no podemos controlar a una nube llena de agua a punto de explotar en lluvia. ¿Dónde se encuentra nuestro único poder? Nuestro poder SOLO se encuentra en lo que si podemos controlar. ¿Eso qué es? Nosotros mismos. Nuestro comportamiento. Nuestro auto-control. Qué decimos y cómo lo decimos. Cuando la nube (el hijo) explota, nosotros podemos buscar refugio o salir a bailar en la lluvia. Podemos refugiarnos y permanecer tranquilos hasta que la tormenta pase para después salir a jugar con los charcos. La decisión es totalmente nuestra y ahí sí tenemos injerencia.  Cuando los niños explotan podemos unirnos a su caos o ser conscientes y aplicar la Co-Regulación. Por eso digo que el auto-cuidado es primordial en la parentalidad. Si nosotros estamos bien, podemos ser una base segura ante la explosión emocional y falta de auto-control de los niños. Recuerda que: Los niños deben de retar nuestros límites. Nuestro trabajo es ponerlos de manera firme, amable y consistentemente. Si ellos no están de acuerdo debemos dar espacio a la expresión. Es totalmente válido. A veces, podemos negociar. A veces, no. Pero nosotros no debemos ni intentar controlarlos ni perder el auto–control. El área prefrontal del cerebro o Cerebro Superior de un niño, todavía no esta desarrollado (esto se logra hasta los 25 años… a veces). Esto implica que habrá muchos retos en la regulación emocional y el control de los impulsos, el pensar, el analizar, el planificar y el resolver problemas. La responsabilidad de nuestras acciones y palabras cae en nosotros, no en los hijos. Por las dos razones previamente mencionadas; una, no los podemos controlar y dos, su cerebro no esta maduro. En situaciones como la anterior ¿qué podríamos hacer? Bueno… lo primero sería entender qué fue lo que salió mal para prevenir y evitar que sean así todas las noches. Y ¿esa noche? El sueño es de vital importancia porque si no al día siguiente van a andar de mal humor y con muy poca disposición para cooperar. Entonces, primero, permanece tranquila, no es culpa de nadie. Segundo, prepara una cena rápida y mete a los niños a la cama lo más pronto posible. Todo lo demás, puede esperar.

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Las Personas Altamente Sensibles, no miran, escanean.

Los Niños Altamente Sensibles, no miran, escanean. Cuando yo era chica, escaneaba a las personas, de renglón en renglón. Especialmente su rostro. Analizaba profundamente sus ojos, sus líneas de expresión, si su risa era honesta o no, si podía confiar en ella o no.  Con solo observar, entendía perfectamente a ese Ser Humano frente a mi. Claro que, con los años y las malas opiniones de los demás,  –“Estas loca”, “Tu y tus malas percepciones”, “No es posible conocer a una persona con solo mirarla”, “Estás mal”, etc– y la incomodidad del observado (**suspiro**) …dejé de hacerlo. Claro que ahora, no reconozco a nadie. Obviamente. Por respeto al observado dejé de mirarlo y ahora, si me los encuentro en otro contexto, no tengo ni la menor idea de quién sea.  Hace unos años, cuando daba clases de yoga, se apareció una chica sin maquillaje, cabello marrón y una muy mala actitud (su hermana la llevó a fuerzas). Tiempo después me la encontré en una boda con muchísimo maquillaje, cabello rubio y toda la actitud de “véanme, ya llegué”. Me saludó y me quedé completa y absolutamente confundida… “¿…tú eres…? ¿…y porqué crees que me conoces…?” Puedo reconocer a los actores en diferentes películas, con diferentes maquillajes y ropa de época, porque ahí tengo toooodo el tiempo del mundo para observar todos los detalles de su rostro, pero, a la mamá del cole de mi hijo, mejor ni la veo no se vaya a sentir observada / escaneada. El caso es que, justo hace una semana platicaba con una señora que vende productos para la belleza y acaba de descubrir que es Altamente Sensible. Le decía que puede utilizar su super don para escanear a las personas, su piel y ofrecer los productos que le servirán mejor. Ella terminó la conversación conmigo super entusiasmada y feliz. Esto de la Alta Sensibilidad es un super poder, sabiéndolo utilizar… ¡en el contexto adecuado!

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¿Cómo evitar criar niños malagradecidos?

¿Qué decir cuando tu hijo se queja? Es horrible, nosotros estamos haciendo mil cosas para darles gusto a los niños, cubriendo sus necesidades de la mejor forma, y que no salgan con un “¡Ash! Yo así no lo quería”. “¡Ash! No me gusta.” “¡Ash…!”  Sí dan ganas de ahorcarlos. Sí se nos tuerce la tripa. Sí sentimos toda la frustración de la galaxia entera. Es horrible. Te entiendo. Yo me desvivo en la cocina y a ese niño Altamente Sensible, no le gusta nada. Y cada vez, cada día, cada comida, se me retuerce el hígado de ida y vuelta.  No estás sola. Pero, yéndonos más profundamente, lo que más miedo nos da es que se vuelvan mal agradecidos. Que no valoren todo lo que sí tienen y no sabemos cómo revertir eso, ¿cierto? Aquí hay tres ejemplos de lo que sí les podemos decir. 1) Cuando tu hija se queja: “Ash, solo pude jugar una hora hoy.” Tú le puedes decir, “Si, te entiendo. Tu querías jugar mucho más tiempo. Es super lindo que hayamos tenido el tiempo para jugar hoy, ¿no crees?” 2) Cuando tu hija se queja: “Ash, yo quería otro juguete, no este.” Tú le puedes decir, “Lo sé, cariño. También estoy pensando que este juguete es genial para lo que queremos jugar ahorita, ¿verdad?” 3) Cuando tu hijo se queja: “Ash, ¡no quiero eso para comer!” Tú le puedes decir, “Gracias por decirlo. Es buenísimo que tengamos comida para elegir, ¿no lo crees?” Lo interesante es que no estás desechando sus emociones, ni invalidando sus deseos, ni siendo sarcástico o metiendo ideas crueles en su cabeza. Solamente estas girando un poco el punto e vista. Si te fijas la primer frase, valida. “Lo sé, cariño”, “Te entiendo”, “Gracias por tu opinión”. Al validar lo que hacemos es reconocer que su punto de vista y decirle que sus opiniones son válidas y respetables. La segunda muestra otra realidad para estar agradecidos. Es buscar lo lindo, es mostrar aquello que sí tenemos. Muchas veces, cuando otra persona nos hace ver, “No sabes lo afortunada que eres al tener (x)” empezamos a valorar más, ¿cierto? Aquí estamos haciendo lo mismo, mostrando el otro lado de la moneda. Y es con esa voltereta que enseñamos a los niños a ver las situaciones de la vida desde otros puntos de vista. Estaremos generando adultos con un criterio amplio. ¡Qué maravilla!

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¿Qué hacer con los niños mentirosos?

La Universidad de Waterloo, observó a niños en sus propias casas y descubrieron que el 96% de ellos, mienten, en algún momento. Según este estudio: Niños de 4 años mienten, en promedio, cada dos horas. Niños de 6 años, cada hora. Y los adultos mienten 1 o 2 veces al día. ¿Porqué mienten los niños? Depende mucho de la edad.  Niños pequeños mienten por: – fantasía, no conocen la linea que divide la realidad de la fantasía. – dicen lo que desean que les hubiera pasado – intentan que sus necesidades sean cubiertas o buscan sentirse emocionalmente a salvo Niños más grandecitos, mienten por que: – les da miedo meterse en problemas – quieren hacer la historia más emocionante – no quieren lastimar los sentimientos de alguien – hay una necesidad que no esta siendo cubierta – sienten que algo no es justo – pleitos entre hermanos ¿Qué podemos hacer? Primero que nada, a nosotros nos toca entender que su cerebro todavía esta en desarrollo. Castigarlos no tiene ningún sentido, porque el problema de raíz no es malo, ni patológico ni nada de que preocuparse todavía. Es importante explicar la diferencia entre los hechos y la fantasía, lo correcto y lo incorrecto, pero lo más importante es crear un espacio seguro y tranquilo para que ellos se sientan con la confianza de decir la verdad –su verdad, su perspectiva, su versión de la situación. Pequeñas mentirillas blancas, como exagerar, pueden ser ignoradas. En realidad no lastiman a nadie y el niño solo quiere ser visto. Cuando las mentiras implican un poco más que la simple fantasía, es importante empezar a distinguir el cuento de la realidad. Le puedes decir algo así: “En nuestra familia decimos la verdad, ¿quieres volver a intentar contar tu narración?” O “¿Eso pasó de verdad o es una historia?” Cuando las mentiras vienen del miedo a meterse en problemas, recibir un castigo o un regaño, podemos decir algo así: “Mmmh, eso no suena bien a mi, me gustaría que fueras honesto. Prometo que no te meterás en problemas si me dices la verdad.” En los niños, decir mentiras es normal, pero es nuestro trabajo: 1) Ponernos el traje de detectives y entender bien por qué lo están haciendo y hacer los cambios correspondientes.  2) Reforzar la honestidad como un valor de nuestra familia.  3) Acercarnos más a ellos.  Recuerda que el Apego Seguro es lo más importante. Definitivamente, preferimos que nos digan la verdad y que se acerquen a nosotros, ahorita en las pequeñas cosas si… y, cuando sean adolescentes, con temas más importantes e íntimos también. Pero no nos contarán nada si saben que los castigaremos. En este sentido, el castigo es negociable. La verdad y el Apego, no. Explícales que la honestidad es un principio No Negociable. Que decir la verdad en nuestra familia es Muy Importante y, como siempre, asegúrate de ser un buen modelo a seguir… y no seas de los adultos que mienten 1 o 2 veces al día. Ellos se dan cuenta ¡de todo!

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Mejor ya no hay que ir de compras

Las Personas Altamente Sensibles tenemos un cerebro con un cableado diferente orientado hacia la sobrevivencia. Estoy segura –aunque no tengo pruebas– de que cuando empezaron a aventar la basura al mar, un HSP dijo, “…pero esa es una muy mala idea, ¿qué vamos a hacer cuando el mar se llene de basura?” …y el otro 80% se rieron de él. Bueno… hubieran escuchado. El fin de semana pasado estaba con mi hijo en el centro comercial… gracias a una amiga conocedora del tema, ahora sé que el 99.99% de la ropa que traen a mi país, o contamina al planeta (con las telas, los tintes y el desperdicio de tela), o no le pagan bien a sus trabajadores (incluso hay trata y abuso detrás de la ropa más fina y cara… y de la barata también) o son crueles con los animales (los productos de piel como las bolsas, los zapatos, etc.). Y que cada centavo que gastemos en esas empresas es apoyar a esa mal praxis.  Ese día le tenía que comprar algo a mi hijo y me sentía fatal entrando a las tiendas de moda rápida que son las peores de todas. Caminamos todo el centro comercial y no encontramos lo que necesitábamos. Luego fuimos al restaurante que mi hijo felizmente eligió, una cadena trasnacional, que estoy segura que no usa comida orgánica, ni vacas felices, ni pan de masa madre. Sino todo lo contrario. Pedí un pescado con brócoli al vapor –si, también me sentí culpable por ser tan cruel con mi paladar, pero era lo único amigable con mi talla de ropa. Luego nos subimos a mi coche que usa gasolina, sobre una calle de asfalto cero amigable con… nada ni nadie.  Como no encontramos lo que necesitamos, me metí a comprar sus camisas en linea en una tienda orgánica, de algodón orgánico, los precios estaban bastante decentes… claro que, me los van a enviar por paquetería y eso es gasolina y contaminación y blah, blah… Días como aquel, me hacen reflexionar cómo es que hemos hecho todo mal, como humanidad. Me hacen sentir con culpa todo el tiempo, he dejado de disfrutar las cosas y las experiencias… y tampoco esta bien. Tal es mi crisis que quiero cambiar al mundo, pero no sé cómo empezar. Y, honestamente, no me toca. Al menos no a mi sola. Necesito de tu apoyo para empezar a hacer un cambio significativo.  ¿Qué sí podemos hacer? Cada decisión que tomamos es un indicativo para las grandes empresas. Si apoyamos a tiendas sustentables, responsables a nivel social y ecológico, y también, conscientes con los animalitos… cada dólar que gasto, es una flecha de “por aquí”.  Hace años la yoga no existía en este lado del planeta y ahora es una industria millonaria, porque la gente lo pidió. Lo mismo sucede con la comida orgánica y de comercio justo. Y ahora el movimiento hacia la ropa sustentable y de salarios justos viene con mucha fuerza. Nosotros, las Personas Altamente Sensibles, claro que por empatía solemos voltear la cara al otro lado porque nos duele. Voy de acuerdo, no veamos los videos, no necesitamos hacerlo. Ya con saber lo que sucede, se nos revuelve la panza. Al mismo tiempo, estamos programados para la sobrevivencia. Hagamos consciencia de ello y, te invito a programar acciones y gastos hacia las empresas que hacen un esfuerzo extra para salvarnos como especie y como planeta. Comercios locales que luchan no solo por salir adelante, sino también por aportar su granito de arena hacia un mundo mejor. Claro, no siempre se puede o no en totalidad. También hay momentos en que debemos soltar y ni modo. Al mismo tiempo, haciendo este esfuerzo, iremos cambiando las cosas poco a poco. Vivir en consciencia no hace nuestra vida diaria más fácil. Pero el saber que apoyas el lado correcto de la balanza, que aportas hacia la vida, vale la pena el esfuerzo extra… y podremos dormir con la consciencia más tranquila de darle un mundo mejor a nuestros hijos y nietos.

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Mi hijo «Llora de la Nada»

Cuando los niños lloran aparentemente “de la nada” El miércoles llegó mi hijo llorando, peleando que necesitaba ayuda con su tarea. Era matemáticas y puede hacerla con mucha facilidad (eso definitivamente ¡no lo heredó de mi!), sin embargo ese día, no daba una. Las cosas más simples se le atoraban en la cabeza y yo le decía, “…pero si tú ¡ya lo sabes!”. Nos costó un poco de trabajo saber a qué se debía tanto pleito y tanta desesperación hasta que él dijo, “El problema es que es hoy. ¡Hoy no puedo hacerla!” Lo acompañé, lo ayudé a pensar, hicimos la tarea juntos –yo no hice nada, en realidad sólo le hice las preguntas para que él lo resolviera. Parecía que habíamos pasado la tormenta. Peeeeero… al rato se apareció con otro pretexto para llorar. Después de escucharlo… (suspiro)… me dijo argumentos largos y razones que no venían al caso, le pregunté, “¿Tuviste un día difícil en la escuela?” “No.” respondió extrañado ante mi pregunta. “Okey, entonces eso no fue,” pensé. Decidimos no ir a la natación, decidimos quedarnos en casa a jugar, a construir bloques y hacer una batalla épica de buenos contra malos. Un rato después, me cayó el veinte. ¡PLIN! ¡Cambió el horario el domingo!… (que, en realidad me parece un crimen… ¿Cuántos artículos he escrito sobre mi odio al cambio de horario?) … el lunes los niños –todos– llegaron tarde al cole. Mi hijo anduvo como en cámara lenta toda la tarde. El martes traía dolor de cabeza, y yo lo forcé a ir a su terapia (para la dislexia) porque no puedo cancelar sin previo aviso. Y, como cereza del pastel, el miércoles que fue el primer día que se levantó de noche para llegar a tiempo, las funciones ejecutivas de su cerebro estaban en corto circuito. Y, como cereza en el pastel, el jueves amaneció mal de su pancita. Y ya decidí no llevarlo al cole y tener un día de pijama, juego y siestas. Es decir, Cuatro días después del cambio de horario seguíamos teniendo efectos secundarios…  1) lento 2) dolor de cabeza 3) funciones ejecutivas neuronales en huelga 4) diarrea Y en todos los días, necesitaba encontrar razones para llorar, gritar, pelear y desahogar su Sistema Nervioso Central.  Este es solo un ejemplo de cómo funcionamos las Personas Altamente Sensibles. Algo que sucedió hace tres o cuatro días (o, en algunos casos, semanas) nos sigue trayendo efectos secundarios. Especialmente si no hacemos caso o no tomamos medidas preventivas. Posiblemente me hubiera ahorrado todo lo de esa semana si no lo hubiera forzado a hacer sus “obligaciones”. Muchas veces suponemos que con dormir en la noche es suficiente… y no lo es. Esto del cambio de horario es solo un ejemplo, lo del llanto de «la nada» es un indicativo de que algo no esta bien, que se sobresaturó y que hay necesidades importantes por cubrir. Es necesario permitir que se exprese, que llore y que se desahogue. El reto es,  – tener la paciencia para aguantar la tormenta emocional – echarnos el viaje hacia atrás y encontrar la razón – dar el apoyo y la contención que necesitan para el desbordamiento – hablar con ellos, validando y apoyando – y, para la próxima –si es posible– tomar medidas preventivas. “Esto del cambio de horario nos afecta un montón, vamos a dormirnos temprano para que no te afecte tanto mañana, ¿te parece bien?” O «Pasamos demasiado tiempo en la fiesta y estás saturado. Ven, vámonos a casa a un espacio tranquilo. Mientras manejo ¿quieres música o no?» O «Ha sido una semana pesada. Pasaron muchas cosas y traemos las emociones por todos lados. ¿Necesitas llorar? Aquí te acompaño.» Es decir, validamos la experiencia y redirigimos con posibles soluciones.

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Unas micro-vacaciones

Son los detalles lo que hacen la diferencia. Sentía que le estaba haciendo trampa a la vida. Como cuando vas a hacer algo súper travieso a las espaldas de mamá y estás esperando que no te voltee a ver justo a media movida. Así. Mi papá me llamó “loca” toda mi vida. Bueno, pues puedo usar esa “locura” para buenas ideas. Contexto #1 Mi esposo se fue de viaje de negocios. Me había estado tentando con la idea de acompañarlo y a la mera hora no se pudo. Yo me quedé con el ññggghhhñññ atorado en la garganta. Contexto #2 Tengo un miedo irracional a perderme. Siento que desvanezco en el aire. Cada vez que me extravío en la calle entro en pánico, sudo frio, hiperventilo y… me pongo muy muy mal. Ya lo estoy trabajando. Pero, en el mientras, no me siento cómoda como para agarrar mi coche y tomar carretera. Además tenemos 39,485,293 cosas que hacer y no podía irme mucho tiempo. Contexto #3 Yo quería eso: la experiencia de hotel. El aroma del hotel. Dejar de cocinar. El pedir Servicio a Cuartos, un Club Sandwich y ver una película equis que estén pasando en un canal equis. Levantarnos tarde, Sin la angustia de “el perro tiene hambre, pis, tengo ropa que doblar y platos que lavar y guardar”. Jugar y jugar y jugar con mi hijo. Sin ningún tipo de interrupción. Tiempo de Re–Conexión sin prisas ni culpas. Alberca. Crema para sol. Toallas que no me toquen lavar a mi. Camas que no me toquen tender a mi. Resolución Tomé mi coche, mi niño, dos pequeñas maletas con trajes de baño y nos hospede en un hotel local. Si. En medio de mi ciudad.  Aaaaaahhhhhhh….  (Te lo súper recomiendo… ¡En serio!) Una mini–escapada. Una noche. Una súper adaptación a las circunstancias que sí son reales. Fue Lo Máximo. Mi hijo fue El Más Feliz (con ganas de más, obviamente). Una noche después de todo lo anterior, salimos súper relajados, llenos de endorfinas, oxitocina y puras cosas buenas, sanas y lindas. Con la enorme ventaja de que el viaje de regreso no nos agotó –porque típico, el avión, el relajo, el aeropuerto, la desvelada… regresas a casa tan estresado y cansado que necesitas otras vacaciones. Lo más curioso fue que después de todo, empecé a ver a mi ciudad de una manera diferente. Los árboles, los pajaritos, las calles… todo cambió para mi: sí me puedo relajar en mi propia ciudad. Finalmente, solo tenemos el momento presente. Los niños crecen demasiado rápido. Solo tenemos una oportunidad. ¡Hay que aprovecharla!

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¿Qué hacer cuando los hijos están tristes?

Es importante permitir que – durante el tiempo correspondiente – vivan la tristeza. Cuando tratamos de distraerlos, componer la situación o prevenir su tristeza, no funciona. Generalmente resulta en un berrinche cuatro veces mayor, o en un “misterioso” aumento de sus alergias o dolores de pancita. ¿Qué si podemos hacer? En lugar de distraer: “No llores, no pasa nada. ¿Te parece bien si vamos por un helado, para que ya no llores?” Mejor, muestra empatía: “Sé que esto es súper difícil para ti. Estoy aquí si me necesitas.” En lugar de alejarlo porque su tristeza te hace sentir incómoda: “Ve a tu habitación y cuando dejes de llorar, vienes.” Mejor normaliza a la tristeza: “Esta bien sentirse triste. Todos la sentimos a veces.” En lugar de ser positivo tóxico: “Mejor, piensa en algo feliz.” Mejor sugiere una estrategia para trascenderla: “¿Quieres hablar o escribir sobre lo que sientes?” En lugar de hacerlo sentir roto: “¡Ay ya! ¡Deja de llorar! ¿Qué te pasa?” Mejor escúchalo: “Aquí estoy para ti si quieres hablar o si necesitas un abrazo.” Cuando empujamos los sentimientos incómodos a un lado, enseñamos a los niños a: – embotellar sus sentimientos lo que resulta en explosiones intensas después. – prevenir aprendizaje emocional – detener la sanación emocional – enfermarse físicamente En cambio cuando abrazamos sus emociones tal y como vienen, enseñamos a los niños a: – auto-calmarse – levantarse – salir adelante de heridas físicas y emocionales – resilencia y entereza Las emociones vienen y, si se lo permitimos, se van. A veces puede ser tan rápido como 3 minutos. Pero la única forma en que se vayan es a través de sentirlas. Es como si fueran un mensajero que no se retira hasta haber dejado su recado. Si no le hacemos caso, se quedará ahí “Hey, tú, oye, escucha, tengo algo que decirte, hey, hazme caso, oye, mírame…”  Debemos enseñarle a nuestros hijos a quedarse ahí, escuchando. Sí, duele. Pero sólo unos momentos. Una vez entregado el mensaje, se va. Se trasciende. Y evoluciona. ¿Sientes que eso hace nuestro trabajo de padres más difícil? Bueno… yo mejor pienso que lo hace más completo. En donde estamos forjando a personas completas e íntegras.

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¿Porqué es importante permitir que los hijos vivan las consecuencias de sus acciones?

¿Porqué es importante permitir que los hijos vivan las consecuencias de sus acciones? Si se le olvida el lunch, permitir que pase hambre. Si se le olvida el suéter, permitir que pase frío. Si se le olvida hacer la tarea, permitir que la maestra la regañe. Si decide pasarse un semáforo en rojo, permitir que ella pague los daños con su dinero. ¿Para qué? Para que piense cómo se va a sacar del lío. Para que se aprenda a parar en sus dos pies. Para que sepa que su vida la va a vivir ella. Y nadie más. Para que sepa que las consecuencias de sus acciones son de ella. Y de nadie más. Para que se la piense bien antes de cometer una burrada. Para que sepa que sí puede.  Para que sea resilente, responsable, íntegra, fuerte. Para que salga adelante con la frente en alto. La vida es mucho más dura de lo que somos nosotros. Permite que ensaye en un espacio seguro cómo es eso de caer y volverse a levantar. Para que cuando la vida la tumbe, porque la tumbará más de una vez, que ella sepa que siempre se puede volver a levantar. Abrir las puertas de las consecuencias naturales, en realidad, es un acto de amor.

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¿Porqué los hijos insisten tanto?

¿Porqué los hijos insisten tantas veces? Básicamente, están conociendo nuestro estilo de parentalidad. Cuando somos Autoritarios,  los niños descubren que en todo hay limites y que NO SE MUEVEN. Aunque sea una emergencia, aunque duela, aunque llore… No.Se.Mueven. Los niños aprenden eso. Y rápido, dejan de intentarlo. La pared es tan grande que se dan por vencidos. Cuando somos Permisivos, los niños descubren que los limites NO EXISTEN. Aunque sea malo, incorrecto, indebido y dañino para ellos y/o los demás. Los niños aprenden también que, no vale la pena. Todo se da fácil y rápido. Pagan un precio en la creatividad, la iniciativa, la paciencia… se dedican a estirar la mano y ya. Cuando somos Ausentes, los niños se sienten invisibles y buscan por donde sea –literal– un espacio, una familia con quien pertenecer, ser vistos y valorados. Así sea una pandilla,  una secta… o cualquier otra relación tóxica. Finalmente no importa, porque “yo no valgo nada”. Cuando somos Autoritativos, los niños aprenden que su voz vale y la ejercen ¡vaya que si! Aprenden que sus emociones son reales y hay que gestionarlas. Aprenden que sus anhelos y sus metas son alcanzables, que sus relaciones de familia y amigos son respetuosas y reales. Entienden que su corazón y felicidad es Lo Más Importante. Pero mientras llegan a estas conclusiones, mientras entienden nuestro tipo de parentalidad, van a estar haciendo un montón de pruebas. “…y si le digo esto a mamá?” “No… mala idea…” “…y si mejor hago esto otro…?” “Mmmh… no funcionó como yo quería…” “¿…y si repruebo matemáticas?” “Oh, cielos ¡eso fue una idea fatal!” “¿…y si…?” Casi como carritos chocones. Y mientras nosotros con la cabeza apunto de estallar, “¡Cuántas veces te tengo que decir que nooooo, que no puedes comer 50 galletas!” “¡Cuántas veces te he pedido que eches tu ropa sucia al cesto?” “¿De verdad crees que te llevaré al cine con tus amigos si no haz hecho tus deberes?” “Puedo entender tu punto de vista, esta bien si estás enojado, mi respuesta sigue siendo ’no’.” “¿Cuántas veces he respondido a tu pregunta? ¿Y qué crees que te diré otra vez?” “Tienes (x) problema, ¿cómo lo vas a resolver? ¡Yo no lo voy a hacer por ti! Tú te metiste en esta. Sé que tienes la capacidad para sacarte adelante. Aquí estoy para acompañarte y apoyarte así que dime, ¿cuáles ideas tienes?” Su insistencia es Mucha. Porque están buscando, sí apoyo, sí ayuda, sí una manera de entender esto que se llama vida. Y nosotros debemos de enseñarles cómo se juega. Nuestra firmeza, basada en principios éticos, debe ser igual de firme. No se trata de imponer reglas inamovibles. Ni de ser crueles. Ni de gritar. Ni de perder la paciencia. Sino de entender quién es nuestro hijo, qué tipo de parentalidad ejercemos y cómo le ayudará esto para salir adelante en la vida. Porque ese es nuestro trabajo: los estamos preparando para la vida. Y la vida tiene consecuencias. Y nos enseña que no siempre podemos tener lo que queremos. Y eso duele. Y nos frustra. Y nos podemos quedar tirados. O nos podemos levantar. Es importante ser firmes en lo No Negociable para enseñarles a ser resilentes y salir adelante a pesar de lo que no nos gusta. Y si eso implica repetir lo mismo 59 veces… bueno, pues ¡lo hacemos! Recuerda que tu hijo no es una mala persona. Esta aprendiendo. Y nuestro trabajo es encauzar toda esa fortaleza e inteligencia que tienen hacia una meta más grande.

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¿Porqué solemos agacharnos ante los demás?

Reflexiones tras una sesión de fotos Era obligatorio: todas debíamos ir. Así que…pues… fui.Cara lavada, zapatos planos y cómodos, ropa deportiva… ¡mis fachas habituales! En cuanto me sentaron en la silla, me sentí incómoda ante la cercanía de la maquillista.“¿Cómo quiere su maquillaje?”“Natural, por favor. “ ¡Claro! Soy Altamente sensible, “puedes ponerme UNA capa de maquillaje delgadita pero que no se note,” le dije. Empecé a escuchar un “ggghhh ghhhh gggghhh… ““¡Ey! ¡Espera un segundo!! ¡¡¡¿¿¿Me estás rasurando las cejassss???!!!” “Nunca en la vida me habían hecho semejante atrocidad”, pensé eso antes de saber que me iban a poner pestañas postizas. ¿Qué? ¿Queeé?“¡¡¿Oye pero ese pegamento se quitaaa?!!”¡¡Ya entendí por qué las modelos parpadean despacio!! ¡¡No es por sensualidad sino por 8 kilos de peso!!Y por si fuera poco, en los ojos, además de colores muy vivos –naranjas y rosas– me puso brillantina … y todo esto, ¿cómo es natural? Y mientras el jaloneo de la que me estaba peinando. Ya me dolía el cuello. En fin… Cuando me vi en el espejo, No Lo Podía Creer. “¿¿¿Esa soy yoooo???” Y entré en una crisis existencial. Mi mamá toda la vida temió que yo fuera una niña creída, payasa, y negó mi alegría y mi belleza sistemáticamente. Mi mamá siguió todas las reglas de la sociedad. En su libro Regena Thomashauer dice que las mujeres en especial, (los varones también, pero a menor grado) tenemos miedo de hablar sobre nuestros logros y nuestra felicidad por miedo a que los demás no lo puedan tolerar. Hemos sido educadas a ser:HumildesCalladasGenerosasNo egoístasA agacharnos ante los demás. Entonces si algo lindo nos pasa, por evitar el dolor de la otra persona, exponemos todo lo malo “si, me fui a la playa pero hacía un calor horrible”, “si, está guapo mi hijo pero ¡vieras que lata da!”Es como si huyéramos de la felicidad y el placer por la falsa creencia de que esto va a generar rechazo y abandono. En mi caso, con mi mamá así era: rechazo, criticas y, tal vez no abandono, pero si una buena espalda. Si a toda la educación social, le agregamos la Alta Sensibilidad, en la cual sentimos adentro de nosotros la incomodidad de los demás… si una persona normal se agacha, nosotros nos enterramos. Durante muchos años tuve a una amiga que era feliz cuando yo le contaba mis desgracias. Hasta que me di cuenta y dije, «¡Ey! ¡Momento! ¡Esta «amiga» apesta! Creo que merezco a alguien que goce mis éxitos y me acompañe durante mis bajones, no al revés.» Ya no le hablo, por supuesto. El día de la sesión de fotos, cuando me vi en el espejo fue crisis absoluta… no sabía cómo enfrentarlo… no sabia si hablar de ello o no… ¿debería ser humilde? ¿Debería quejarme? ¿Debería abrazarlo? Debería gritarlo al viento “¡mírame! ¡¡Esa soy yoooo!!» Me veía tan distinta que también pensé, «No me van a querer entregar a mi hijo en la escuela, me van a decir, ¡¿usted quién es?!”La pregunta de fondo fue: ¿puedo ser ESA mujer? ¿Me puedo enamorar de esta versión de mi? Las fotos ahí están. Impresionantes. Se ven mis arrugas, mis ojos cansados y tristes tras una sonrisa gigante, me veo atrevida, valiente, rota y vuelto a pegar con chapa de oro… Las quince capas de maquillaje no me disfrazan, sino que resaltan mi viaje. Sip. Esa soy yo. Lo que podría parecer un ejercicio de vanidad, termina siendo un abrazo a mi Ser, a mi trayectoria. Esa mujer que se ha caído de bruces más de una vez y que se ha levantado a base de pura voluntad y necedad. Mi invitación aquí es… queridas guapuras, madres HSP:date el permiso a Ser Esa Mujer: Cabrona, Valiente, Irreductible y Hermosa. ¡Dale este mismo permiso a tus hijos! Rodéate de personas que no solo no te aplasten, sino que festejen tus logros como si fueran propios, que gocen tu felicidad y tu brillo 🔅 La próxima vez que veas una foto tuya date nuevos permisos. Permiso a amarte tal cuál eres… permiso a aceptar tu belleza tal cuál es… permiso a ser tú… permiso a brillar… permiso a amar tu trayectoria, todo lo que te trajo hasta aquí… a ser una mujer chingona… a pararte derecha, alta y sin pedir perdón… permiso para triunfar, a ser sumamente exitosa (lo que sea «éxito» para ti)… y permiso para pintar finger a quien no le guste… Porque ese mujerón que ves ahí, eso eres. Y la vida te ama. TAREA: La próxima vez que veas una foto tuya, pregúntate, “¿puedo ser está chingona mujer?”Siiii!!!!Ya lo eres!!(Con todas tus cejas!)

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¿Cuándo dormirá mi hijo en su habitación?

¿Cuándo dormirá mi hijo en su habitación? La famosísima técnica de dejarlos llorar hasta que aprendan, según Estivill es muy efectiva. Pero Carlos Gonzáles en su libro Bésame Mucho desacredita, punto a punto, sus “beneficios”. Posiblemente en la desesperación y el agotamiento de las desveladas, las ideas absurdas de Estivill nos parezcan más cómodas, pero tu hijo pagará un precio muy alto. Efectivamente, aprenden a dormir solos. De ahí a que sea bueno para ellos, es otra cosa.  ¿Porqué no es bueno para ellos?  Básicamente porque llegan a la conclusión de que, “¿Para qué sigo llorando? No soy lo suficientemente importante como para que alguien venga por mi.” Apagan sus necesidades emocionales y de conexión y, cuando son adultos, tienen problemas con su pareja e hijos pues siguen sin saber cómo conectar ni cómo pedir lo que necesitan. ¡Es más! Ni siquiera se sienten con el derecho de hacerlo pues cuando lo hicieron, nadie les hizo caso. En mi práctica de Coach Parental, te puedo decir que el colecho es uno de los secretos más grandes de las familias, lo siguen practicando a pesar de las recomendaciones del pediatra, psicólogos, maestros y familiares… lo siguen practicando porque intuyen que es lo natural para el cerebro humano. Si me doy cuenta que estoy tocando un tema bastante controversial. Pero… veamos qué nos dice la historia.  Desde el inicio de los tiempos las familias dormían juntas, en la misma cueva. Dejar a los bebés en la cueva de a lado era garantía de que los niños no iban a amanecer tras las huellas del algún depredador hambriento. Seguro. 100% garantizado. Cientos de años después, cuando el humano ya hacía sus casitas, hacían solo un iglú, hacían solo una choza, una teepee … nunca se les ocurrió mandar a los chiquillos a su propio iglú y arriesgarlos a la congelación. Que era segura. 100% garantizada. La idea de enviar a los niños a su habitación es un invento moderno… y como muchos inventos modernos, va en contra de la naturaleza. El cerebro humano esta programado para sobrevivir. Cuando dejamos a un bebé solo, inmediatamente llora. ¿Porqué? Pues por que su cerebro sabe que sin ti, no sobrevive.  No es que te esté “tomando la medida” ni nada de esas cosas que nos dicen las abuelas. Esto es 100% cerebro reptiliano. 100% sobrevivencia. Los niños nos necesitan y su cerebro lo sabe. Si bueno, todo es muy lindo, pero… ¿cuándo se irá a su cuarto? Pues cuando se sienta seguro. Cuando aprenda que en su casa no hay leones. Que se puede dormir tranquilo porque aunque papá y mamá estén en otra habitación, siguen al pendiente de él. Y cuando se sienta lista para irse a su cuarto. Cada niño es diferente. De la misma forma que cada flor florece cuando esta lista. De nada sirve dejarla llorando, gritarle y castigarla para que lo haga antes. Es más, seguramente tras nuestros gritos, se hará toda fea. Los niños Altamente Sensibles, si lo recuerdas, tienen un cableado especial que velará aún más por su sobrevivencia. Por lo tanto sus miedos son aún mayores, sienten más la inseguridad y necesitan más tiempo en el cuarto de sus papás. TIPS PARA INICIAR LA TRANSICIÓN A SU RECÁMARA 1) Decora el cuarto a SU gusto. Que ella decida de qué color quiere las paredes, cuáles muebles, cuál decoración. Si quiere un unicornio pintado en la pared hazlo. Es SU espacio. 2) Váyanse en las tardes a jugar ahí. Que se sienta a salvo en ese espacio. 3) Pongan un sofá para leer ahí Y úsenlo para leer (no como extensión del clóset) 3) Hagan pijamadas  Toda la familia puede dormir en el cuarto del unicornio, los fines de semana por ejemplo. También puede ser con los primos si esta dispuesto a dormir sola con ellos –porque a veces quieren invitar a los primos, pero dejarlos allá solos e irse a dormir con mamá 😉 4) Cuando ya se sienta casi listo, puede intentar dormir con el perro o gato… o todos sus peluches si no tienes mascotas. 5) A veces también funciona que los hermanitos duerman juntos. El mayor y el toddler ya se sienten seguros y acompañados. No te desesperes, el momento llegará. Que ya se siente seguro. O que ya no aguanta los ronquidos de papá. O que ya quiere su espacio. O simplemente por que ya esta listo. También es importante recalcar que cada familia, cada persona, cada hijo es diferente. Es posible que uno se tarde algunos días y el otro, años. Lo que funciona para uno tal vez no te funcione para otro. Lo que buscamos es que se sienta emocionalmente a salvo para poder dormir tranquilo toda la noche. Porque si esta asustado, no podrá dormir bien y andará del peor humor durante el día. A la larga, pues se dañará el apego, que si ya tomaste el curso de Disciplina Sin Lágrimas sabes porqué es Lo Más Importante de nuestro trabajo parental.  En cambio cuando nos esperamos a que se sienta seguro y sólido desde adentro, entonces cuando lo haga ya será desde unos cimientos inquebrantables. La ciencia ha demostrado una y otra vez que los niños necesitan su tiempo para sentirse seguros y que si nosotros estamos ahí para darles tiempo y seguridad, se harán independientes –en su momento– sin dudas ni miedos. L. R. Knost dice, «Los niños no aprenden a ser independientes, se hacen independientes. Y lo hacen naturalmente en su propio tiempo, al igual que cuando gatean y hablan en su propio tiempo. La manera más simple y más efectiva es, irónicamente, atendiendo a las necesidades de apego de los niños. La confianza, el sentirse seguros, es lo que libera a los niños a crecer, explorar y crecer y no la independencia forzada ni los apegos rotos.» ¿Vale la pena el esfuerzo extra? En mi opinión, ¡claro que sí!

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La Alta Sensibilidad y la Indecisión

La Alta Sensibilidad y la Indecisión. ¿Es normal?  Si. ¿Es parte del rasgo? Si. Pero, ¿porquéeeee? Pues… porque… ¿recuerdas cuál es la primer característica del rasgo?  Profundidad de análisis. Es decir que analizamos con detalle prácticamente todo. Lo que nos dijo la tía Choco en Navidad, el comentario “al azar” del primo en Semana Santa, la “pequeña observación” de la suegra en las vacaciones de verano… y las consecuencias de esos comentarios. “¿…y si sí es cierto? ¿De verdad mis hijos me manipulan o es que los escucho y tomo en cuenta sus puntos de vista? Pero entonces, ¿qué hago? Cuando esté frente a ella, ignoro a mis hijos para que no tenga nada que comentar. Pero entonces mis hijos se van a confundir. Pero entonces… y si mejor hago “x”, pero entonces… No, no, mejor hago “y”, pero entonces…” 3 de la madrugada y la cabeza no para de dar ideas, sugerencias, consecuencias y otro plan. O cuando vamos a un restaurante y nos ponemos a pensar qué queremos de comer y nos imaginamos cada uno de los sabores que vienen en el menú, a ver si traemos antojo de dulce, agridulce, salado, carne, pescado, pero ¿y la dieta? Mejor una ensalada, no no, para comer lechugas mejor en mi casa … y mientras el mesero desesperado a punto de arrancarnos la cabeza.  ¿Te suena conocido? Y a los niños Altamente Sensibles… y a nuestra pareja si es HSP (por sus siglas en inglés)… les pasa igual. Y a veces tomar una decisión “rápida” en familia puede poner a reto la paciencia de cualquiera. Las Personas Altamente Sensibles analizan profundamente cualquier consecuencia. Tomar una decisión, sabiendo lo importante que es, nos resulta un poco complicado y tardado. A veces para no desesperar a los demás, terminamos haciendo lo mismo: Acabamos pidiendo el mismo platillo de siempre en el restaurante. O usando la misma camisa todos los jueves. Para ya no pensar en detalles abrumantes, “mas vale viejo por conocido…” A veces también los niños se muestran como indecisos, porque todavía no están seguros de qué y cuánto pueden tolerar. Por ejemplo cuando están en pleno berrinche, que no pueden decidir si te quieren cerca o no. A veces nosotros somos más estímulo y ya no pueden con nada mas… pero tampoco quieren quedarse solos. Puede ser bastante confuso. Pero si te fijas, esto de pensar en las consecuencias es algo bueno. ¿Qué hubiera pasado si hubieran pensando en no aventar basura al mar hace 50 años? ¿En no dejar que el conductor designado manejara si traía varias copas de mas? ¿Puedo con la idea de tener al novio encima o mejor lo alejo un poco? Entonces, sonríele al mesero, pídele unos minutos más para decidir y deja que tus hijos sigan pensando en las consecuencias de sus acciones. Es un hábito muy MUY bueno. (…y a la tía, el primo y la suegra, ignóralos. Tú sabes lo que haces 😉 Ahora, si ya te has dado cuenta que la indecisión te esta paralizando en un momento importante de tu vida, porque ya lo has pensado tanto –y ya llegaste siempre a los peores consecuencias del siglo– es momento de… ¡ALTO! La mente es como un chango loco que brinca de una rama a otra, de un tema a otro y no se esta en paz. Las Personas Altamente Sensibles solemos sufrir de esto y luego no sabemos cómo detenerla. ¿Qué podemos hacer en esos casos? Ahí es cuando sacamos todo el arsenal de herramientas de Mindfullness: Meditación. Yoga. Tai Chi. Pintar. Cantar. Bailar. Hacer ejercicio. ¿Porqué funciona? Porque la mente se concentra en lo que hace el cuerpo –o en el mantra, en el caso de la meditación– y eventualmente, se aquieta. Cuando la mente está en paz, es cuando puede entrar la sabiduría de la intuición.  “No esta mal tomar una mala decisión, lo que esta mal es dejar de decidir”, escuché en algún lado. Y me pareció muy sabio. Sigue a tu intuición, sigue decidiendo y síguete moviendo. Como sea, siempre se puede corregir a lo largo del camino.

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10 frases que solo las Personas Altamente Sensibles comprenderán

10 frases que solo las Personas Altamente Sensibles comprenderán 1) “Me gusta la rutina. Hasta que me aburro, entonces me gusta lo emocionante. Hasta que me sobresaturo, entonces me gusta la rutina.” 2) “Soy toda: `mira el cielo, mira a la luna, mira al atardecer, me quedo en el coche hasta que acabe la canción`…” 3) “Una Persona (o hijo) Altamente Sensible puede escuchar lo que no estás diciendo.” 4) “Ser Altamente Sensible no te hace ser una carga. Te hace sumamente complejo, finamente sincronizado y profundamente conectado al mundo que te rodea. La Sensibilidad es hermosa.” 5) “No eres un desastre. Eres una persona que siente profundamente en un mundo desastroso.” 6) “Vine, vi, sentí la energía. Me fui.” 7) “Necesito un día entre cada día para recuperarme del anterior y prepararme para el día que viene.” 8) “Siempre me arrepiento de los planes que hago durante mis 5 minutos de “Modo Extrovertido”.” 9) “¿Haz conocido a alguien que sea un sol brillante en forma humana?” 10) “¿Podríamos dejar de asumir que ruidoso es fuerte y silencioso es débil?” (Frases traducidas de @ highlysensitive_person)

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Qué hacer cuando los niños dicen, «No quiero ir al Colegio»

Qué hacer cuando los niños dicen, “¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA!!” El delicado balance entre crear un “ni-ni” (que ni estudia ni trabaja) y una persona que escucha a su cuerpo. Es muy común aun los lunes a las 7 am, escuchemos ese llanto, “Pero, ¿porqué tengo que ir? ¡Es horrible! ¡Estoy perdiendo mi tiempo! ¡No aprendo nada! ¡Odio a las maestras! ¡Odioooo la escuelaaaaa! ¡No quiero ir!” Nuestra mente inmediatamente se va a lo que nos decían nuestros padres, “Es tu única obligación. Tienes que ir. Porque si. Porque te aguantas. Porque ya párate. Y si no te apuras, te voy a…” y lanzamos una torre de amenazas. ¿Cierto? Bueno… hay mejores respuestas. Teniendo Hijos Altamente Sensibles, ya sabemos que si están sobresaturados por el fin de semana anterior –especialmente si estuvo ligeramente ajetreado, ellos van a estar cansados. La mera idea de ir al cole hace que se sientan mal físicamente. Hay días que verdaderamente NO pueden. Y cuando es así, NO DEBEN. Pero, ¿cómo les enseñamos el delicado balance entre ser responsables con sus deberes y escuchar a su cuerpo? Podemos decir algo así, “Quiero que te escuches a ti mismo y descanses cuando lo necesitas. También, quiero que encuentres tu misión en la vida y enfoques toda tu energía y conocimiento en lograr eso. Todos los humanos debemos aprender a lograr el balance entre descansar y trabajar. Hay gente que solo trabaja todo el día y noche y fines de semana, que no saben descansar. Y hay que gente que solo descansa y no sabe qué les gusta ni cuál es su misión. Para mí es muy importante que vayas al cole y también que juegues y goces tu vida.  Voy a dejar la decisión en tus manos pues solo tú sabes cuán cansado estás. Tú puedes decidir entre quedarte en casa o ir al cole.  Pero hay reglas: Si decides quedarte: No verás TV (en todo el día), ni ningún tipo de pantalla…no. De verdad, no. Ni un poquito.  Además, cuando te sientas un poco mejor, tendrás que ayudar en casa, limpiando tu cuarto, acomodando cosas, doblando ropa o lavando platos. Y también haremos algo de matemáticas, lectura… tarea. Finalmente, no podrás comer nada de azúcar. Ni pan dulce, ni los caramelos de la fiesta de tu primo, nada. Si te sientes cansado es importante que permitas a tu organismo sentir su cansancio, reponerse y no obligarlo a obtener energía a base de azúcar o similares. Entonces, ¿qué vas a decidir?” Si se siente muy cansado, aceptará las reglas. Si no es para tanto, pues irá al cole.

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¿Cómo puedo lograr que mi hijo haga la tarea?

¿Cómo puedo lograr que mi hijo haga la tarea? Cuando yo era niña, mi mamá se auto-prometió “nunca de los nuncas” sentarse a hacer la tarea conmigo. Y lo decía con mucho orgullo. Yo me recuerdo sentada en mi escritorio hoooooras haciéndome bolas sola con lo que parecía un mundo interminable e incomprensible de deberes. Veía a mis muñecas leeeeejos, leejos intocables e inalcanzables. Y también recuerdo que le creé personalidades a los números… y ninguno me caía bien. (El 3 era una niñita sangrona, el 6 era un payaso de fiesta y el 9 era como una directora de escuela vestida siempre de rojo tinto…) O sea… divagaba… ¡muchísimo! Ahora veo que mi hijo también divaga. Pierde la concentración con una rapidez impresionante  –igual que yo. Si mi mamá hubiera sabido que el TDA existía, seguro me mal diagnosticaba con eso. No. Yo era una niña Altamente Sensible, Altamente Sobre-Saturada. Altamente Perdida. A la fecha no sé cómo logré sobrevivir el cole. Recordando cómo fui y viéndome reflejada en mi hijo estoy en la disyuntiva. ¿Le hago caso a mi madre de “nunca de los nuncas” sentarme con él? Pero si hago eso, jamás la va a hacer. La odia y con cualquier detalle, avienta el lápiz y ¡no lo vuelve a levantar! Si algo he confirmado una y otra y otra y otra vez como Coach Parental, es que los niños necesitan acompañamiento. Ayuda. No se trata de que yo le haga su tarea, que yo tome el lápiz y trace el margen porque solo a mi me queda bonito ¡no! ¡para nada! Y tampoco se trata de estar ahí de mala gana, con actitud de “Ash, escuincle mira que yo tengo tantas cosas que hacer… ¿qué quieres? ¡Qué lata das!”  No. En lo absoluto. La atención y el amor se da a borbotones y de buenas, los límites se ponen en otras áreas. Es solo acompañarlo. En la misma habitación, él hace sus tareas y nosotros las nuestras. Él hace sus corajes y yo estoy ahí para cachar el lápiz. “¿En qué te atoraste? ¿Cómo te puedo ayudar?” Obviamente sí me quiere dar el lápiz, obviamente se lo rechazo. “La tarea es tuya, no mía. Yo estoy con mis obligaciones. Tú con las tuyas. Aquí te acompaño, si tienes cualquier duda, dime.”  En momentos de crisis, debemos darles la contención, la concentración y la tenacidad que todavía les falta por desarrollar. Y la tarea es solo un pretexto para esa buena lección.

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¿Qué podemos hacer cuando nuestro hijo nos pega?

¿Qué podemos hacer cuando nuestro hijo nos pega? Nosotros nunca le hemos pegado a nuestro hijo, sin embargo, él si no ha soltado uno que otro manazo y es la peor experiencia del mundo. Nos saca de nuestras casillas de una manera inmediata. Y en un segundo toda la familia se encuentra en amygdala. Podemos intentar regañarlo, usar tiempos fuera, castigos, pedirle que golpee un cojín,  explicarle por las buenas y por las malas… y la mayoría de las veces sale peor. Lo primero que debemos entender es que: nuestro hijo NO es mala persona. NO lo hace a propósito. Esta desesperado, esta sufriendo y no sabe qué otra cosa hacer.  La experta parental Liat Hughes Joshi, sugiere que el primer paso es entender la razón de los golpes. Es decir ¿qué sucedió antes? ¿Qué hizo que el niño perdiera los cabales? ¿Está tomando un medicamento que lo hace agresivo? ¿Está enojado? ¿Esta sobre saturado? ¿Necesita llenar su cubeta del control? ¿…o de la atención? ¿Esta ansioso? ¿Cansado? ¿Necesita dormir o irse a un espacio en silencio?  Entender qué le sucede te da la respuesta y, también, le ayudará a tu hijo a entender sus propias acciones. “Me pegaste porque ya estás cansado.”, “Me diste un manazo porque quieres mi atención. Te la puedo dar, pero necesito que me la pidas de otra forma, sin golpes.”, “Recuerda que puede pedirme todo lo que quieras, pero de manera amable.” Es importante platicar con él cuando este tranquilo, no durante el momento de crisis ni como parte de un castigo. Podemos decir algo así, “Me duele mucho cuando me pegas y estoy segura de que tu también estás harto de que te digamos que no lo debes hacer, podrías contarme ¿qué fue lo que pasó? ¿Crees que podamos platicar juntos maneras en las que puedas dejar de golpear?” Preguntarles soluciones siempre ayuda. Es llevarlos al cerebro Superior, es generar ideas en familia, es conexión, es creatividad, es atender un asunto… pura cosa buena. Otra manera magnífica de ayudarles a auto-regularse es a través del juego. Según Lawrence J. Cohen, PhD en su magnífico libro Playful Parenting, nos explica que lo que sucede es que el niño no se puede frenar. Cuando suelta golpes es porque tiene mucho miedo y/o emociones muy fuertes que no sabe cómo canalizar. Entonces, otro día –no en el momento de crisis– puedes jugar con tu hijo, establecer una conexión segura con él y empezar a trabajar maneras de frenarse. “Si, podemos jugar a las luchitas, pero sólo si es en la cama (o en un lugar seguro)”, “Si, me puedes dar de almohadazos, pero sólo si brincas en un solo pie y cantas una canción”. Jugar a las luchitas es una manera muy efectiva de hacer contacto físico con los niños, de establecer una conexión y de ayudarles a encauzar su fuerza. Si a lo anterior, le agregas el brincar en un solo pie y cantar, le estás enseñando a auto-regularse. ¡Si! ¿Te imaginas dar un almohadazo mientras cantas y haces equilibrio? No es tan fácil. Y requiere pensar antes de actuar, es decir, auto-regulación. Recuerda que la mente hace sus caminitos neuronales. Entre más practiques algo, más rápido se hace el camino. Digamos que la primera vez que haces algo es como entrar a una selva tupida. Cien veces después, ya es una carretera con puentes y túneles. Ensaya con tus hijos a base de juegos y preguntas y puedes tener muy bellos resultados.

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¿Por qué pegan los niños?

¿Por qué pegan los niños? Hay muchas razones, pero en mi experiencia como Coach Parental, una de las más comunes es porque nosotros, los adultos, no escuchamos. Tengo dos ejemplos muy claros: Uno, La hija que se tiene que ir al trabajo, “Vete con tu abuelito”, la nena abrazada de la mamá con uñas y dientes, “Ándale que tengo prisa”, la niña no suelta y se empieza a quejar. El abuelito la toma entre brazos y la niña pega. Dos, El niño esta jugando y el pañalito ya huele. “Ven Mateo, vamos a cambiarte el pañal”.  Mateo ignora al papá porque esta ocupado trabajando en su proyecto.  “Ándale Mateo, ven.”  Mateo siente el tacto de papá y dice, “No, papá…” y se regresa a su trabajo / juego.  Papá carga a Mateo y el niño se escurre como espagueti hacia el piso para regresar a su trabajo.  Papá lo vuelve a cargar, ahora más fuerte, Mateo suelta el manazo. Papá lo regaña, “¡Eso no Mateo! ¡No me pegues!”  Lo sigue cargando forcejeando y Mateo le da un cabezazo.  Los niños no tiene la capacidad neuronal para decir, “Espera papá, deja termino mi proyecto y luego hacemos lo que tú me pides” o “Mamá, en realidad me quiero quedar contigo.” Nos expresan sus necesidades y deseos con el llanto y la expresión corporal. Nosotros debemos volver a aprender a leer sus acciones que nos dicen, muy claramente lo que sus palabras aún no pueden decir. Si te fijas, los niños no están haciendo nada malo. Se están expresando y si nosotros continuamos de necios, ellos se empiezan a defender, dando tres advertencias previas: “Papá a la una” (se hace como espagueti resbaladizo)  “Papá a las dos” (da un manazo)  “Papá a las tres” (cabezazo) El reto es darnos cuenta y observar su expresión corporal ANTES de activar su amygdala. ¿Qué haríamos nosotros si alguien nos carga en contra de nuestra voluntad? ¿Qué haríamos nosotros si hemos sido ignorados tres veces?

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Al despertar, al regreso del colegio y al dormir

Tres Momentos al día que Realmente Importan. De todo el tiempo que estamos con nuestros niños, podríamos creer que lo más importante son las vacaciones familiares o una épica fiesta de cumpleaños. Por un lado, sí. Claro que ayuda. Pero los estudios han comprobado que lo que más contribuye al bien estar de los niños es la calidad en la convivencia diaria, un espacio en donde se sientan seguros para tener un desarrollo emocional sano y esto se puede reducir a Tres Momentos al día. Al despertar En lugar de: Despertarlos abruptamente y empezar a apresurarlos Mejor: “Vamos a quedarnos y despertar juntos por 3 minutos.” “Me encanta empezar mi día acurrucada contigo.” “¿Qué es lo que más te emociona de hoy?” “¿Recuerdas qué soñaste?” Al regresar del cole En lugar de: Encender la TV (o cualquier otra pantalla) O preguntar sobre su tarea O saludarlos de lejos Mejor: “¡Qué alegría me da verte! Cuéntame de la mejor parte de tu mañana.” “¿A qué quieres jugar?” “Te ves triste. Vamos a sentarnos y acurrúcanos por un minuto.” “¿Quieres comer algo y platicar las altas y bajas del día?” Antes de dormir: En lugar de: Decirles buenas noches y enviarlos solos en su cama O acobijarlos y salir de su habitación inmediatamente Mejor: “¿De qué estás agradecido hoy?” “Cuál fue la mejor parte de tu día?” “Me gustó cómo mostraste perseverancia hoy.” Cada familia es distinta, pero acomoda esto a como mejor te funcione. El objetivo es tener pequeños momentos de conexión, platicar sobre lo que tienen en mente, reír sobre algo chistoso que sucedió en el día de manera relajada. Son solo Tres Momentos que logran cambios inmensos en nuestros hijos. ¡Conecta con ellos de manera intencional, sin distracciones (celular) y veras las maravillas que pueden suceder!

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«Mi hijo es El Más Listo» Cómo halagar a los hijos

Cómo halagar a los niños Algunos de nosotros fuimos educados a base de puras críticas. En algún momento de la historia pensaron que eso nos haría fuertes y mejores. Científicamente se ha demostrado que, además de que no tiene ni un poquito de lógica, (¿qué nos hace pensar que tratar mal a las personas, los hará portarse bien?) finalmente, tampoco funciona. Como siguiente reacción, algunos papás y mamás, se fueron hacia el otro extremo: a súper halagar a sus hijos, “Eres súper listo / el mejor / el más rápido / todo lo puedes / siempre fuerte…” Y resulta, que ¡tampoco es el mejor acercamiento! ¿Lo hubieras creído? Decirle, “¡Eres súper listo!”, no es el mejor tipo de halago, porque: 1) Crea una identidad falsa en tu hijo y un conflicto interno porque él sabe que no es TAN listo, que comete errores y que a veces no sabe o no entiende nada. Como resultado, empiezan a evadir a los retos aterrorizados por no cometer errores y para no decepcionarnos. Como resultado, el miedo a fracasar se introduce en su vida;  “¿…y si fallo? Eso significa que no soy listo. ¡Voy a decepcionar a todos!” 2) Genera una Mente Fija. La Mente Fija es la que cree que si una persona es exitosa es porque nació con esos dones y no porque se estuvo años practicando. Entonces los niños llegan a la falsa conclusión de que:  “Si puedo hacer esto es por que soy listo. Peeeero…. como no puedo hacer esto, entonces seguramente soy tonto y debo dejar de intentarlo.” o “Me gusta, pero no es lo mío.” o “Tu puedes porque tienes la facilidad, en cambio yo, no.” La ciencia ha demostrado que la inteligencia no es fija. Se cultiva a través de las experiencias, los errores, la práctica y toda una serie de tropiezos que van conectando unas neuronas con otras hasta hacer de ese camino un río que fluye rápidamente, pero para eso se necesitan aaaaños. Es a través de muchos agotadores y devastadores intentos que empiezan a tener una Mente en Desarrollo y piensan, “No pude hacerlo… todavía. Puedo volver a intentarlo.” “Tal vez no tenga la facilidad, o tal vez es cuestión de práctica.” “No es cuestión de inteligencia. Nadie nace sabiendo.” Entonces para que lleguen a esa calidad de pensamientos y resilencia, ¿cómo podemos halagar a nuestros hijos? En lugar de: “¡Qué listo eres!” Mejor di: “Tu idea me parece muy buena. ¿Cómo aprendiste a hacer eso?” En lugar de: “Eres afortunado de ser tan inteligente.” Mejor di: “Buen trabajo, platícame, ¿cómo lo lograste? ¿Cuáles pasos tomaste?” En lugar de: “Eres el más abusado.” Mejor di: “Solucionaste este problema. Este fue un acercamiento interesante. ¿Cómo se te ocurrió?” Otras ideas: Cáchalo y halaga sus acciones cuando hagas cosas buenas, «Pusiste la toalla en su lugar, ¡muchas gracias!» Agradece cuando haga algo por ti, aunque todavía lo haga mal, «¿Lavaste los platos para ayudarme? ¡Me encanta que me ayudes! ¡Muchas gracias!» –Aunque después, a escondidas los tengas que volver a lavar bien tu. Es importante no corregirle la técnica, porque si no no lo volverá a hacer. Los expertos sí apoyan el acto de halagar a los niños porque les da una orientación de hacia dónde dirigirse, es un indicativo de “por dónde sí…” hacia dónde esta bien avanzar. Peeeero, como hemos visto, el tipo de retroalimentación, importa. Es decir, para ayudarlos a crecer, concéntrate en el proceso y sus acciones –en lugar de sus habilidades innatas. Eso le dará la seguridad para seguir intentándolo y convertir a eso que tanto le gusta, ¡ lo suyo !

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7 maneras para calmar a tu hijo a la hora de dormir

7 maneras para calmar a tu hijo a la hora de dormir El miedo de nuestros niños suele ser ignorado por los adultos, “No hay nada de qué temer, el monstruo del armario no existe, no tengas miedo, no pasa nada…” Pero esta negación además de que genera más ansiedad en los niños, genera desconexión.  Los Hijos Altamente Sensibles suelen ser más propensos aún en generar miedos de “la nada”, porque su sistema nervioso diseñado para la sobre vivencia –no para darnos lata. A veces sucede que con solo mencionar “la hora de dormir” inicia El Drama Monumental. En otro artículo hablo sobre tips para las últimas horas del día. Si ves que lo que haces no esta funcionando, observa qué esta pasando y haz cambios correspondientes. No hay ningún escrito oficial que indique que los niños deban bañar, merendar y dormir. Pueden bañarse a media tarde, pueden intercambiar la cena por el baño si tienen demasiada hambre. Pueden hacer lo que sea que a ustedes les funcione. Cada familia es distinta y cada noche es diferente. La idea es que cuando lleguen a la camita ellos se sientan tranquilos como para poderse acurrucar y dormir. Aquí hay una lista de 7 maneras para hacer de esta hora, algo más placentero y amoroso para todos. 1)Escúchalos para que cualquier miedo que tengan puedan expresarlo en un lugar seguro. 2) Conecta los niños necesitan más conexión a la hora de dormir. Piensa en los actos amorosos que él tuvo en la familia durante el día, (actos de servicio, tacto gentil con hermanito por ejemplo, palabras de afirmación y positivas, tiempo de calidad, etc.) recuérdales todas esas cosas bellas que hicieron y analiza cómo puedes llenar su Cubeta de la Atención antes de dormir. 3) Platiquen sobre el siguiente punto de conexión –en lugar de separación.”Voy a venir a darte un beso.”, “Te veré en mis sueños”, “Mañana nos veremos para desayunar algo rico, ¿vale?” 4) Cuida tu tono de voz un tono suave suele calmar a los niños, para eso sirve el tiempo de lectura o una platica sobre el día. El objetivo es calmar su sistema nervioso central en un ambiente amoroso y tranquilo. 5) El olor de papá o mamá en una relación amorosa y segura, puede también bajar el estrés. Déjale un objeto o pieza de ropa que contenga tu olor. 6) Reflexiona en todo el proceso que lleva hacia la hora de dormir, no sólo el momento de llegar a la cama. ¿En qué momento empieza a sentir tu hijo el estrés? ¿Cómo puede ser tranquilizado?  ¿Tienes sus cubetas bien llenas? ¿Han tenido suficiente movimiento durante el día? ¿Salieron a tomar el sol y el aire durante el día? ¿Hubo suficiente conexión durante el día? ¿Están llegando demasiado cansados y del peor humor?  7) Hagan un ritual Ritual es diferente que rutina. El ritual esta asociado con memorias positivas, cultura y sentido de pertenencia. Asegúrate de que tu familia tenga un Ritual de la Noche; algunos ejemplos pueden ser: escriban en un diario todo por lo que están agradecidos, “¿Cuál fue tu parte favorita del día?” un rezo, momentos de consciencia o un círculo para compartir.  Cuando los niños se sienten amados, contenidos, protegidos y libres para expresarse y ser como son, pueden soltar el miedo y dormir profundamente.

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Qué hacer cuando los hijos se pelean por los juguetes

Qué hacer cuando los hijos se pelean por los juguetes Cuando los primos se pelean, es fácil porque salimos indefensa de nuestro crío sin dudarlo. Peeeero, cuando se trata de nuestros hijos, los dos (o tres, o cuatro) son nuestros, los amamos a todos… nos sentimos en una encrucijada. Honestamente no sabemos qué hacer. Algo importante es, como siempre, prevenir. Asegúrate que estén bien hidratados, sanamente alimentados, y si son Altamente Sensibles, bien descansados. Con su Taza de la Tolerancia en niveles óptimos. Algo que debemos entender es que para los adultos unas cosas significan algo… pero para los niños significan otra cosa completamente diferente. Un ejemplo, para los adultos el arrebatar es algo verdaderamente horrible y grosero. Para los niños pequeños, es parte del juego. Para los niños más grandes puede significar, “te ayudo” o “yo sé la respuesta”. Entonces, antes de llegar a conclusiones de lo que deben o no deben de hacer, es importante, cambiar nuestra perspectiva a una más amplia. A ese hermanito pequeño que tanto nos preocupa defender y proteger, no te estreses tanto, luego son los más aguerridos, justamente porque aprenden a establecer límites con el grande que se quiere pasar de listo, quienes, después llegan llorando, “¡Mamaaaaa Mateo me pegó!”, “Pues sí, entiendo que te duela, al mismo tiempo, quiero que recuerdes que tú le pegaste primero.” Aquí hay una lista de 7 herramientas efectivas para desactivar la bomba: 1) Que no comparta si no quiere Para los niños, sobre todo sus juguetes favoritos, los sienten como una extensión de su cuerpo. Es importante darles la autorización de no prestar si no quieren. Es muy importante que sepan decir que “no” y que sepan que su “no” es totalmente válido y hay que respetarlo. ¿Porqué? Porque, en unos años, queremos que ella sepa decirle “¡NO!” al novio con esa misma determinación que solía tener a los 2 añitos… ¿si o no? 2) Todos los juguetes son de todos Es cierto que los abuelos le regalan muñecas a la niña y carritos al niño y que suele haber una diferencia entre “lo tuyo y lo mío”, pero si queremos que haya menos pleitos, es una buena idea establecer que “una vez adentro, todos los juguetes son de todos…de mamá, de papá, del hermano, del perro… DE TODOS.” Esto también sirve para evitar temas de sexismo, que si los niños quieren jugar con muñecas, puedan. Y si las niñas quieren jugar con carritos, puedan. Una vez me contaron de una nena que ponía los carritos de su hermano a dormir, los ponía en su camita, con su colchita y les daba el besito de las buenas noches. Hermoso, ¿verdad? 3) Sportscasting Este concepto de Janet Lansbury es muy extraño, pero sí funciona. La idea es narrar las acciones de los niños como si estuvieras narrando un partido de football. “Julieta tiene el carrito, Mateo lo tomó de sus manos, a Julieta no le encantó la idea, Julieta realmente quiere el carro de vuelta…” Sin juzgar, ni apoyar, ni criticar. Palabras totalmente neutrales que narren objetivamente, lo que esta sucediendo. Tu suegra te va a voltear a ver como si fueras realmente una loca, pero… ignórala. De verdad que funciona. ¿Porqué? Al narrar lo que esta sucediendo estás conectando el cerebro superior de los niños y esto evita que la amygdala entre en posesión del Modo Sobrevivencia, es decir, es una manera muy efectiva de deshabilitar la bomba. 4) Juego Otra manera súper efectiva de deshabilitar la bomba es a través del juego. Tu papel es de alguien muy juguetón y torpe al mismo tiempo. “¡Hey tu! Godzila, ¡métete con alguien de tu tamaño! ¡Yo soy enoooorrrme y fuertísimooooo!” La provocas de manera que ve a que es un juego y para que salga corriendo atrás de ti, “¡Ay no, me equivoqué! ¡Tú eres muy rápida! ¡Tú eres muy fuerte!” Si te fijas, ya dejó al hermano menor en santa paz. 5) Alaba cuando sean amables con su hermano Así obtendrán una guía de lo que es adecuado. Y ganarán más atención haciendo lo bueno –el objetivo es que dejen de hacer lo malo. Nutrir lo malo, hace crecer lo malo. Nutrir lo bueno… ¿ya me entendiste? 6) Déjalos discutir Por dos razones, 1° Muchas veces los niños se las arreglan solos y si nosotros intervenimos, no solo se alarga más, sino que se complica. 2° Los hermanos son los mejores maestros para aprender a discutir y pelear; herramienta que necesitarán toda su vida.  El objetivo, claro, es enseñarlos a discutir de manera productiva. Al principio vamos a tener que entrar como árbitros y enseñarles cómo se hace, “Julieta puedes expresarte durante los próximos cinco minutos sin interrupciones.”, “Mateo, ahora te toca a ti.” “Julieta opina (…x…)”, “Mateo opina (…y…) ¿cierto?”, “Ahora, ¿cómo se van a poner de acuerdo?” 7) Retira el juguete Hay un momento en que el pleito escala a tope. Ya deja de ser divertido. Ya no es sano. Incluso y es hasta peligroso (por ejemplo cuando sucede en el auto).  Ahí entras, te metes en medio y sacas el juguete en cuestión –que, en realidad, este tipo de pleitos ya no tienen nada que ver con el objeto, sino una razón más a fondo que habrá que analizar y resolver, pero de momento, ¡PUF! Castigado. Van a llorar, se van a quejar, arderá Troya.  Permítelo. Que se expresen, es justo lo que quieres para entender la razón de fondo. Que lloren, es justo lo que quieres para desahogar la tensión. Ya cuando estén tranquilos, varias horas o un día después, aplicas la técnica anterior y después aclaras, “les regresaré el juguete solo después de que se pongan de acuerdo”. Los niños no saben compartir, es una destreza que se enseña… con el ejemplo. La Gran Ironía es que nosotros tampoco compartimos, la verdad. No compartimos nuestra casa, ni nuestra pareja… queremos que los niños hagan algo que nosotros no hacemos. Léelo otra vez. La meta de socavar los gritos, si te fijas, es que no queremos pleitos. Pero es importantísimo permitir que sucedan pues, lo que debemos enseñar es: a solucionar desacuerdos. Asegúrate de demostrarles a todos que los amas por igual, que son especiales independientemente de cómo se porten, y dales abrazos, a veces es lo que más necesitan.

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Las 4 diferencias clave entre las Personas Altamente Sensibles y Trastorno de Procesamiento Sensorial (TPS)

Las 4 diferencias clave entre las Personas Altamente Sensibles y Trastorno de Procesamiento Sensorial (TPS) Tanto los Niños Altamente Sensibles y los niños con TPS son afectados fisiológicamente por los eventos sensoriales, como sonidos altos, texturas duras o rasposas, luces brillantes, etc. Los Niños Prodigio (que, seguido son Altamente Sensibles) pueden también mostrar sensibilidad sensorial.  ¿Cómo puede una maestra o padres de familia saber si es Alta Sensibilidad o TPS? Los Niños con TPS: Tienen dificultad combinando la información que reciben de sus sentidos de una manera organizada. Esta es lo que se llama como Sensory Processing Disorder o Trastorno de Procesamiento Sensorial. TPS solía considerarse una parte del espectro autista, pero ahora se considera un trastorno por sí mismo. Según The Star Institute for Sensor Processing Disorder, “Una persona con TPS puede sobre–responder ante el tacto y encontrar la ropa, el contacto físico y otras sensaciones táctiles como insoportables y /o pueden responder de la misma forma ante algo visual o auditivo o cualquier otro estimulo sensorial. Otra persona puede bajo–responder y mostrar poca o nula respuesta ante la estimulación, incluso ante el dolor, demasiado calor o frio, dan una respuesta lenta. En niños con TPS, el procesamiento entre los músculos y las articulaciones están dañados, la postura y la psicomotricidad pueden estar afectadas. Estos niños tienen mala postura, son “torpes” y suelen tomar ayudar de las paredes cuando están parados, apoyarse en su mano mientras escriben, suelen salir pero no se mueven… Hay otro sub–tipo: trastorno de coordinación en el desarrollo (developmental coordinación disorder DCD) los niños son raros y torpes. Suelen ser insultados y bulleados en el colegio y nunca los eligen en la clase de deportes. Y hay otros niños que exhiben un apetito por la estimulación sensorial la cual se encuentra en perpetua exceso. A estos niños se les llama deseosos sensoriales. Parecen adictos a la estimulación. Suelen mal diagnosticarlos y mal medicados con Déficit de Atención e Hiperactividad.” Los niños HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensibles en castellano): Parecen ser similares a los TPS por la sobre–responsividad a las señales sensoriales. Sin embargo, investigaciones del cerebro indican que la diferencia se encuentra en cómo los HSP procesan la información. Las investigaciones demuestran que entre más sensibles sea la persona, su cerebro más pone atención a los detalles en su ambiente. Los HSP suelen confundirse con los TPS en cuanto a la sobre – responsividad.  Las diferencias claves: ° Los HSP casi no presentan problemas haciendo actividades normales de cada día o pueden aprender cómo adaptar sus respuestas ante ellos, lo cual los TPS no.  ° Los HSP pueden integrar la información sensorial que los TPS no.  ° Los HSP presentan empatía ante otros individuos, se dan cuenta de la belleza que los rodea, son trabajadores concienzudos, les gustan las artes y la música. ° Otra diferencia clave es que si un HSP esta con su sistema nervioso central relajado, es más tolerante ante los estímulos y puede organizarlos sin problema. Pero cuando esta sobre–saturado, su tolerancia es muy baja y su organización mental es nula. Es decir los síntomas parecidos al TPS se presentan una vez que esta sobre–saturado. En cambio los TPS presentan esta sobre–reactivad y confusión, constantemente. Es decir, ambos coinciden en la alta reactividad ante los estímulos, sin embargo el rasgo de la Alta Sensibilidad, tiene 4 características básicas. La TPS solo tiene esa. La Alta Sensibilidad es un rasgo creado por la naturaleza. El TPS es trastorno. El primero no tiene cura, por los mismo que no es patología. Lo interesante es que, una persona no–sensible cree que la HSP esta exagerando en la respuesta ante el estímulo, pero la HSP solo esta respondiendo a más sutilezas en su ambiente. A estas alturas, creo que es importante definir lo que es “normal”, es decir, “el promedio”. Algunas personas son más hábiles en organizar sus pensamientos que otras. Otras personas pueden dar discursos muy buenos sin notas. Algunos otros necesitamos notas o apuntes para organizar nuestros pensamientos. Y otras personas, tienen tantos problemas organizando sus pensamientos que su conversación no hace sentido a los demás. Es decir, el abanico de lo “normal” es muy… muy amplio. Y cada uno somos diferentes. Si tienes duda si tu hijo puede tener TPS o es Altamente Sensible, asegúrate de ver a un experto que conozca y sepa diferencias uno del otro. Fuentes: Jadzia Jagiellowicz, PhD (Psych) and Veronica Ghazarian, OT Reg. (Ont.) Gere et al, 2009 Jagiellowicz et al., 2010

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¿Antisocial o Altamente Sensible?

¿Antisocial o Altamente Sensible? “Permíteme explicarte como soy (…y como somos algunas Personas Altamente Sensibles) De la preparatoria tuve una amiga, a la cual ya no le hablo. De la universidad, igual, solo una. A ella sí le hablo… una o dos veces al mes. Más o menos. De las mamás del colegio, bueno, las saludo, pero no me he aprendido sus nombres, no sé a qué se dedican, si es que se dedican a otra cosa que no sea sus hijos. De mis vecinos, bueno, todos me conocen porque salgo a caminar con mi perro, y, si no les retiro la mirada, me saludan. Pero si la vecina osa pintarse el cabello a otro tono, ya no sé quién es. No me preguntes dónde vive ni con quién, porque no sé. Y no me siento con el derecho de preguntarle. Cuando iba en la universidad fui a pedir informes para hacer mi servicio social, la secretaria no me los quería dar porque no me creía que yo ya iba en octavo semestre, “¡No es posible! ¡Nunca te he visto!” Cuando llegaba a mi trabajo, se quejaban todos de mi porque decían que no los saludaba. Sí los saludaba, pero no me escuchaban. Me moría de la pena interrumpir su plática matutina con mi “Buenos días, con permiso, estas parado frente a mi… gracias… bueno… si… ejem… bye…” Mis amigas actuales son las esposas de los amigos de mi esposo. Si hay una reunión con mucha gente, prefiero quedarme en casa a ver una peli. Cuando nos vamos de viaje, yo me pierdo entre el bosque y los vuelvo a ver cuando es momento de volver a tomar carretera. No espero que me creas, solo espero que abras tu mente. Que sepas que sí existen personas así. Que si me dedico a lo que me dedico es precisamente para dar a conocer este rasgo. A explicarles a los papás que si su hijo no saluda, no es por grosero o mal educado, sino porque no–puede. Realmente–sí–es–pedirle–mucho–porque–le–es–imposible. Que si yo le recomiendo a una mamá, un libro o una nutrióloga, 9 veces de 10, van a comprar el libro. Porque el libro no se enoja. No grita. No hay que salir de casa para verlo y no se ofende si no lo volvemos a buscar en seis meses. Que vivimos con la piel al rojo vivo y que todo–nos–afecta–sobre–manera. Que salimos de nuestra zona de confort cada vez que sale el sol. Cada vez que salimos de casa. Y que cada vez que nos conectamos a una sesión, aunque sea virtual, nos remueve un remolino interno lleno de ansiedad. Si la reunión es presencial, ¡olvídalo! Ya, salimos tan cansados que, no servimos para nada el resto del día. Lo que sucede es que la gente, sus emociones, sus pensamientos, sus palabras (que a veces no coinciden), sus expresiones faciales y corporales, su tono de voz… TODO nos afecta y sobre–satura. No es que seamos antisociales, es que somos Altamente Sensibles.  Sí hay gente así. Esa realidad sí existe. No es flojera, ni falta de compromiso, ni timidez, ni introversión. Es un Sistema Nervioso Central distinto. Por eso me dedico a lo que me dedico. Para darles a conocer, sí, a las demás Personas Altamente Sensibles por qué son como son, pero también a las Personas No-Sensibles que, esto, es una realidad para el 20% de la población. Que nos encantaría ser el alma de la fiesta, tener facilidad de palabra, don de gente y todas esas cosas… pues si. Pero no lo tenemos. No todos podemos ser así. Y si nos forzamos por mucho tiempo, tendremos que pagar un precio con nuestra salud neuronal, emocional y, eventualmente, física y psicológica. La parte más difícil de mi trabajo es precisamente esa, explicarle a los papás no sensibles que su hijo es así. Y que así esta bien; su hijo es una gema preciosa y que brillará en su momento, en un espacio quieto y silencioso. No espero que me creas. Solo pido un poco de empatía.  Ahora, cabe aclarar que no todos los Altamente Sensibles son así. Pero sí la gran mayoría. Y no, no se quita.” –Yo, ensayando en mi cabeza, por millonésima vez, cómo explicarle, sin animarme a decírselo… ¿me irá a comprender?

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4 sencillos tips para la llegada del hermanito

4 sencillos tips para la llegada del hermanito. Usualmente ya tenemos –más o menos– una rutina. Un pseudo orden. Algo de estructura… algo. Un poco. Bueno… un poquito –porque los niños alteran todo. Y ¡Zaz! ¡Que llega el hermanito! Yo digo que no es 1 + 1 = 2. Tampoco es multiplicación. El nivel de alteración es a la segunda potencia. Y se siente como ¡a la décima! Aunque haya sido planeado, un bebesito tiene la tarea de mover absolutamente todos los patrones previamente establecidos.  La balanza que estaba delicadamente colocada, se va de cabeza. Si es así de fuerte para nosotros, ¿te imaginas cómo puede ser para tu hijo? Aquel pequeño ser que depende al 100% de tu constante atención, de un día para otro, te tiene como al 30%. Ese pequeño tlaconete, te absorbe casi totalmente. El mayor suele sentirse ignorado, totalmente hecho a un lado y sin importancia. A veces se ponen tristes, a veces agresivos. Pero el sentimiento origen es el mismo: esta asustado. Este es el momento crítico… cómo nos comportemos aquí es la linea determinante: se amarán o se odiarán. Se apoyarán o se resentirán. Harán equipo o enemistad. ¿Qué podemos hacer? 1) Tomate el tiempo de conexión uno a uno Este es un consejo que dicen mucho y a muchas mamás les parece totalmente imposible. Mi consejo es que sea durante la siesta o cuando el bebé se duerma en la noche temprano. Así será más fácil. 2) Espera retrasos o regresiones. El hermano grande que ya había dejado el pañalito, vuelve a tener accidentes. Si ya había dejado el biberón, lo retoma. Si ya dormía solo, regresa a cama de papá, mamá y hermanito.  Es normal. Y, de igual manera que llegó, se le pasará. 3) Involúcralo en la nueva dinámica. Normalmente solemos asustarnos, “¡No seas tan brusco!” por instinto natural protegemos al bebesito y terminamos con un “¡Vete para allá!” alejando al hermano grande. Eso genera mucho resentimiento del grande contra el pequeño. En lugar de eso, es mejor involucrarlos. “Tu tienes muy buen gusto, ¿quieres ayudarme a elegir una pijamita para tu hermanita?” “¿Qué ropita quieres que le ponga, ¿la pijamita que tu elegiste o la que le dio tu tía Rosita?” “¿Me ayudas a bañarla?” Hazlos parte de la nueva rutina. Al hermano grande le encantará ayudar y sentirse útil. 4) Reconoce cuán difícil es su nuevo rol de hermano grande Es parte del punto anterior. solo asegúrate de no avergonzarlo en el proceso, es decir, “Tuuuu, que eres el hermano grandeeee, deberiasssss ser mas… amable / compartido / adjetivo calificativo” Nada de eso por favor.  5) Pide su consejo para aumentar su empoderamiento “Oye, tu que fuiste bebé hace poquito, ¿te acuerdas cómo dormías más tranquilo? ¿con el mosquitero o rodeado de almohadas? (…) ¿Me ayudas a colocarlo, por favor?” Es ejercer su rol de Hermano Grande… si, pero sin avergonzarlo. ¿Notas la diferencia? Tratándose de un Niño Altamente Sensible, es probable que necesite mucho… muuuuucho tiempo para adaptarse a la idea y ooootro montón de tiempo, a los cambios. Dáselo. Resuelve sus dudas. Abrázalo mucho. Síguele aclarando que el amor no se divide, sino que aumenta. Recuerda que lo más importante de tu rol parental es la conexión, conexión, conexión. Y más conexión. No porque nuestro trabajo se haya potencializado a lo que parece la millonésima potencia, nuestro hijo mayor debe pagar el precio. Al contrario, hazlo parte de la nueva dinámica y será feliz de involucrarse, ayudar y ser parte de la ¡nueva familia grande!

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Las 2 razones por las cuales los Niños Dicen Mentiras

…y qué hacer al respecto. “¿Te lavaste los dientes?” “Si…” “¿Pusiste tu pijama en el cesto?” “Si…” Tú sabes que no es cierto. La reacción típica es que nos enojamos, gritamos, “Cuantas veces te tengo que pedir que…” o, amenazamos, “Cuando se te piquen los dientes, ¡verás…!” Podemos vivir así todo el día, ellos mintiendo y nosotros haciendo corajes. Ellos no haciendo caso y nosotros explotando por millonésima vez. Y pueden pasar veinte años y seguimos igual. La vida familiar se vuelve sumamente estresante y llena de desconfianza. Con la panza torcida, en la madrugada, nos preguntamos “Algo en mi estrategia no esta funcionando. No puedo seguir con lo mismo esperando que el resultado sea diferente. ¿Por dónde puedo empezar?” 1) Entendamos el funcionamiento del cerebro de nuestros hijos. Cuando los niños mienten es porque – no se sienten emocionalmente a salvo para decir la verdad.  – tienen miedo al regaño y creen que al decir mentiras, se salvan. Nuestros hijos tienen otras prioridades, diferentes a las nuestras. Si ellos deben elegir entre terminar el juego o lavarse los dientes, mil y un veces elegirán el juego. Y esta bien, son niños. O, también sucede que, simplemente se les olvidó (si, otra vez) y cuando les “recordamos”, como no saben cómo zafarse y, por miedo, mienten.  Generalmente reaccionamos con lo mismo lo que nuestros padres hacían con nosotros: los avergonzamos o los castigamos o les quitamos privilegios como “una semana sin tablet” (que no deberíamos dárselas desde un inicio), pero lo único que esto les enseña es que deben aprender a mentir mejor o a esconder bien las evidencias… no a dejar de mentir. Es decir, con nuestra explosión emocional, estamos generando el hecho de que ellos no se sienten emocionalmente a salvo. Recuerda lo que vimos en el curso de Disciplina Sin Lágrimas (si no lo has tomado, tómalo, ¡esta lleno de herramientas efectivas!) cuando nosotros nos enojamos, ellos inmediatamente entran en amygdala y ya no hay nada que los regrese al cerebro superior. Las mentiras son solo el síntoma. NOTA IMPORTANTE: los niños aprenden a mentir a partir de los 6 -7 años. Es cuando ya aprenden a “tomarnos la medida”. Pero a esa edad sus mentiras son de lo más inocentes, no hay nada maquiavélico atrás. “No mamá, yo no me comí el dulce” y ves el envoltorio atrás, sobre el sofá brillando como diamante. Y nuestro miedo es que cuando ellos mienten, van a volverse malas personas y aunque no necesariamente ese será su destino, sí es buena idea aprender a corregir esto, pero de la manera adecuada. ¿Qué debemos hacer después? 2) Cambia tu perspectiva: Tu niño, ahorita, no es mala persona. Es un niño normal. Buscando conexión, apoyo, aliento y un lugar seguro en donde pueda ser él / ella misma. 3) Ten curiosidad sobre lo que pueda estar pasando. Cuando los niños tienen miedo a decir la verdad, ¿cuál es el secreto que están ocultando? Atrás de los secretos suele haber vergüenza, actúa con cautela y mucho respeto. 4) Reconstruye la confianza con conversaciones auténticas. Dile con palabras, tono de voz y actitud, “aquí estoy para ti, quiero saber qué necesitas y cómo puedo ayudarte”. 5) Cambia el ambiente en casa: Creamos esa seguridad emocional que tanto necesitan, es decir, un ambiente seguro para que puedan soltarnos la verdad que sea.  Entonces, imagina (o recuerda) la imagen: “Si me lavé los dientes mamá.” Peeeero, el cepillo de dientes esta seco. No te enojes. Respira y piensa bien qué y cómo lo vas a decir. Agáchate a su nivel visual y con voz amable, puedes decir algo así, “Entiendo que me quieres decir que ya te cepillaste los dientes. Sé que no lo has hecho. Me quieres contar ¿qué fue lo que pasó? ¿Necesitas que te ayude en algo?” Si ya lo has regañado previamente en ese tema, lo más seguro es que te peleé de vuelta, “¡SI ME CEPILLÉEEEEE, MAMAAAAA!” Mantén la calma. Respira.  “Sé que eso no es lo que ha pasado. Vamos a llegar a la raíz del asunto y vamos a pensar en algo que funcione para ti y para mi, ¿te parece bien?” Algo importante de este proceso es mantenernos sin juzgar. Si esta mintiendo, repito, no es por malo, sino por que hay una necesidad importante que no esta siendo cubierta. Nuestro trabajo es escarbar hasta que esa necesidad salga a flote y atenderla. “¿Te gustaría que te acompañe?” o “¿Tal vez no te gusta que te digan todo el día qué debes hacer?” o “¿Qué pasaría si lo hacemos juntos?” o “Probablemente no te gusta el sabor de la pasta dental?” Si te fijas, no se trata de aplicar más castigos ante su “rebeldía”, sino de compasión. Seguridad. Honestidad. Empatía. Validación. Crear el espacio para que se sienta apoyado en la actividad y en su propia familia. 6) Cambia el ambiente. Hay muchas maneras de hacer de lo mundano, divertido. “A mi tampoco me encanta hacer esto. ¡Hay que hacerlo más divertido! ¿Y si inventamos una canción del lavado de dientes?  “Soy un dinosaurio  con mil colmillos,  he comido pillos  que se irán  ¡con el cepillooooo!” Y ya no tendrá miedo porque se esta divirtiendo. Los niños son pequeños mucho más tiempo de lo que aparentan por fuera. Es posible que te pide que lo acompañes o que hagas algo que implica un mayor esfuerzo de tu parte. Siempre es mejor hacer ese pequeño empujoncito, porque si lo analizamos bien, es menor al esfuerzo que requeriría un griterío, castigos, enojos, azotones de puerta y “estoy haciendo todo mal, soy la peor madre del mundo” a las 3 de la madrugada. El acompañamiento, el respeto, la conexión y el juego, siempre funcionan mejor.

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Tips para guiar a nuestros Pre-Adolescentes

Photo by Some Tale on Unsplash Tips para guiar a nuestros Pre-Adolescentes Muchas veces pensamos que, como hemos estado con nuestros hijos todo el tiempo de todos estos años, ya los conocemos. Pero, la realidad (y un poco a nuestro pesar) ellos cambian. Sus opiniones y gustos cambian. Y nuestro trabajo forjando un Apego Seguro debe continuar.  Aquí hay una pequeña lista de cosas que no debemos olvidar y seguir cultivando: 1) Pregúntales sobre sus sentimientos y sobre lo que viven – “¿Cuál es tu clase favorita?” – “¿Qué es lo más difícil que haz hecho?” El objetivo es acercarnos a ellos y realmente conocerlos. Y también darles una oportunidad para ser escuchados. 2) No tomes sus arranques emocionales personales – “Puedo ver que no estas de humor para platicar ahorita, pero aquí estoy para cuando estes listo.” 3) Ayúdales a descubrir quien son y dónde pertenecen – “¿Cuáles son los amigos que te atraen?” – “¿Qué es algo que te gustaría intentar o aprender?” Es primordial NO juzgar –ni sonar como si estuvieras juzgando.  4) Pasa tiempo con ellos cada vez que puedas. Mantente sintonizada a lo que sucede en su mundo. – “Voy a hacer algunos mandados, me encantaría tu compañía. ¿Quieres venir?” El tiempo en el coche es perfecto para conversar. 5) Diles lo que observas. Cáchalos cuando hagan algo bueno. – “Realmente te esforzaste mucho en ese proyecto.” – “Vi que ayudaste a tu hermano. Gracias.” 6) Es posible que se alejen de ti, pero siguen necesitando de tu atención y amor incondicional. – Déjales pequeñas notas en su almohada que digan, “Te amo” – “Me gustaría saber cómo puedo ayudarte, ¿qué ideas se te ocurren?” Date el tiempo para seguirte acercando a ellos. Esta etapa, al igual que las otras, van a pasar y queremos estar ahí bien presentes, conociendo, acompañando y apoyándoles. “Durante la parentalidad es crucial darse cuenta que no estas criando a uni mini-yo, sino un espíritu palpitando su propia firma.”  Dra. Shefali

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6 maneras de proteger mi energía como Persona Altamente Sensible.

6 maneras de proteger mi energía como Persona Altamente Sensible. Las HSP (por sus siglas en inglés o Personas Altamente Sensibles en castellano) solemos tener un almacén de energía que se vacía muy fácil y rápidamente. Basta con una mañana ajetreada para ya no funcionar bien en la tarde… y no se diga de ¡un fin de semana pesado! Aquí hay una pequeña lista de cosas que podemos hacer para proteger nuestra energía: 1) Me doy permiso para darme por vencida en lo que ya no funciona. Esta bien ser resilente y seguir tratando cuando vemos que algo funciona y tiene un buen futuro. Esta bien, también, tomar descansos en lo que procesamos unas mejores maneras de abordar el asunto. Pero si ya vimos y comprobamos que ya se perdió, que no funciona, que no tiene futuro… esta bien dejar de perder energía en ello. Es sabio, incluso. 2) Me puedo tomar tiempo para responder a mensajes no urgentes. Podemos checar nuestros teléfonos tres veces al día. Todo lo demás es puro estrés y gasto de energía. Si hay algo urgente, bueno, pues se atiende, claro. Pero si puede esperar, que espere. 3) Puedo ser “no-productivo” o no tomar más responsabilidades. El “no–productivo” esta entre comillado, porque, en este siglo si no estamos trabajando los 1,440 minutos del día se considera una pérdida inútil de tiempo. Los HSP necesitamos descansar. Es imperativo ser no–productivo en algún momento del día, salirnos al jardín a ver las nubes pasar, por ejemplo. Y si para darnos este tiempo tan necesario de recuperación implica no aceptar más responsabilidades, pues, adelante. Tú conoces tus limites. 4) Paso menos tiempo con familiares que drenan mi energía. Si ir a ver a tus tías te toma dos o tres día de recuperación, hay algo que no está bien. O no las vayas a visitar tan seguido, o, si no te puedes zafar, ve durante menos tiempo. Invéntate una cita inamovible (con tu sofá). 5) Puedo no ayudar, o no alcanzar las expectativas y/o decepcionar a la gente. Cuando en el cole de tus hijos se esta organizando un Evento y piden la ayuda de las mamás, “levante la mano quien puede ayudar” … las HSP solemos escondernos abajo de la silla. Y esta bien. Si quieres ayudar hazlo dentro de tus propios limites. O ten consciencia de que te tomará algunos días para reponer energía. 6) Aviso a mis amigos y familiares cercanos cuando ya no tengo la capacidad de estar totalmente presente. A veces, después de tener una semana llena de cosas, y nuestra taza de la tolerancia esta explotando y nuestra amiga sigue contándonos todos los pormenores de lo que su Ex le dijo, haciendo bizco le podemos decir, “Disculpa hermosa, hace diez minutos dejé de entenderte, estoy cansada. ¿Y si mejor nos vemos otro día?” Entiendo perfectamente que esto puede sonar bastante controversial, pues estamos rompiendo las reglas de “lo que debe ser” afuera. Pero estamos cumpliendo “lo que debemos hacer” adentro. Para nosotros mismos. Puede sonar egoísta, pero, en realidad, se trata de llenarnos de energía para poder estar bien para los demás. Si nosotros estamos drenados, andamos del peor humor y todo nos sale mal. Es totalmente contraproducente. Es mejor poner limites, hacer lo sano para nosotros, estar contentos y toda nuestra familia nos lo agradecerá aún mas.  La sociedad no nos va a dar el permiso para ser así, lo tenemos que tomar nosotros. A decir verdad, esta lista, también, puede darnos un enorme alivio. “Puedo darme el derecho a Ser como Soy… (*suspiro*)”

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Qué hacer cuando los Acuerdos que hicimos con nuestros hijos, No Funcionan.

Qué hacer cuando los Acuerdos que hicimos con nuestros hijos, no funcionan. Cuando mi hijo decidió romper su parte del acuerdo entre en una verdadera crisis. “¡¡¡¿¿¿C-c-c-como???!!!” “¡¡¡¿¿¿P-p-pero p-p-p-orqueeee???!!!” En mi mente de adulto creía que si ya habíamos hecho un acuerdo, sí o sí tenía que cumplirlo. Había sido mi método perfecto para llevar la paz y ahora que dejó de serlo, no sabía qué hacer, ni porqué, ni cuándo, ni cómo. Cuando los niños rompen su parte del acuerdo no es que sean irresponsables, crueles, maquiavélicos ni malos niños. Pueden ser varias razones: 1) Simplemente están probando sus límites. “¿Hasta dónde puedo llegar?” 2) Están llenando su Cubeta del Control, parte no-negociable del cerebro humano, –si no sabes de qué hablo ¡toma el curso de Disciplina Sin Lágrimas! 3) Cumplir su parte del acuerdo les está haciendo daño (ej: forzarse a comer cuando ya no tienen hambre) 4) De momento pensaron que iban a poder cumplir, pero a la mera hora no pueden o no saben cómo (ej: una tarea del cole que no entienden cómo hacerla) 5) Están demasiado cansados como para exprimir energía para, por ejemplo, limpiar su habitación. Parte de la parentalidad autoritaria que queremos tener con nuestros hijos, implica escucharlos, saber la razón por la cuál no están cumpliendo, hacer valer su voz y punto de vista y ceder en algunas de nuestras costumbres o expectativas. Para esto sirve mucho hacer acuerdos. Hay un artículo en mi página web que explica qué es y cómo se hacen. Pero básicamente se reduce a: Yo cedo en “x” y tu en “y” y nos encontramos a medio camino. Yo cedo en tener toda mi casa ultra limpia y el hijo cede en ordenar sus juguetes. ¿Va? ¡Va! Peeeeero… muchas veces alguna de las partes no cumple su parte. Nosotros los adultos creemos que por que ya dijimos las cosas, los niños ya entendieron. Y no. De ninguna forma. No hay manera, son niños, su psique, su experiencia, sus neuronas no dan el largo y ancho de nuestras expectativas. No hay forma. Y entonces, posiblemente después de jugar, ya es tarde y “olvida” acomodar y recoger. Cuando mamá le recuerda, hay pleito. “Es que ya estoy cansado”, “¿Porqué yo?”, “No quiero” Y ahí es cuando ya no sabemos qué hacer, ¿cierto? Queremos dejar de hacer acuerdos porque creemos que no están funcionando.  Sigue leyendo, aquí encontrarás respuestas. En lugar de tirar a la basura una magnífica herramienta súper efectiva y empoderadora, es mucho mejor, esperar, tomar una pausa (puede ser de varias horas o incluso días) y ya en nuestro centro, sentarnos a dialogar. Investigar. Analizar. Replantear. Y ahí es cuando 1) entendemos su perspectiva 2) nos mantenemos firme en lo importante 3) explicamos 4) re-negociamos 5) rompemos Cualquiera de las cuatro razones mencionadas arriba son suficientes para meter a un niño en Modo Sobrevivencia, su amygdala se activa y dejan de ver… bueno, dejan de ver todo y también las ventajas de hacer acuerdos. Por eso es importante dejar pasar tiempo, que se enfríen las emociones, salir de amygdala y después, hay que explicárselos.  Es decir, este “mal comportamiento” en realidad es la invitación a más diálogo y más acuerdos. 1) Entendemos su perspectiva  “¿Porqué has roto tu parte del acuerdo, quiero entenderte?” Y te pueden responder con cosas como, “No entendí qué querías de mi.” “No super cuál era mi parte.” “Pensé que podía hacerlo, pero no…” “Pensé que iba a ser más fácil, pero a la mera hora, no supe cómo…” 2) Nos mantenemos firme en lo importante “Puedo entender tu punto de vista. La escuela no es negociable. En cambio con ‘x’ sí podemos negociar.” Recuerda, temas de salud, seguridad, integridad, ética NO son negociables. 3) Explicamos  “Mi idea de hacer acuerdos era mantener la paz, pero como haz decidido no cumplir con tu parte, pues de nada me sirve porque nos peleamos de todas formas.” “Mi idea es hacerte partícipe de las decisiones de la familia…” 4) Re-negociamos o nos abrimos a nuevas ideas “No haré acuerdos contigo esta semana porque has roto los que hicimos.” “Si a ti se te ocurre otra forma de solucionar el problema, yo encantada de escucharte. No me tienes que responder ahora, piénsalo un par de días y luego volvemos a platicar.” “El reto / asunto es X ¿Cómo le vamos a hacer?” “¿Qué va a pasar si no cumples este acuerdo nuevo? Quiero que tú establezcas la consecuencia.” Esta es una parte genial porque ellos son los que se hacen responsables del siguiente paso y las siguientes ideas. Debo admitir que son ¡fantásticas! 5) “Tú eres más importante que el acuerdo.” Hay veces que tenemos que romper los acuerdos, como cuando nuestra integridad, nuestra seguridad, nuestra felicidad están en juego. Por ejemplo si estamos en un mal matrimonio, o si le hemos prometido algo a un amigo y nos damos cuenta que esta metido en algo ilegal… hay momentos que debemos ponernos como prioridad. Hay veces que nuestros hijos van a romper el acuerdo, cuando están demasiado cansados, o cuando les duele, o van en contra de sí mismos. Y esta bien. Esta es una lección muy MUY importante de enseñar, “No por haber hecho un acuerdo de “ser los mejores amigos de por vida” significa que te tienes que aguantar estupideces. De ninguna manera. Tu felicidad, tu integridad, tú como persona eres más importante que cualquier acuerdo.”  En un caso sencillo de, “Mamá, sé que te prometí limpiar mi habitación, pero no puedo cumplir porque estoy demasiado cansado” debemos estar abiertos a recibir esto. La consecuencia previamente pactada se aplica amorosamente. Pero debemos aceptar que su integridad va primero SIEMPRE. Si, se vuelve un ejercicio constante de «estire y afloje». Al mismo tiempo, los beneficios son increíblemente buenos. Además, ¿qué no hacemos eso todo el día en el trabajo? “Todo en la vida es una negociación”, dice un amigo muy querido. No creo que “todo”, pero sí una gran parte del éxito. Porque es a través de esta negociación que están aprendiendo a ser inteligentes, pensantes, creativos, responsables, están sacando su temple y su personalidad a brillar. ¡Es una belleza! ¡Síguelo poniendo en práctica!

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Tips para Maestras de Niños Altamente Sensibles

• CÓMO GUIAR A LOS NIÑOS ALTAMENTE SENSIBLES EN EL SALÓN DE CLASES TIPS PARA MAESTRAS • El 15-20% de tus alumnos es HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensible en Castellano). Aprende cómo es el rasgo, sus 4 características e implicaciones. • Observa sus diferencias temperamentales y el efecto que esto tiene en su forma de aprender. • El comportamiento de un HSP, al ser genético, no se puede cambiar. • Observa quién puede ser HSP y confírmalo con sus padres. • Trabaja de cerca con sus padres, –por observaciones, ideas, estrategias y comparación de comportamientos. • Consulta con maestras anteriores para aprender estrategias que han funcionado en el pasado. Es vital que encuentres un ambiente adecuado que vaya de acuerdo con su temperamento. • Observa el nivel de estímulo en tus HSP. La prevención es la mejor estrategia. • Permite que el HSP se integre a su propio ritmo. Pueden ser meses. • Invítalos a que participen. Solo invita. Ten la seguridad de que cuando se sientan seguros van a compartir mucho. Se vuelven los alumnos más creativos y animados. • Alaba y califica –sólo sus esfuerzos. Aplica ejercicios que trabajen ambos hemisferios del cerebro. Ej: pon música que evoque emociones (la música de películas es genial para eso) y pídeles que dibujen lo que sienten. Entre más feo quede, mejor. • Encuentra un balance entre empujar, motivar y proteger.  • Espera al momento adecuado para pedirles que ejecuten.  • Prepáralos en etapas o encuentra una alternativa equivalente. Observa en cuáles aspectos esta adelantado y en cuáles esta atrasado (Ej: puede estar académicamente de 10 y socialmente de 5) Hazles preguntas para que tomen decisiones simples y para que sepan que su voz y votos son válidas • Si te das cuenta que los HSP ya no están entendiendo nada, es momento de: ¡TOMAR UN DESCANSO! Mejorará su desempeño en clases. • Tu atención, aunque bien intencionada, puede aumentar el nivel de estimulación del HS. • Divide las tareas en pequeños pasos. • Avisa con anticipación cualquier cambio de rutina. • Adapta tu evaluación según los temperamentos. Por naturaleza, los HSP tienen más información que procesar y eso toma tiempo y una mente relajada. Lo mismo sucede al recuperar la información. Encuentra una variedad de formas para demostrar lo que han aprendido. • Durante un “berrinche” Reconoce que ciertos comportamientos no deseables pueden ser por sobre estimulación temporal o crónica, (distraído, adormilado, olvidadizo, desmotivado, ansioso, deprimido, tímido, emocional, llorón, irritable, hiperactivo o ‘distraíble’ como si tuviera el síndrome de déficit de atención, o incluso agresivo). • Puedes decirle algo así al niño: “Tal vez te serviría tomar un tiempo en el área de lectura. Cuando te sientas sobre estimulado, dime por favor antes de que te pongas tan alterado.” • Nunca uses métodos de disciplina duras con un Altamente Sensible Cuida mucho tus palabras y métodos correctivos • Si los regañas, castigas o avergüenzas, se van a acordar del estrés y lo van a asociar contigo, pero tendrán muy poca memoria sobre la información que querías que aprendieran. • Funcionan más los recordatorios gentiles y en privado. • Dales tiempo y espacio para resolver las cosas por sí mismos. • Ayúdalos con cualquier dificultad social • Si, por varios días seguidos, se ven ensimismados, aislados, rechazados, burlados o ‘bulleados’, considera intervenir y avisa a otros maestros y sus padres. • HSP son más lentos en hacer amigos y pueden necesitar ayuda. • HSP son felices con solo un amigo.  • Enseña respeto y aceptación para y por todos. • Sé creativa, porque ellos lo son • Artes visuales, periódico escolar, teatro (backstage) • Ejercicios para escribir o problemas inteligentes para resolver. • Literatura con temas morales complejos o temas emocionales. • Jardinería o mascota. • Permite que los HSP ayuden a otros estudiantes. • ¡JUEGA! • Guía y reconoce sus habilidades excepcionales • Sufrirán si no encuentran un escape para su auto-expresión. • Invítalos a actividades que se orienten hacia la belleza, la justicia social, la experiencia espiritual, las causas del medio ambiente, emotividad profunda, poesía, danza, artes visuales, actuación, fotografía, y escritura. • Planifica para evitar estímulos innecesarios • Observa y analiza el ambiente del salón desde la perspectiva de un HSP. • Cambia a actividades más tranquilas, ofrece opciones, hagan actividades en silencio, acuerdos previos, crea una “esquina tranquila para lectura”, dales una tarjeta para que soliciten tu ayuda cuando la requieran. • Debido al Procesamiento Profundo, necesitan más tiempo para aprender una lección. Repite las instrucciones en privado si lo necesita. Fuente: The Highly Sensitive Child Elaine Aron PhD ® Derechos Reservados Traducción: Carmen Geraud

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6 tips para Evitar Traumas en este Regreso a Clases

¿Cómo apoyar a tu hijo Altamente Sensible en este regreso a clases? Llevamos más de un año diciéndoles a los niños que hay un virus terrible acechando por el mundo y que deben quedarse en casa. Muchos niños HSP estaban ultra felices en casa, aunque no veían a sus amigos, se ahorraban el salir corriendo, una cantidad espeluznante de estímulos y usar el uniforme que pica, el lunch aguado, los gritos de la maestra… Ahora los estamos llevando al cole. Y ellos están aterrorizados. No quieren, se cuelgan del cuello de mamá, lloran, hacen “berrinche”… y es totalmente natural. Comprensible. Y lógico. Estamos hablando de niños neurológicamente programados para la sobrevivencia. Ir al cole no es un lugar cien por ciento seguro. Son niños que han sido asustados y que, si de por si, viven en Modo Sobrevivencia ¿te imaginas cómo se sienten ahora? Posiblemente, después de jaloneos y extorsiones de todo tipo, acepten entrar a las instalaciones… pero eso no significa que estén de acuerdo o que la vayan a pasar bien o que aprendan algo. Recuerda que cuando una persona esta en Amygdala, solamente funciona el modo de: huir, atacar, congelarse o desmayo.  Ya trató de huir pegándose a tu cuello. Ya trató de atacar haciendo “berrinche”. Es posible que durante las horas en el salón esté totalmente congelado. Esperemos que no se desmaye. ¿Cuántas matemáticas le puedes meter a un hielo? Pero… entonces, ¿qué podemos hacer? Ufff… ya sé. No está fácil. Tu hijo (en edad de kinder o primaria) no puede abogar por sí mismo. Simplemente no tiene la capacidad neuronal para hacerlo, ni la experiencia, ni la voz para hacerse valer por si mismo. Bueno… tal vez si. Pero, generalmente, no. Entonces nos va a tocar a nosotras hablar por él / ella. ¿Qué podemos hacer? Aquí te va una lista de 6 tips. 1) Escucha a tu hijo. Comprende su perspectiva. Sus sentimientos. Sus angustias. Sus miedos. Todo eso es Real y Válido. Toma notas, piensa muy bien –en base a lo que te dijo– qué y cómo lo vas a ayudar. 2) Sal de tu zona de confort. Si eres mamá HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensible en castellano) todo esto nos puede dar una flojera horrible. A mi me da hasta un poco de terror. Las caras incrédulas de los maestros, las expresiones de “yo soy la profesional, usted solo es una mamá sobreprotectora”, la respiración pesada y la desesperación “¿ya se va señora?” Ay, no, no. Te–rror. Pero (*suspiro*) si mi hijo me necesita ahí estaré, con la bandera de ¡Viva los HSP! Y educando. Recomendando sitios web, libros y artículos. Si tu hijo está en una escuela abierta a escuchar y aprender, ¡sigue adelante! 3) Haz equipo con la maestra. Explícale, «Mi niño es Altamente Sensible y esta asustado. Le serviría mucho sentirse contenido, escuchado y seguro. Sé que tienes muchas herramientas para lograrlo.» Finalmente ella es la que está con tu hijo un montón de horas y su influencia sí le afectará. 4) Lleva soluciones o ideas. No se trata de que le lleves todo solucionado pero, ideas. Ideas que tal vez le puedan servir. Para que ella no se sienta sola y que sepa más o menos por dónde y cómo ayudar a tu pequeño. Hay una lista de 20 tips para maestras escritas por Elaine Aron PhD, traducidas por mi. Si la quieres, aquí esta. 5) A veces nos tenemos que volver “esa madre horrible” Sobre todo cuando no hacen lo que les pedimos, por ejemplo que lo regañaron super feo porque “no estaba poniendo atención a la clase” (Repito, ¿cuánta atención puede poner un hielo?), porque es la sexta vez que te mandan llamar y tú no lo haz llevado a la terapia de TDA (pues, porque no tiene TDA). Y un largo etcétera de situaciones complejas y engorrosas. 6) Puedes, finalmente, si nada funciona, cambiarlo de escuela. En otros países no existe esta posibilidad así que aprovecha que aquí sí. Si ya buscaste por todos lados y no encuentras lo que necesitas, ya hay escuelas que hacen Home Schooling, es decir que te apoyan con la investigación, programas, estructuras, te envían el material y un montón de cosas para que tus hijos desde casa, puedan salir adelante académicamente. O puedes contratar una Tutora que vaya a tu casa. Hay un montón de herramientas y opciones ahora.  El objetivo es que tu hijo esté sano (recuerda que el estrés enferma a su cuerpo), que se sienta apoyado, tomado en cuenta, escuchado, visto y aceptado como es. Y ese trabajo empieza con nosotros.

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Comentarios que no ayudan a la mamá de un Niño Altamente Sensible…

Comentarios que no ayudan a la mamá de un Niño Altamente Sensible… 1) ¡Lo sobreproteges demasiado! 2) ¡Debes fortalecerlo! 3) Si no lo forzas, nunca se atreverá. 4) Debes acostumbrarlo al los gritos y el jaleo. 5) Es así por tu culpa y tu manera de criarlo. 6) ¡Exageras! Lo que le pasa a tu hijo le pasa a todos y todos están bien. Y nos lo dicen toooodo el tiempo. Si además nosotros somos HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensible en Castellano) también, pues sí nos afecta y entramos en duda, conflicto interno y ya no sabemos qué hacer. Por eso es tan importante que sepas bien cómo funciona el cerebro Altamente Sensible para que sepas cómo educar bien a tu hijo y tengas todas las herramientas para ignorar las opiniones de los demás. 

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Decir «adiós» no es fácil para un Niño Altamente Sensible

Decir “adiós” no es lo más fácil para un Niño Altamente Sensible Puse semillas en una maceta y nacieron. Las plantitas con el tiempo se han convertido en 7 arbolitos de aguacate. Y pues… obviamente ¡ya no caben! Mi jardín es pequeño y no tengo el espacio. Llevo tiempo buscándoles una mejor casa y padres amorosos. El pasado domingo, platicando en el mercado, quedé con un señor de dárselos. Tienen 4 hectáreas, dos parcelas llenas de frutas y verduras 100% agro-ecológicas. Todo iba bien; yo me sentía feliz de haberles encontrado un espacio grande, amoroso y sin pesticidas. Peeeeeero… Mi hijo Altamente Sensible estaba mal. Triste. Acongojado. Preocupado. Fatal. El problema es que no me lo dijo. Y yo no me di cuenta. Cuando intuí qué sucedía, le medio expliqué, “Es que si se quedan aquí en las macetas, se van a morir. Necesitan espacio y aquí no lo tenemos.” Y pensé que eso era suficiente. El día de la entrega hizo todo lo mal que pudo: no se vestía, no desayunó bien, no se ponía los zapatos, no se subía al coche, no se abrochaba el cinturón… Ya tiene 9 años, ya sabe lo que hace y las consecuencias de sus acciones; simplemente no quería llegar y lo aplazó todo lo que pudo. Y yo, que no entendía. Al momento de entregarlos, se interpuso, no me dejaba caminar. Pero el señor llegó, estaba muy, muy feliz de verlos. Ya tenían planes de en dónde los iban a sembrar y me platicó todo con detalle. Al despedirnos me dijo, “Los vamos a invitar un día a que vayan a ver a sus arbolitos, van a estar en medio de las dos parcelas, tenemos naranjos y limones. Van a estar muy contentos. Luego nos ponemos de acuerdo, ¿les parece bien?” Yo me sentía brillar de la emoción, me despedí de mis “bebés” y luego nos fuimos a jugar mi esposo, mi hijo y yo al parque.  “¿Por qué has estado de mal humor toda la mañana?” le pregunté. Honestamente no tenía idea. “Ya lo pensé bien mamá y qué bueno que sí dimos a los arbolitos. Yo creía que nunca más los íbamos a volver a ver, pero si podemos ir al rancho, visitarlos y verlos crecer, esto sí me gusta.” Recibí su alegría como una cubeta de agua helada. ¡Ay la “empática” madre! En realidad se me fue el patín; viví esta experiencia como adulto y esperaba que mi hijo la viviera igual. Los adultos nos regimos con “explicaciones que debes de entender”. Los niños se rigen con “emociones que debo vivir”. Para él los arbolitos eran como hermanos y el dolor de no volverlos a ver, le era demasiado fuerte. Aunque se fueran a un mejor lugar, no importa. Las razones, no importan. No es cuestión de entender. Su dolor y angustia –en SU perspectiva de niño– eran lo importante. Siempre debemos liderear con empatía… siempre. Finalmente los niños siempre son nuestros mejores maestros y entender su cariño hacia las cosas –las plantitas– es importante. Despedirse para un Niño Altamente Sensible, nunca es fácil. Les puede costar trabajo separase de ropa que ya no les queda, juguetes rotos, envolturas de golosinas, a veces hasta de sus uñas y cabello. Si hablamos de otros seres vivos, pues más. ¿Qué podemos hacer en casos similares? Ofrecer disculpas. Hablar desde el corazón. Crear nuevos planes. “Lamento mucho que no me di cuenta de tus sentimientos y debí. ¿Me puedes perdonar?” “Si.” “Si pudieras decirle algo a tus arbolitos, ¿qué les dirías?” “Que los quiero mucho.” “Decir “adios” nunca es fácil. Se siente tristeza y esta bien que la sientas.” “Okey…” Aprender a decir “adiós” es una lección importante en la vida, aunque nunca nos acostumbraremos. El “adiós” no puede venir desde el raciocinio, sino desde la emoción. Y es una emoción dolorosa que hay que trascender –a base de quedarnos ahí– hasta que se transforma. En estos días nos hemos dedicado a seguir trabajando en nuestra jardinería. En verdad, mi jardín parece selva y ¡mas con las lluvias! Tenemos un higo que era una ramita –ah! pues el que aparece en el libro de Luna y el Secreto de los Árboles – y ahora ¡esta enorme! El saber que vamos a plantar más, le reconforta. Cuando vayamos a ver a los hermanitos grandes y guapos, les comparto la foto. 

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Cómo sobrevivir a las personas tóxicas

¿Qué pasa con la gente tóxica? Un análisis de las personas tóxicas, cómo nos afectan y qué podemos hacer para sobrevivirlas. Había una vez una niña, llamémosla Daty (el nombre ha sido totalmente inventado) cuyos padres se peleaban entre ellos todo el día, toda la noche y toda la tarde… Por si sí y por si no. Por si hizo y por si no hizo. Por si dijo y por si no dijo. El pique entre sus papás era tal que ignoraban a Daty totalmente. Ella tenía dos opciones o callarse y desaparecer, o, gritar más fuerte que ellos para lograr llamar su atención. Por motivos de sobrevivencia, desarrolló la segunda técnica. Aprendió a llamar la atención a como diera lugar, por si sí y por si no. Por si hicieron o por si no hicieron. Por si dijeron y por si no dijeron. Con los años se volvió gritona. Molesta. Manipuladora. Víctima. Broncuda. Controladora. Llama a las tres de la mañana para contar su versión de por qué es una víctima y suele llenar sus argumentos absurdos de puras mentiras.  Ella aprendió a sobrevivir de esta manera. Eso le enseñaron sus papás. La única forma que ella conoce para conectar con otro ser humano es a través del drama y el conflicto, pues básicamente, es lo que aprendió. A dónde va y con quien va, se queja de absolutamente todo. No hay un instante de paz, ni gratitud, ni paciencia, ni contentamiento. Es gente que enferma el aire que toca. Es gente que enferma a familias enteras. Produce cualquier cantidad de rupturas, conflictos y mucho, mucho dolor. Por eso se llaman tóxicas. Hacen mucho, mucho daño. Generan trauma físico, emocional y mental. Es la manzana podrida que llega a echar a perder todo y en nosotros depende si lo permitimos, o no. A las Personas Altamente Sensibles nos dan en la puritita torre. ¿Porque? Debido a nuestra empatía podemos ver su dolor. Podemos entender de dónde vienen y sus intenciones reales de ser vistas, escuchadas y amadas. Es gente que pide a gritos un resto de amor. Pero esos “gritos” son tortura china. Por un lado los queremos ayudar y rescatar –y, posiblemente lo intentemos durante un tiempo. E incluso, les creemos todas sus mentiras y perdemos el sueño tratando de ayudarles. Pero llega un momento de “Mmmh… ¡espera un momento…!” Cuando empezamos a ver a nuestra salud toda deteriorada (ya sabes, colitis, gastritis, migrañas, gripas, falta de energía, confusión, sobre-saturación, líos sin sentido y un largo etcétera), empezamos –si somos conscientes– a cuestionar ¿qué tanto vale la pena esa persona en nuestra vida? Por un lado decimos “pobrecilla” y por el otro decimos “¡#%/&*** Daty, que se vaya al ***#%!” Si, gente así nos afectan de una manera corrosiva. Lo vemos, lo entendemos, lo sentimos, lo vibramos y… ¿y luego? ¿Qué podemos hacer? Cuando estamos en esa encrucijada tenemos que tomar decisiones muy poco ortodoxas.  1) Una es afuera de nosotros: ¿Con quién vamos a quedar bien: con la sociedad y Daty o con nosotros y nuestros hijos? ¿A quién voy a arriesgar, a ella que no le interesa encontrar remedios, o, a nuestra salud, la salud de nuestra familia y de nuestros hijos? Tenemos que analizar, ¿qué le esta enseñando esta persona a mis niños? ¿Quiero que aprendan eso? ¿Les voy a enseñar que esto esta bien y que es normal? ¿O les voy a enseñar que nuestra felicidad, que nuestra salud física, emocional y psicológica es lo más importante del mundo? Les vamos a enseñar que poner limites de gente tóxica –sea quien sea– no es bienvenida en nuestro espacio vital (… y sí, eso incluye el celular, llamadas, mensajes, whatts, chats, redes sociales). 2) La otra es adentro de nosotros: ¿Qué viene a enseñar esta persona a mi vida? ¿Para qué vino? ¿Qué debo aprender y / o tomar de estos momentos? ¿Cómo lo integro? Como todo en la vida tiene su para qué, hay que analizar esa parte. Tenemos que poner  m.u.c.h.o  c.u.i.d.a.d.o  en dónde ponemos nuestra atención y energía. La gente tóxica esta llena de mañas para generar conflicto, si yo caigo (aunque sea para defenderme), ella gana. Tenemos que ser más listos. Lo opuesto al amor, no es odiar. Sino el ignorar. Las Personas Altamente Sensibles no podemos ignorar, aunque queramos. Debido a que detectamos todas las pequeñas sutilezas, y gente como Daty están llenas de micro-detalles que componen una montaña realmente interesante de observar. Los HSP (por sus siglas en inglés, o Altamente Sensibles en español), no podemos dejar de analizar, aunque nos noqueemos con un bat en la cabeza. Y tampoco podemos dejar de sentir; toda su toxicidad, nos provoca un oleaje de emociones una más opuesta y contraria que la otra. Todo lo anterior nos sobre–satura y nos enferma físicamente. Es un juego de perder – perder. O los perdemos a ellos, o nos perdemos a nosotros mismos. No hay más. ¿Qué podemos hacer?  El único remedio que conozco es: la distancia en todos los sentidos. Bloquearlos y sacarlos de nuestras vidas en todos los sentidos posibles. Física si es posible, poner metros o kilómetros de por medio. Psicológica: para evitar que su tormenta nos lleve al tornado, no tomemos llamadas, ni recados, ni mensajes.  Emocional: no aceptemos el drama provocado intencionalmente ni durante el tiempo libre, ni en la soledad, ni en pensamientos. Es gente que nos meten en encrucijadas interesantes. En lo personal, me he dado cuenta que no tengo la fuerza, ni la objetividad ni el sentido del humor como para juguetear con la situación. Me afectan mucho más de lo que yo quisiera. Me drenan, me exprimen, pierdo el sueño, la vitalidad, la paz interior. Y finalmente, ya me dan flojera. Ya entendí que gente así no hay manera de ayudarles, que intentarlo, aunque es noble, es imposible. Podrían ellos encontrar la felicidad en su vida si les interesara, pero como se alimentan del drama, pues ni cómo. No les doy la importancia que se dan –porque no la tienen– y tampoco les veo el sentido en dejarlas en mi circulo vital. ¿Cuál es mi invitación? ¡Toma tu fuerza!  Aprende a PONER  L.I.M.I.T.E.S. Cuando el personaje Daty es una amiga, es más fácil mandarla al cuerno, “Uy, tengo mucho que hacer, deja me organizo y te llamo.”, “Perdón no te pude tomar la llamada, uy, me está entrando una llamada importantísima, ¡bye!”, “¿No te contesté el mensaje? ¿Segura? Bueno… luego… ¡bye!”  Cuando se trata de un familiar se complican las cosas un poco más. “¿Sabes qué? Me encantaría poder platicar, pero tengo mucho trabajo. Te quiero y te querré siempre.”, “Ha llovido un montón, ¿verdad? Te mando un beso, gracias por todo.También te extraño.”, “Agradezco de corazón todo lo que sí me diste, te puedo perdonar y amar –en la distancia.” Peeeero, cuando es la pareja de un familiar, un padrastro / madrastra… suegr@, cuñad@, concuñad@, cuando no podemos obligar a nuestro familiar a que la corte, ahí sigue su presencia y, aún a pesar de nuestros esfuerzos, nos tocan todos los tsunamis del huracán Daty, ahí se vuelve un caso casi imposible. No hay manera de correrla. No hay manera de vivir con ella. Todo lo que digamos podrá y será tomado en nuestra contra. Y nada, nada, nada funciona. Si hacemos, malo. Si no hacemos, malo. Si decimos, malo. Si no decimos, malo. ¿Qué queda? Sácale la vuelta, “Buenas tardes, qué calor / frío / humedad hace. Voy al jardín a cuidar a los niños / perro / perico. Con permiso.” No le preguntes “¿Cómo estás?” no vayas a darle pie a que te agarre. Si se empieza a acomodar, “Ay, Daty, discúlpame, tengo que checar mi Instagram urgentemente.”  Si nuestro familiar se empeña en meter a fuerzas a esa Daty a la familia podemos hacer solo dos cosas: o aceptarlos a los dos, o rechazarlos a los dos. Las dos opciones duelen. Las dos rompen. Las dos apestan, porque lo tóxico enferma.  Una vez escribí un artículo sobre la “administración de carajos”. Encuéntralo en mi página web. Explica muy bien cuando decimos “No me alcanzan los carajos para gente así.” ¿Qué podemos decirnos a nosotros mismos sobre Daty? “Es una persona con mucho dolor, que finalmente también es un agente de la vida y hace lo que tiene que hacer, pero no por ello, debo permitir que nos haga daño. Le pido a la vida que la ilumine. Me retiro sin juzgar, ¡adiós!” Y finalmente, sugiero que dirijamos nuestra energía a algo creativo y empoderador. Dediquémonos a lo nuestro y protejamos a nuestros hijos a como dé lugar. ¿Fácil? Oh… de ninguna manera. ¿Vale la pena? Cada segundo. ¿Qué eliges hacer?

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Qué hacer en este regreso a clases

¡Uf! Con tanta incertidumbre nadie sabe qué va a pasar y hay mucha ansiedad en el aire. Tus hijos Altamente Sensibles, seguramente también lo sienten. Tal vez sienten mucho miedo, ansiedad, preocupación… y posiblemente su diálogo interno no sea el ideal. ¿Qué podemos hacer? Aquí tienes 6 tips: 1) ¡Escúchalos!  Muchas veces nosotros asumimos que sienten “x” y que es por “y” razón. Y muchísimas veces nos equivocamos. Invítalos a platicar contigo en un ambiente de mucha contención. Una vez que ya te soltaron toooodo, si lloran esta perfecto y, una vez que ya lloraron a gusto y que ya empezaron a volver a respirar podemos avanzar al siguiente paso: 2) Habla con ellos. Explícales que nuestro cerebro esta programado para conservar nuestra sobrevivencia y protegernos. Conocer a nuestro cerebro a veces es suficiente para saber por qué nos sentimos como nos sentimos. Es la mente. No la realidad. 3) Empatiza. Es importante escuchar a los sentimientos, al mismo tiempo, es necesario separar los hechos de las historias. Los hechos son la realidad, las cosas que sucedieron tal cual sin interpretaciones. Las historias es lo que la mente nos cuenta, suelen estar llenas de fantasía, cosas terroríficas y finales tristes. Las historias crean emociones… las emociones crean estrés y ansiedad. Enfrentar a la vida con estos lentes, no es lo ideal. 4) Si tu estás nerviosa e insegura, ellos van a sentirse nerviosos e inseguros. Si no estás segura al 100% de enviarlos al cole, hay opciones de quedarse en casa y seguir con lo virtual o de contratar una tutora que vaya a casa. El objetivo es estar tranquilos todos porque el estrés debilita al sistema inmune. ¿Cuánta gente se ha enfermado solo de puro miedo? 5) Regresa a la rutina. Durante este año hemos estado con los horarios por ningún lado. Si ya vas a regresar a la rutina, empieza desde una semana a antes.  Empieza a reducir tiempo de pantallas, inicia el ritual de la noche con mucho tiempo y a la camita temprano. ¡No te esperes hasta el último domingo en la noche! 6) Practiquen sin presiones. Es decir, jueguen a pretender. Pretendan alistarse en la mañana, poner un reloj y correr como si tuvieran que romper un record durante varias mañanas hasta tener la carrera bien dominada. Pueden ir al cole y revisar el tiempo de llegada. Pueden ir al patio, ver cómo es y los juegos que tiene.  Recuerda que el rasgo de la Alta Sensibilidad existe para buscar la sobrevivencia. Esto hace que nuestra vida, en épocas de pandemia, sea un poco más estresante de lo normal. La idea es calmarnos y calmarlos. Hacer todo lo necesario para que estemos tranquilos. Y si ya hiciste todo y aún no estás bien segura, busca otras opciones.  Les puedes decir algo así, “No sabemos bien a bien qué va a pasar, pero de momento vamos a intentar este plan. Si vemos que no nos sentimos a gusto o que no funciona, pues cambiamos ¿te parece bien?” Es necesario que tus hijos encuentren en ti una base segura, honesta y tranquila.  Tú te necesitas a ti misma segura, honesta y tranquila.

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Después de la muerte de un Ser Querido

Posiblemente, a raíz de la pandemia has perdido a un Ser Amado… y tienes toda la cabeza y el corazón revuelto. Así estoy yo, al menos. La muerte es algo surreal para los que nos quedamos y no sabemos cómo interpretarlo. La cabeza dice, “Así decidió la vida y… Ya estaba muy enfermo… le dí flores y regalos mientras vivía… hice todo lo que estuvo en mi… no me arrepiento de nada…” El corazón opina todo lo contrario, “Pero ¿por qué se tuvo que ir? ¿A quién le echo la culpa? Pude haberle dado más… tantas tardes viendo la tele, debí de haber ido a su casa… ¿Cómo es que ya nunca más lo voy a volver a ver? ¡Esto apesta! ¡Maldita sea!” Y luego nos enfermamos de una gripa horrible o una migraña que nos tumba varios días. Bueno… si estas pasando por algo parecido, te acompaño en tu dolor. No es fácil. Léelo otra vez. No Es Fácil. ¿Qué podemos hacer para salir un poquito más airados de este proceso? Para superar situaciones de shock debemos hacer un proceso de observar qué sucede en los siguientes 3 niveles: 1) ¿Cómo lo está pensando tu mente? 2) ¿Cómo lo está sintiendo tu corazón? 3) ¿Cómo lo está almacenando tu cuerpo? Sin meterme mucho en la ciencia, resulta que nuestro cuerpo tiene neuronas en la cabeza, si. Pero también en el corazón y en el estómago. Por eso, cada uno, camina hacia su propias conclusiones y comportamientos… y nos toca unificar todo aquello. Sorprendente ¿verdad?  1) La mente analiza, como puede, los eventos. Llega a sus propias conclusiones y sus propias perspectivas, posiblemente erróneas. Un ejemplo nos lo pueden dar todas los mitos y leyendas que hay atrás, a lo largo de la historia, en las diferentes culturas, sobre el mismo tema. La interpretación de la muerte es un tema apasionante –me imagino que por lo doloroso que es– para estudiar y analizar a lo largo y ancho del planeta. Finalmente la mente inventa su historia, nos convence que nuestros pensamientos son La Realidad y nosotros solemos creerle. 2) El corazón no analiza nada. El corazón siente. Y suele sentir todo lo contrario a lo que la mente nos quiere convencer. La muerte de un ser amado nos duele. Nos duele como pocas cosas en la vida. Nos hace llorar durante décadas. Lo chistoso es que la mente rápido llega a interponer sus conclusiones y sus palabras… generalmente son groserías y maldiciones. Pero el corazón no tiene palabras. Ni groserías. Ni maldiciones. Solo emociones. A veces les podemos poner un nombre. A veces, no. Y esta bien. No se trata de involucrar a la cabeza, sino de: sentirlas y soltarlas. Las emociones son como el agua y debemos dejar fluirlas, si no se pudren y el cuerpo se enferma. 3) En la materia sólida del organismo, es donde se guardan las sensaciones. Todas aquellas emociones que no fluyeron, se quedan estancadas en el cuerpo y si no le damos salida, nos enfermamos. Para evitar eso, debemos echarnos el clavado a sentir, qué esta pasando adentro. Cuando llega el dolor de la pérdida, ¿dónde lo sientes? ¿Cómo lo siente tu cuerpo? ¿Como si te hubieras tragado una bola de boliche y no te puedes mover del pesar? ¿Como si tuvieras una moneda de cobre atorada en la garganta? ¿Como si tuvieras un calambre en el corazón?  ¿Cómo se siente…? ¿Cómo si te hubieran electroshockeado toda la mañana? ¿Te tiembla hasta la médula espinal? ¿Dónde y cómo es el mareo? ¿Cómo es?  La meta es podernos quedar en esa sensación. Es difícil. Es inquietante. Es complejo. Pero debemos quedarnos ahí para que por lo menos, esta inmensa tristeza, no enferme a tu cuerpo, o no tanto. Estos tres niveles, están conectados y al mismo tiempo, separados. Separados en el sentido de que cada uno opina distinto, a veces incluso, contradictorio. Conectados en el sentido de que, la única forma de trascender el dolor, es quedándonos en las sensaciones corporales. La única forma de cambiar nuestras perspectivas es, a través de fluir con las emociones. Debemos tomarnos el tiempo para estudiar a cada uno por separado para después unirlos, pero ya acomodados. Nuestra cultura nos ha enseñado que el camino es al revés. Nos ha dicho que es de arriba hacia abajo: la cabeza debe de convencer al corazón y al cuerpo, a base “blah–blah”. Pero, como el proceso debe ser al revés (de abajo hacia arriba), estamos todos echos pelotas. Con mil enfermedades, achaques, diarreas, gripas, migrañas; un corazón ignorado y abandonado y una mente nomás no se calla con nada. No. No. Una vez más, la sociedad nos ha enseñado mal. La próxima vez que te acuerdes de tu Ser Querido, en lugar de tragarte el llanto y sacar el celular, mejor quédate ahí. Permítete sentir. Echate el clavado hacia todas las sensaciones corporales. Si te viene una imagen mental, la puedes usar, solo para vivirla más fuerte. Si explotas en llanto, solo jala la caja de pañuelos. Espera. Respira profundo. Espera. Respira profundo. Espera hasta que aquello cambie. A veces toma un buen rato, a veces menos. Déjate caer con la fuerza de gravedad. No es momento para ser fuerte, sino para perderte en las sensaciones. Cuando lo hagas, notarás que las sensaciones cambian. Es MUY importante que lo permitas. No te vayas a aferrar a lo anterior. Nos quedamos en las sensaciones precisamente para transmutarlas. Solo cuando las sensaciones cambian, las emociones cambian. Y como consecuencia, la mente, se calla. Al menos durante unos momentos. Cuando la mente se calla, las perspectivas suelen cambiar también. Generalmente encontramos paz. O, si no, por lo menos, algo sí se asienta adentro. Tal vez, en estos momentos del ejercicio, quieras escribir en tu diario las nuevas perspectivas, pero ¡no antes! (Si lo haces antes, ya sabes que la mente hace de las suyas). Tampoco es momento de tomar ninguna decisión. Solo es momento de acomodar. Como cuando ordenas cajones. Primero sacas todo, miras de pieza en pieza, tiras lo que ya no sirve y, lo que sí, lo vuelves a guardar. Dobladito y en su sitio. A veces, si la experiencia es demasiado fuerte, necesitamos varios acomodos, varias sesiones… tal vez, varios años. Y esta bien. Yo entiendo a la sanación como por capas. Un día –o un año– trabajas una capa y al siguiente otra. Parece que estamos atorados en lo mismo, pero no. Es profundidad de capas. Recuerda que las Personas Altamente Sensibles somos particularmente meticulosos al pensar y analizar. E intensamente emotivos. Así que este proceso se puede parecer una tormenta tropical con rayos, truenos y mucha, muuucha agua. Es probable también que vayas en contra de todo lo que te enseñaron en casa. Sé compasivo contigo mismo. El dolor no se va del todo. El duelo sigue siendo duelo. Pero ya esta acomodado en su lugar. Y, tras este trabajo, la vivencia es totalmente diferente. Definitivamente sí hay un cambio importante. Espero de todo corazón que esto te sirva y, aquí estamos para apoyarnos.

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Mitos y Verdades sobre la Alta Sensibilidad

Mitos y Verdades sobre la Alta Sensibilidad. Se han construido muchos mitos alrededor de las Personas Altamente Sensibles (o HSP por sus siglas en inglés), básicamente porque no se sabía que el rasgo existía ni que era un tipo de cerebro diferente para la sobrevivencia de las especies. La gente ha creado un montón de juicios y creencias erróneas basadas en la desesperación de “cómo puedo guiar a este niñ@ tan extraño para que entre a la sociedad y sea “normal”. Abajo esta una pequeña lista de los mitos y las realidades que hay que aclarar. Mito: HSP es un desorden y necesita ser diagnosticado por un doctor. Realidad: HSP es un rasgo y puede ser determinado a través de un test en www,hijoshipersensibles,com Mito: Ser HSP significa que eres muy emotivo y lloras todo el tiempo. Realidad: Ser HSP significa que  procesas en un nivel profundo, sientes intensamente y te sientes sobre-estimulado fácilmente. Y si, a veces lloras mucho. Pero desahogarse esta bien. Mito: Todos los HSP son introvertidos. Realidad: Muchos son introvertidos, pero no todos. El 70% son introvertidos y el 30% son extrovertidos. Mito: HPS son solo mujeres. Realidad: El rasgo lo tienen tanto hombres como mujeres, el problema es que los hombres no se sienten cómodos de expresar sus experiencias ni emociones. Mito: Ser HSP significa que eres más débil que los demás. Realidad: La experiencia de los HSP es simplemente diferente que la de los no-sensibles. Las HSP requieren más auto-cuidado para estar bien. Yo prefiero llamar eso Altos Estándares, no debilidad. Mito: Si eres HSP, debes aprender a ser menos sensible y más fuerte. Realidad: Si eres HSP, debes aprender a trabajar CON tu sensibilidad. Que es, en realidad, un super poder. Tu fortaleza puede no ser aparente, pero ahí está. ¡Te lo aseguro! Mito: Ser HSP significa que tienes ansiedad y depresión. Realidad: No todas las HSP sufren de ansiedad y/o depresión. Es cierto que cuando no se da un espacio para la des-saturación, la ansiedad y la depresión aparecen. Pero esos solo son los síntomas. La causa es otra. Ser HSP en realidad implica tener un cerebro diferente; la manera en cómo procesas la información, los estímulos y el mundo a tu alrededor. Mito: A todos los HSP les molestan las mismas cosas: luces brillantes, olores picantes, etiquetas de la ropa… Realidad: Aunque si hay algunas coincidencias, ¡todos somos únicos! La vivencia del rasgo, como cualquier otra cosa, es diferente para cada quien. Mito: Los HSP necesitan esconderse del mundo porque todo les molesta. Realidad: Los HSP pueden ser muy felices y triunfadores en el mundo teniendo una buena práctica de auto-cuidados. La Alta Sensibilidad ha sido mal interpretada y mal comprendida durante siglos. Si quieres aprender más sobre el rasgo, para ti o para tus hijos ¡Inscríbete al curso!

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¡Hay demasiadas luces en la habitación del hotel!

Parecía que estaba adentro de un árbol navideño aún con las luces apagadas.  Cuando apague las luces de la habitación del hotel, había cualquier cantidad de foquitos encendidos. Uno rojo del televisor, uno verde del reloj, uno azul de… no se de qué, pero iluminaba todo el cuarto. Los que no pude desconectar, a base de almohadas, toallas y maletas los logre tapar.  Me acosté en la cama y… “¡¿pero qué es eso?!” Parecía que había una tormenta eléctrica adentro. “Bueno, ¡¿que estos hoteleros no piensan en las Personas Altamente Sensibles?!” El detector de humo, encendía dos foquitos verdes fluorescentes cada cinco segundos!! Los conté. Cinco.  La primera noche me eché la almohada en la cara. No dormí nada, por supuesto.  Como buen HSP (por sus siglas en inglés) estuve pensando en la solución… aunque uno no suele viajar con cinta aislante, una curita (Band-Aid) y papel lograron el objetivo.  Por supuesto que para la habitación de mi hijo ¡tuve que hacer el mismo circo! Así que ya lo sabes; la próxima vez, ¡¡viaja con todo un equipo neutralizador de foquitos!! 

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A veces nuestros hijos lastiman nuestros sentimientos, ¿qué podemos hacer?

A veces nuestros hijos lastiman nuestros sentimientos, ¿qué podemos hacer? Es muy normal llega a mi casa vernos a mi hijo y a mi leyendo un libro. Lo hemos hecho desde que era bebé y es nuestro pasatiempo favorito. Y nunca habíamos tenido problemas… hasta ayer. Yo estaba sentada en el sofá leyendo mi libro. Es un libro para niños de fantasía (The Girl who drank the Moon… super recomendable) pero esta en inglés. Y aunque sí lo habla, mi hijo prefiere todavía leer en español. Sin embargo me he tomado la libertad de platicarle sobre el libro y ya esta bien picado también. “¿Qué está pasando, mamá? ¿Me lees?” Me puse a leerle en inglés. Después de unas dos o tres hojas, justo a punto de terminar el capítulo, me cerró el libro. Él quería que yo le leyera Harry Potter (si, ya es fan… es mi culpa.) Pero yo sentí horrrrrrrrrible. Le estaba leyendo para él, porque él me lo pidió, le estaba explicando las palabras que él no entendía y ¡me cierra el libro! Pero… pero… pero… ¡¿porqueeeeee?! ¡¿C-c-c-como debo reaccionar ante esto?! No le dije todas las cosas horribles que me hubiera dicho mi mamá. Pero como tampoco podía pensar en algo lindo que decirle, le dije, “Me lastimaste. Sentí horrible que me cerraras el libro.” Hice mi berrinche, a decir verdad. Lo hice. No le leí nada. Me fui. Al día siguiente, él me vió leer el libro y tenía muchísima curiosidad y yo seguía sin contarle nada. Tres días después él seguía negando que me cerró el libro y yo me seguía negando a leerle nada.  Ya sabes, las Personas Altamente Sensibles necesitamos tiempo para procesar las cosas. No nos es fácil digerir rápido. Durante estos tres días mi cabeza no paraba de darle vueltas a las cosas… hasta que ¡PING! Me cayó el veinte.  Para confirmar mi teoría, le pregunté,  “Oye, ¿tu nunca te imaginaste que me ibas a lastimar tanto cerrando el libro, verdad?” “No,” respondió honestamente, muy arrepentido, al borde del llanto. “Hay veces que lastimamos a las personas que queremos sin querer, y no es el fin del mundo ¿sabías eso?” “No.” “¿Sabes qué puedes hacer?” “No.” “¿Sabes qué es mejor que negar lo que hiciste?” “No.” “Puedes enmendar la situación. ¿Qué se te ocurre?” “No sé.” “Puedes pedir perdón, si te nace.” “¿Me perdonas, mamá?” “Ven, amor mio.” Nos dimos un lindo abrazo. “Te quiero mas que a nada en el mundo entero. Y, aunque a veces me enoje contigo, siempre te quiero.” “¿Me cuentas el final de tu libro y luego me lees Harry Potter?” Los adultos a veces nos damos cuenta que hemos lastimado a las personas que queremos. A veces nos echamos el viaje en retrospectiva y le damos vuelta hasta llegar a la conclusión de que “tal vez se enojó por que…” Pero los niños no. No tienen la madurez social ni psicológica para hacer un ejercicio tan complejo. El área del cerebro que distingue que, “hay otras personas, con otros puntos de vista y con otros sentimientos diferentes al mío”, se empieza a desarrollar hasta después de los 8 años. Para eso estamos nosotros. Para deshilar todos los pequeños –o grandes– eventos de su vida. Para hablar de los hechos, “lo que ocurrió fue esto…”, para hablar de las emociones, “lo que yo sentí fue… lo que tú sentiste fue…” y para llegar a posibles soluciones, “lo que podrías hacer es… ¿te gustaría o tienes una mejor idea?” Este proceso es algo que se enseña. Y toma tiempo. No quieras a que tus hijos aprendan a hacerlo por osmosis. Es más fácil si empiezas a ver las cosas desde su perspectiva. Atenderlo con empatía, cariño y cerebro superior. Con Conexión y Respeto. Afirmándoles una y otra vez que los amamos incondicionalmente. El amor siempre da los mejores resultados, ¿verdad?

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Cómo lograr que tu bebé deje el pañalito de manera Respetuosa

Cómo lograr que tu bebé deje el pañalito de manera Respetuosa En una reunión con los amigos de mi esposo, una mamá me contó que ella sentaba a sus hijos en la bacinica y no dejaba que se pararan hasta que hicieran pipí, “Te dejo el tip por si te sirve,” me dijo bien orgullosa. Y yo pensé, “Gracias pero, no, no me sirve…” Me pareció cruel y estaba segura de que no había manera de que mi bebé fuera a entender qué demonios era lo que yo le quería enseñar. Me puse a investigar y leí cualquier cantidad de trucos y artimañas, premios y castigos que… por ningún lado explicaban la perspectiva del bebé. ¿Cómo les podemos enseñar –cualquier cosa– si no tomamos en cuenta SU punto de vista. En el tema del pañalito, ellos están muy cómodos soltando sus necesidades en el momento, espacio y lugar en que lo sienten necesario. Ni siquiera saben qué es, ni cómo se llama… ¡y no les importa! ¿Cuáles son las etapas de aprendizaje para dejar el pañalito? ¿Qué es lo que tu toddler debe aprender en este proceso? Son 5 etapas. 1) Que sepan que eso que sale de ahí es pipí o popó. Es genuino: ellos no lo saben. Una idea que puedes hacer: cuando hagan pipí en la regadera, tú les digas “Pipiiiiiii” … meramente informativo. “Eso es pipí.” “Tú estás haciendo pipí.” 2) Que lo puedan decir ellos. El momento en que ellos te piden decir, “Mamá, pipí…” ya es un gran paso. Muchas veces sucede que están caminando, se detienen y tocan su pañalito… algo está sucediendo ahí adentro, observan, sienten y dicen “mami…” 3) Que eso no se hace en cualquier lugar. Una vez que ellos saben qué es y que lo están haciendo, la siguiente etapa es enseñarles que eso no se libera en cualquier lugar. Para esto, sirve modelar. No todos los papás / mamás se sienten cómodos con esto, pero si tú no tienes problema, le puedes decir, “Quiero hacer pipí, voy al baño, ¿quieres venir?” Otro día o varios días o semanas después de modelar, puedes preguntarle  “¿Quieres intentarlo tú?” Aquí ya empiezan a saber que no solo es cosa de adultos… sino que ellos también pueden hacer en el WC. Posiblemente necesite tiempo para hacerse a esta idea. Dáselo. No le insistas, “No quieres, esta bien. Cuando te sientas lista.” 4) Que lo hagan en el WC, o bacinica  Y un día mágico, decidirán aceptar tu invitación y, ¡BLING BLING, BLIIING!  Aquí festejamos, bailamos, cantamos, celebramos como si fuera su graduación universitaria. NADA de premios. NADA de castigos. NADA de calcomanías. NADA de dulces. NADA de NADA ni trucos ni artimañas, por favor. Si tu hijo lo hace es porque puede. Si no lo hace es porque no puede. Laura Gutman dice, “Que el niño nombre “pis” o caca” no significa que cuente con la madurez neurobiológica para controlar dicha función” Y ningún chantaje va a cambiar eso. Celebramos el día que sí pudo. Los demás días, limpiamos sin caras, protestas, ni castigos, ni… nada. Podemos decir algo así, “Ups, se salió el pipí. No importa. Ahorita limpiamos rápido y ya… ¿a qué quieres jugar?” Esta suele ser la etapa más larga. Si se tarda hasta los tres o cuatro añitos (o a veces más años), es perfectamente normal. Depende del niño. Lo básico aquí es cambiar nuestra visión, comprender la maduración del pequeño y no ejercer ningún tipo de presión. Al no haber traumas psicológicos, nos centramos nada más en la habilidad física. En cuanto eso madure, avanzaremos a la siguiente etapa más fácil y rápidamente, sin consecuencias de enuresis, ni visitas al hospital por retención urinaria ni de materia.  5) Que avisen antes “Cuando sientas cosquillas en el esfínter, es que el pipí quiere salir. Avísame para salir corriendo al baño, antes de que salga, ¿sale? Si te gana, no pasa nada.” Eventualmente, lo logran.  El proceso de dejar el pañalito sí es cosa meramente de paciencia. Darles tiempo a que maduren. Son muchos pasos. Todos son complejos pues son un entretejido de varios sistemas a la vez. Y ya. Querida Mamá, eventualmente, también te habrás graduado como docente de la universidad popológica. ¡¡Felicidades!! ¡¡Bravo!! A veces suelen avisar muy bien de día y de noche no. Es parte del proceso natural. Hacerlos sentir mal por “flojos” solo afectará su auto–estima. Hay personas que mojan la cama hasta los 16 años y no tiene nada que ver con “flojera”. Se trata de otras circunstancias que se quitan solas, en su momento, cuando el cuerpo madura. El 99.99 % de todo esto va sucediendo por maduración. Al igual que no podemos hacer que una fruta madure antes, no podemos hacer que los niños controlen sus esfínteres antes. Dice Gutman que, “controlar esfínteres no se aprende por repetición, como leer y escribir. Se adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal.” Y el .01% es aprendizaje. Y es a base de nuestros festejos que ellos van hilando… ve paso a paso asegurándote de que él o ella comprenda lo que sucede con su cuerpito y lo que le toca hacer la siguiente vez. A veces, también sucede que no quieren jalarle al WC porque sienten que lo que desecharon es parte de su cuerpo o parte de ellos. Explícales que si su cuerpo lo saca es porque ya no debe estar adentro, pero posiblemente también tome tiempo. Junto a este proceso, leerles libros sobre Potty Training (o “Entrenamiento en el baño”) funciona bien también, porque generalmente se trata de un niño pequeño que aprende… y se identifican. Si lo manejas como un proceso en equipo de “estamos aprendiendo juntos”, se vuelve una herramienta más para conectar con tu bebé y pasarla lindo juntos. Puede ser un proceso bello y amoroso, como cualquier otra actividad. Si ves que no está avanzando, no lo tomes personal, regresa al pañalito y ya. Dale el tiempo que necesita, eventualmente madurará.

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¿Cómo elegir el colegio adecuando para un niño Altamente Sensible?

¡Las escuelas…! ¡Ay, las escuelas! ¿Cómo elegir el colegio adecuando para un niño Altamente Sensible? Una gran angustia de los padres y madres de niños HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensible) es, “¿cómo le va a hacer para salir adelante mi hijo en este mundo?” Y las escuelas son sus primeras salidas. Y nos llena de preocupación que no saque buenas notas, que no tenga amigos, que sufra, que no quiere ir, que el uniforme le saca alergia, que la maestra ya me volvió a llamar… ¡ay, ay, ay! La experiencia escolar de los niños es un reflejo de lo que CREEMOS que será su vida. Aunque, nos consta que eso no necesariamente es cierto, recuerda a tu generación de la prepa, había chicos que nunca se disciplinaron y reprobaban todas las materias y, ahora, les va super ultra bien en su carrera profesional. Y otros mega nerds, llenos de granos, que nunca hablaron con nadie y ahora están casados con hijos y viajando por todo el mundo. Es decir, la escuela no determina nuestro futuro para nada.  Peeeeero… Definitivamente nos angustia. Queremos que les vaya bien, que lo gocen, que tengan amigos, que se diviertan… que saquen buenas calificaciones… queremos lo mejor para ellos. ¿Qué pasa con los niños HSP? Ojalá podría decirte que hay una fórmula general. Que la mayoría de los HSP les pasa: X. Pero no. No hay una gran mayoría ni un promedio. Literal, cada niño es diferente. En mis años de experiencia como Coach Parental, he visto de todo. No hay dos HSP iguales. Una niña HSP que iba a una escuela Montessori que, no aguantó la atención personalizada y cuando la cambiaron a una escuela super grande, de 40 alumnos por salón, ella borrada en la multitud, fue feliz. Un niño HSP que estaba en una escuela semi–normal y, aún así, no aguantaba el estrés de las tareas y los trabajos. Faltaba mucho a las clases por dolor de cabeza, pero no se quería salir por sus amigos. Un niño HSP que estaba en una Montessori y, iba feliz, pero era tal el nivel de saturación que no aprendió nada y terminó con tutora en casa. Una niña HSP que estaba en una escuela de alto rendimiento que sus papás deseaban desde antes de su nacimiento, y no tenía una sola amiga. Una niña HSP que iba a una escuela normal, con tareas y exámenes, académicamente le iba bien y también tenía amigas. Pero se la vivía con mil alergias. Durante la pandemia, muchos HSP fueron los más felices no tener que ver ni lidiar con nadie. Otros agonizaron. Si es cierto que ya van a regresar a presencial, también hay muchos que no saben cómo expresar su angustia. Entonces… No hay una predicción aquí. ¿Cómo le va a ir a tus hijos? Pues… lo iremos descubriendo a lo largo del camino. Todos aprendemos de maneras diferentes. La ventaja es que ya hay un montón de escuelas diferentes, con sistemas distintos y muchas opciones. ¿Cuál es el objetivo primordial? ¿Qué buscamos? Que las cuatro características del HSP ( D.O.E.S ) funcionen a favor del niño y no en su contra. Si no conoces estas características, ¡toma el curso! Te cambiará la vida.  Para la D (Profundidad de análisis) es necesario una escuela –o una maestra maravillosa– que los enseñe a analizar y pensar, no a memorizar. ¿De qué sirve que vaya a una escuela de super prestigio y salga todo echo bolas, sin haber entendido nada? Para la E. (Emotividad y Empatía) Que socialmente tenga amigos. Recuerda que algunos HSP son felices con solo un amigo, no necesitan más.  Hay escuelas que tienen programas anti–bullying cosa que esta super bien porque algunos HSP suelen ser víctimas. Que el cole les de apoyo a nivel Inteligencia Emocional. Y clases de arte. El arte es magnífico para el desahogue emocional y la creatividad. Los niños Altamente Sensibles suelen ser sumamente creativos. Hay escuelas que se concentran más en lo académico y otras que se concentran más en lo emocional… busca cuál le ayuda más a tu peque. Para la O. (Sobre–saturación) Pedir que una escuela no sea estimulante es literal, imposible. A veces con un jardín grande o un área grande para jugar, los niños encuentran un espacio para des–saturarse. Haz lo que sea adecuado para TU HIJO. Finalmente tú eres quién lo conoce. – No porque 5 generaciones arriba hayan ido al Colegio Alemán, por poner un ejemplo, significa que es la opción correcta para tu hijo Altamente Sensible.  – Ignora a la opinión familiar.  – Las maestras, suelen mal diagnosticar a los niños HSP con Déficit de Atención, SPD o Autismo. ¡Ponte abusada!  – No te “cases” con ninguna escuela ni método, usa tu intuición y vete adaptando a lo que veas que le va funcionando.  – Recuerda también que los niños van cambiando a lo largo de los años y tal vez lo que no le funcionaba antes, le puede funcionar después, o al revés.  No está fácil la tarea pero con consciencia y análisis –y a los HSP nos sobra de eso– se puede lograr. La meta es tener a un niño que aprende porque lo comprende y, viva sus años escolares físicamente sano y emocionalmente feliz. 

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¿El Síndrome de Procesamiento (o Integración) Sensorial (SPD) es lo mismo que el Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS)?

Respuesta por Elaine Aron Ph.D., Barbara Allen–Willians y Jacquelyn Strickland. LPC.  Traducción Carmen Geraud No, no son lo mismo. Aunque la confusión es comprensible. La Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS, HSP o Highly Sensitive Person o Persona Altamente Sensible) no es una condición, desorden, ni diagnóstico. Es un rasgo neutral que evolucionó en el 20% de la población humana y muchas otras especies no humanas, también, ya que es una ventaja de sobrevivencia en algunas situaciones. Su estrategia de sobrevivencia es procesar la información (los estímulos) más profundamente que otros, ante lo cual hay mucha evidencia científica. Esto definitivamente puede provocar sobre-estimulación y posiblemente un esfuerzo de protegerse a uno mismo contra ello. Sin embargo, SPS no es un desorden, sino una estrategia razonable. Además, los HSP (dándose el tiempo y el espacio adecuado) procesan el estímulo en una manera muy organizada, mirando el contexto total, que incluye consciencia de detalles y sutilezas que otros pueden no notar. Repito, a veces, HSP se pueden sentir tan extremadamente sobre-estimuladas simplemente por la cantidad de información que detectan y deben procesar. Las personas no-sensibles en nuestra sociedad, que son el 80% de la población general, no experimentan el mismo nivel de sobre-estimulación que causa tanto estrés a los HSP, y, por lo tanto, se podría decir que la cantidad de estimulación en el ambiente esta hecho y creado para el otro 80%, y no para los HSP. En cambio el Síndrome de Procesamiento (o Integración) Sensorial (SPD), es un desorden neurológico. Involucra a los sentidos, el sistema vestibular, la priocepción, el control motor, el equilibrio y consciencia espacial y todo esto ocasiona que la información sensorial se “revuelva” en el cerebro resultando en respuestas que son inapropiadas en el contexto en el que se encuentran. Esto puede incluir un aleatorio y desorganizado procesamiento del estímulo externo y puede causar mucho estrés, intensidad y sobre-estimulación. Esta sobre-estimulación a veces se confunde con la sobre-estimulación que los HSP claramente experimentan, pero lo que se debe observar es que: la causa de raíz, no es la misma. Independientemente de las profundas diferencias de estos rasgos, hay maneras de reducir la sobre-estimulación. Algunas personas con SPD han encontrado éxito con terapeutas ocupacionales que les ayudan a integrar mejor los estímulos con su experiencia. Efectivamente, muchas personas sin el desorden totalmente desarrollado se han beneficiado con estos métodos. En cambio, muchos con SPS han encontrado el éxito tras, simplemente, educarse sobre su rasgo genético (o de sus hijos). Entonces aprenden a crear un balance apropiado en su día en donde pueden incluir meditación, artes creativas, caminatas en la naturaleza, yoga y aprendiendo cuáles ambientes les funcionan mejor. Algunos han buscado ayuda profesional externa con psicólogos que tienen conocimientos sobre el SPS – muchos de ellos les ayudan a comprender y resignificar que sus experiencias son normales. Posiblemente la verdadera prueba que diferencia a los SPS –no solo de SPD sino también de diagnósticos como Autismo y Asperger– son las cuatro características que todos los HSP tienen en común: el D. O. E. S D. O. E. S. se refiere a: D – Profundidad de Análisis (Depth of Analysis) O – Sobre estimulación (Overwhelming and Overstimulation) E – Intensidad Emocional y Empatía (Emotional Intensity and Empathy) S – Detección de Sutilezas (Subtle Sensory Sensitivity) Entonces, para salir de dudas y encontrar si es SDP o SPS, para saber la razón del origen de la sobre-estimulación, responde a las siguientes preguntas: D – Profundidad de análisis – ¿La persona reflexiona mucho más que los demás sobre “el rumbo del mundo”, “el significado de la vida o su trabajo”? – ¿Esta persona es lenta al tomar decisiones, prefieren tener “un poco más de tiempo”, y seguido toman buenas decisiones? – ¿A esta persona se le conoce por tener buenas ideas? – ¿Esta persona exhibe conocimientos personales y tiene un sentido de las consecuencias a largo plazo, tal vez llegando a tener un punto de vista inusual de las situaciones? O – Sobre-estimulación – ¿Esta persona experimenta sobre-estimulación y agotamiento debido solamente a la cantidad de información que reciben, experimentando un sentido de ya no poder con más? ¿Y cuando están en un ambiente gentil, pueden procesar e integrar el estímulo efectivamente? – ¿Otras personas creen que hay algo malo o defectuoso en ellos porque no pueden manejar tanto como otras personas? Esto se pude notar porque los HSP rechazan actividades que incluso les gustan, con el objetivo de cuidarse a si mismos. – ¿Esta persona necesita más sueño o tiempo de descanso que otros integrantes de la familia o amigos? E– Respuesta Emocional y Empatía – ¿Esta persona reacciona más ante las emociones de otros y seguido sabe lo que tú sientes? – ¿Esta persona se mueve fácil y apropiadamente hacia lágrimas de felicidad, gratitud o alivio y/o risas tras simples boberías? – ¿Esta persona se estresa con programas de televisión o películas violentas; eventos injustos, bullying, u otras situaciones molestas? S – Sensible a sutilezas – ¿Esta persona nota pequeños cambios, como cuando alguien se siente cansado, pequeños cambios en la decoración de una habitación, pequeñas flores o animales o inclusive huellas de animales? – ¿Esta persona es más consciente de sonidos como el tic-tac de un reloj, o agua goteando, o sutilezas en los sabores y/o olores? – ¿Esta persona se da cuenta de lo que se necesita cambiar en un ambiente para hacer a los demás más cómodos? Efectivamente es un problema que el rasgo normal y el desorden tienen nombres tan similares. Esperamos que esto ayude. Resources: Psychotherapy and the Highly Sensitive Person by Dr. Elaine Aron Sensory Processing DisorderSTAR Institute for Sensory Processing Disorder Barbara Allen-Williams, Retired Therapist & Supervisor, Founder, Mentor & Trainer at National Centre for High Sensitivity (UK) & Growing Unlimited Therapeutic Consultancy Artículo original en inglés: https://hsperson.com/faq/spd-vs-sps/

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9 Confesiones de una Madre Altamente Sensible.

Si, es perfectamente normal vernos estresadas o llorando ante cualquier detalle. No solo soy una mamá, soy una mamá HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensible). Esto significa que vivo una vida interna iiiiiintensa, soy muy sensible a los estímulos externos, y que también extra–empatizo con mi hijo. Su felicidad es la mía. Su dolor es el mío. Usualmente no hablo de mi, pero lo expongo, para que sepas que no estás sola y que eres comprendida. 1) A veces… muchas veces, mamá No sabe qué onda. Preguntarle algo a una HSP es complicado porque nos atoramos, sobre-pensamos, sobre-analizamos todas las posibles escenarios, terrores y pánicos. La invitación de un amiguito a dormir a su casa puede terminar –en mi cabeza– en una historia aterrorizante que va desde, “Se le va a olvidar su cepillo de dientes” hasta “¿y si lo raptan?”. Cambiar nuestra narrativa interna de negativo a positivo es complicado, pero al mismo tiempo, importante: “¿Y si eso lo hace feliz?” 2) Mi hijo cree que tengo super poderes… Lo digo en mis conferencias y él escucha. Los HSP pueden saber si una persona dice la verdad o no, tienen una super memoria, detectan muchos detalles, conocen a las personas profundamente… aunque muchas veces esto también tiene sus bemoles pues también vemos cosas, verdades que incomodan, duelen y usualmente son negadas. Mi mamá me quito mis super poderes. Todo el tiempo decía que yo estaba loca, que lo que veía no tenía nada que ver con la realidad. Claro que con los años se ha demostrado que yo sabía perfectamente que lo que veía era La Verdad. Pero, volver a confiar en mi, en mi percepción, en mi intuición ha sido un trabajo de décadas. Entonces, mientras reconstruyo mis super poderes, lucho por no tumbar los de él. 3) Me saturo, yo me la vivo vaciando mi ‘Tacita de la Tolerancia’ todo el santo día. No es fácil tener compañía las 24 horas del día los 365 días del año. No–es–fácil. Vuélvelo a leer: No–es–fácil. Mi Taza de la Tolerancia se llena con el primer “mamá” de las 7 am. Ya para las 7:36 (si, AM) ya estoy pelas. He aprendido mil estrategias para aprender a vaciarla y, usualmente para eso necesito paz, tranquilidad, silencio… Ajá…  Ya lo sé. Ahorita estoy escribiendo esto con la música de Piratas del Caribe de fondo… si, mi cabeza esta haciendo corto circuito “TZZZzzztt”. En estos meses, estoy aprendiendo a vaciar mi taza en medio de “mamá mira, mamá escucha, mamá ¿ya viste?, mamá acompáñame, mamá dame, mamá ¿tu sabes dónde dejé mis lentes…?” Los HSP necesitamos una manera de canalizar las emociones internas. Hay personas que cocinan, otros golpean un saco de arena, yo hago ejercicio, escribo, me salgo al jardín, tomo el sol, canto, bailo… y un largo etécetera que implica todo el día y toda la noche. ¡Y apeeeenas! 4) Vivo bajo expectativas y presiones de los demás, y por lo tanto, hay mucha incomprensión. Y eso me hace sentir mucha soledad. Toda la vida me he sentido como un bicho raro. Ahora soy Mamá Bicho Raro. Criando un hijo bicho raro que “se comportan de una manera rara y súper consentido…” –ante el criterio de la familia política, claro esta. ¿Cuál ha sido mi reacción? Pues ya no les doy ningún tipo de explicación ni justificación de nada. “¿No te gusta lo que ves? No veas.” Y eso me produce más soledad. Pero también más certeza de que lo que hago es lo correcto para mi familia y si los demás opinan distinto… pues… que se lo expresen a alguien que tenga tiempo y ganas. 5) Soy un poco doble-cara. A mi hijo le digo que la perfección no existe y lo que importa es el esfuerzo. Pero no aplico esos principios para mi. Los HSP tendemos hacia el perfeccionismo y relajarnos en ello nos es especialmente difícil.  6) Las reglas son difíciles de aplicar, pero son necesarias Me rompe el corazón tener que aplicar las consecuencias y a veces necesito retirarme antes de que vea cuánto me dolió ser firme con él. 7) Las fiestas me provocan ansiedad y a veces las evito. Sobre todo cuando tengo que platicar con otras personas. Mucha gente, mucha plática, mucha energías… nunca sé de qué hablar… odio la platica del clima… auxilio.  Pero cuando veo la carita de mi hijo ultra feliz.. bueno, el esfuerzo vale la pena. Aunque a veces necesito varios días para reponerme del susto. Nervio. Ansiedad. Sobresaturación. 8) Muchas personas lloran. Yo, todo me lo trago. Tengo que hacer un esfuerzo adicional para sentarme y tocar base, “Ey, Carmen… ¿cómo vas?” 9) No me encanta ser ultra-mega-hiper-altamente-sensible… a decir verdad. Vivir con la piel al rojo vivo me es muy difícil. Ando cansada casi todo el tiempo, especialmente cuando no duermo bien. Es raro que duerma bien.Tras la educación de mi madre, tengo que auto-re-educarme, auto-re-parentalizarme para retomar eso que yo solía ser y tener. Me la vivo sobresaturada y con las emociones al mil pero embotelladas y en medio de eso, educando a un niño hermoso que me ve conflictuada la mayor parte del día… …y todos los días hago esfuerzos monumentales para estar bien para él… para mi… para mi esposo… mis cursos… mi trabajo que lo hago de mil amores… Muchas veces mi presupuesto emocional no da para más. Y, como te decía al inicio del post, me confieso para decirte: si te pasa algo similar, no estás sola. Ser Altamente Sensible, en este siglo, no es precisamente lo más fácil del mundo. Peeeeero, así como sentimos intensamente otras cosas, igual de intenso sentimos el amor, la luz, la compasíón. Ser madre HSP nos hace mucho más empáticas con nuestros hijos y esto fortalece el Apego Seguro, es decir, lo que ellos más necesitan para salir adelante. Así que, sé. Sé tal cual eres. Ama, llora, ríe tan intensa como te plazca y alégrate de ser parte de estos hermosos ¡“bichos raros”!

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Cómo hablarle a tu hija sobre la menstruación

Photo by Artem Maltsev on Unsplash Cómo hablarle a tu hija sobre la menstruación Tuve mi primer menstruación a los 12 años. Mi mamá estaba de viaje y yo, a pesar de que ya sabía qué pasaba, estaba asustada. Robé las toallas femeninas a mi mamá y por miedo, me las cambié cada 10 minutos. No le dije nada a nadie. Lo enfrenté sola. Con el paso de los años me he vuelto, en este tema, más solitaria y más enojada. En realidad me choca, … pues, básicamente… todo. El dolor es la peor parte. La visión machista no ayuda. La visión feminista, que nos obliga a seguir “como si no pasara nada”, menos. La visión de ‘la vida’ … mmmmh… veamos… ciertamente, la regla se le relaciona con la maternidad… de una manera utilitaria, ese sería su función. Pero, podrías preguntarte, ¿para qué 40 años (o más) de tortura mensual para 2 o 3 veces que la vaya a usar? ¿Cuál es el sentido? En realidad, para responderte, tuve que investigar, porque yo tampoco lo hallaba. Y me he encontrado con cosas muy bellas, en realidad. Lo único que me da coraje es que no se manejen así en mi civilización –y el haberme enterado ¡hasta ahora! Según Thomas Buckley de la Universidad de Massachusetts, Boston, en su artículo “Menstruation and the power of Yurok women”, en la tribu Yurok de California, durante sus tiempos de “luna”, (mooncicle) o “ciclos de luna”, las mujeres las aíslan. No duermen con sus maridos, no comen con la familia, es más ni siquiera pueden cocinar para los demás. Se aíslan, no por ser mal humoradas o sucias, si no porque están al máximo de sus poderes. (si… mi mandíbula también se cayó) Por lo mismo, este tiempo precioso no puede ser desperdiciado en actividades mundanas, ni distracciones sociales, nadie -especialmente del sexo opuesto- debe de distraerlas con sus preocupaciones. Al contrario, todas sus energías deben de ser aplicadas en una meditación concentrada en la naturaleza de su vida, “encontrar mi propósito en la vida” y hacia la acumulación de la energía espiritual. Se meten a un “Refugio Menstrual” para volverse aún más fuertes. Concentrándose en su cuerpo exactamente como es. Poniendo atención en todas las sensaciones y movimientos. Además, donde ellas viven hay un “estanque sagrado para el ciclo de luna” a la que van a bañarse y llevan a cabo sus rituales con beneficios espirituales. Utilizan una madera especial para las fogatas (no es cualquier madera) y todas las mujeres, que sangran en la misma época, se juntan. Ellas dicen que el flujo de la sangre sirve para purificar a la mujer, preparándola para el logro espiritual. Observan que el planeta tierra vive su “ciclo de luna” también. Así que, al sentirse unidas entres las mujeres, la tierra, la luna y el planeta se viven más fuertes, más orgullosas de si mismas –y de sus ciclos. Dicho de otra forma: toooodo lo que sucede en tu vida, todo, tiene la función de: hacernos crecer y evolucionar. La menstruación, también. ¿Quién lo hubiera pensado? Hay una escuela que se llama The Red School que ha invertido 10,000 horas en estudios e investigaciones para redefinir el acercamiento hacia la salud de la mujer, creatividad, liderazgo y vida espiritual, y todo gira al rededor de la menstruación. (¡Checa su página esta genial! www.redschool.net) The Red School dice que la “menses” inicia a la mujer en un camino de intimidad hacia sí misma, en donde encuentra su lugar en el mundo y la unión con lo Divino. “Esto es algo que nos practica”, dicen. Es decir, nosotras no tenemos que hacer nada, ni ir a ningún lado… desde adentro, en automático, somos guiadas hacia una dimensión espiritual. Es una disciplina interna de Alta Jerarquía. Es una guía para el proceso creativo, una apertura para el llamado de tu misión única y una experiencia exquisita de Unión. Para iniciar esta aventura espiritual se necesita de mucha presencia, es decir, observar conscientemente tu ciclo. El proceso se dice sencillo: – apunta en qué día de tu ciclo estás hoy y anota qué sientes y qué experimentas –a grandes rasgos. – aprende a conocer tu propio ciclo – organiza tu vida alrededor de estos patrones – respeta y trabaja con la energía de cada día de tu ciclo Si, ya sé… se oye complicado. Para ponerte un ejemplo, esto lo ha escrito Laura Paskell–Brown, en su página Doula For Your Soul. com. Cada mujer es diferente… la idea es que conozcas tu ciclo y navegues las olas de la luna más suavemente. Según Laura, los días de su ciclo son así: Días 1-4 Se considera el día 1, el primer día del sangrado que suele ser ligero. Para Laura estos días son como el invierno …un tiempo para guardarse y descansar. “Si me empujo a seguir marchando en invierno, no puedo florecer en primavera y en verano no habrá frutos.” Días 5 – 12 es la primavera, es el arranque lento de lo que viene. Siente flores por todas partes, aires nuevos y se vive ligera y gozosa. Días 12 o 13 es la parte más divertida y espectacular, ya es verano, hay frutos, “soy extrovertida, lista para socializar, iniciar proyectos creativos, ¡es la mejor época!” Día 21… inicia el otoño. En otras palabras el síndrome premenstrual. Para Laura es la peor parte de su ciclo. La auto-critica es especialmente ruda y la inseguridad interna inunda cada célula de su ser. Pero las mujeres de la Red School le han enseñado a ver esto de otra manera: como un regalo, pues la auto-critica tal vez esta señalando algo que debe soltar o cambiar en su vida. “Venimos a esta vida a aprender, y esta es la época para hacerlo. Es una oportunidad para sanar, pensar, analizar y aprender.” “Si solías tener malos días “random” , posiblemente, sean los días 21. Intenta planear, acomodar las cosas y tu vida o eventos sociales para que no suceda nada importante o de vital importancia ese día.” sugiere Laura. Laura dice que el planeta necesita su invierno tiempo para descansar y restaurar… y nosotras también. “Si te fijas, la tierra tiene los mismos ciclos… si tan solo pudiéramos sincronizarnos y escuchar… En realidad, ¿porque insistimos en que haya frutos todo el año? ¿O pescar todo el año? Hay que darle un tiempo de descanso a la tierra y a los mares. ¿Porque estamos terminando con nuestro planeta? ¿Porque vivimos todas estresadas llenas de dolencias? Porque no estamos dando tiempo para restaurar. Así que, * Obsérvate. Escribe. Estudia. Haz tus propios rituales, tu propio Refugio. Descansa. * Cuando le agarres la onda a la parte práctica, profundiza. Observa tus sueños (los que tienes dormida y los que tienes despierta) ¿qué te están queriendo decir? Habita a tu cuerpo desde adentro, vive de adentro hacia afuera. Escucha a tu corazón, a tu cuerpo, a tus emociones. Atiende tu intuición y actúa acorde. Encuentra tu camino y, ándalo orgullosa y serena. * Encuentra tu lugar, tu misión, y, en tus buenos días, ¡aviéntate! ¡Tu vida es solo tuya!     Si te interesa saber más sobre «el cerebro adolescente», te invito a participar en el curso en salón virtual, ¡AQUÍ!  

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Cómo atender la ansiedad

Cómo atender la ansiedad. Lejos de correr a empastillarte –que, sin sanar al problema de raíz, no te servirá de nada– corre a escucharte. Acompañarte. Es La Diferencia Del Mundo. Ahorita estamos como refrescos agitados adentro de casa. Con todas las emociones hasta el tope, a punto de estallar por toda la cocina. Pero, como siempre digo en mis cursos: todas las emociones son bienvenidas. El problema es que el enojo, la desesperación, la ansiedad son emociones socialmente NO aceptadas, que si, les damos rienda suelta, luego hay que limpiar el cochinero… como el de un refresco explotado por toda la sala. (¡Auxilio!) Nos da tanta flojera tener que limpiar que nos las tragamos y las consecuencias internas están siendo pues… malas. Peeeero, viendo un poco más arriba, entendiendo que todas las emociones vienen de una fuente de sabiduría, podemos ganar una perspectiva distinta sobre aquella ebullición interna. La ansiedad – a pesar de lo horrible que es – tiene su sabiduría y su para qué.  Imagina –en una situación normal– vas a una fiesta y hay algo que no te gusta, estás ansiosa y, sin tener una razón en particular, te quieres ir. Si le haces caso a tus instintos y te vas, seguramente al día siguiente te vas a enterar que había algo feo / malo / peligroso en la fiesta… “¡Ah! ¡Con razón! ¡Yo no me sentía a gusto! ¡Algo me latió!” Ahora con la pandemia estamos todos con la ansiedad hasta el techo y ningún lado al cual huir. Pero este sistema interno de Modo – Sobrevivencia no se apaga. Nos dice, “¡Algo esta mal! ¡Algo esta muy mal! ¡Sal! ¡Corre! ¡Vete!” Llevamos casi dos años así. Con el aviso interno a todo volumen, pero ningún lugar a dónde ir. No hemos encontrado una manera de sanarnos, con el Sistema de Alarmas hasta el tope, la mente confundida y torpe, y, el cuerpo ya esta enfermándose. ¿Qué podemos hacer? Lo único que se hace con las emociones: Escúchala. Siéntela. Y suéltala. Se necesita valentía y fortaleza para quedarse con las emociones. No es fácil. Es sentarte, literal, sentado en una silla / sofá / jardín, a sentir. Si te necesitas mover, salte a la calle a caminar, y regresa tu atención a las emociones y las sensaciones corporales. ¡No caigas en la trampa de la mente! Muchas veces, cuando sentimos depresión y/o ansiedad, nuestra mente se empieza a preguntar –o a decidir– realidades inexistentes, el diálogo interno se vuelve oscuro y fúnebre, («mi vida apesta», «por qué no puedo ser como xpersona», «¿qué he hecho mal?… además de todo», y un largo etcétera)  alimentando más a la ansiedad y depresión.  Las emociones No Son para racionalizarlas, sino solamente para sentirlas. Así que, quédate ahí hasta que sientas que ya se están transformado. Cuando esto suceda, ya no busques retomarla, al contrario, es el momento de soltarla. Ya te dijo lo que te tenía que decir (con sensaciones corporales), ya sentiste lo que tenías que sentir, ya fluyó de donde estaba atorada y… ya. A veces el cuerpo necesita llorar o golpear algo, en un lugar seguro, hazlo. Muchas veces, por como fuimos educados, sentimos que si nos dejamos caer ante las emociones es el fin del mundo. Pero no lo es. Es el inicio de un nuevo mundo, una nueva realidad. No te tengas miedo. Todas estas emociones eres tú. Tu luz interna que quiere ser escuchada. Eso es todo. Quédate ahí, acompañándote, amorosamente.  Es posible que, si eres muy empático, la ansiedad no sea tuya. Pero de todas formas, la tienes que sacar. Sácala y ya. Observa de quién viene y para la próxima ocasión, no la absorbas. Entonces, para trascender cualquier emoción, la única solución es sentirla. Es acompañarte como lo harías con tu mejor amiga. Y, después, soltar… como a un velo en el aire. En mensaje fue recibido y liberado. Esa es La Libertad Real.

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Qué decir cuando tu hijo Altamente Sensible explota emocionalmente.

Imagina la escena familiar, el hijo HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensible en castellano) explota, el papá se siente abrumado y trata de detener la tormenta a toda costa …y entonces el papá le dice que no debe sentir lo que siente… “…tu eres Altamente Sensible, estas en alerta todo el tiempo y por eso reaccionas tan intensa y emotivamente…” Hasta ahí iba bien. “…pero tus emociones no tienen que ver con la realidad, no esta bien que sientas lo que sientes…” Y aquí es cuando se equivocó. Sus emociones SI tienen que ver con la realidad (su realidad, es decir, la del niño) y es perfectamente válido que sienta lo que sea que sienta (las emociones no se controlan, ni se ajustan, ni se cambian). Si nosotros crecimos en una casa con poca o nula tolerancia ante las emociones, lo más probable es que las emociones de los demás –incluyendo nuestros hijos – nos resulten incómodas incluso intolerables, entonces ¿qué hacemos? Las nulificamos con un “estás mal”, “no vienes al caso”, “tu perspectiva / tu punto de vista / tus emociones no tiene que ver con la realidad”, es decir, repetimos patrones. Entonces… Una cosa es que el papá no pueda con las reacciones emocionales de su hijo (por que no tiene el entrenamiento previo) , y oooootra cosa muy distinta es que el niño deba de sentir lo que a papá le guste, opine o, crea que es lo correcto.  El hecho de saber que nuestros hijos son Altamente Sensibles no nos da el derecho a acomodar la realidad. Nuestros hijos ven, observan, analizan y sienten como si vivieran con la piel al revés. No hay manera de cambiar eso. Y si nosotros lo intentamos –porque no nos resulta cómodo, fácil o tolerable – lo único que va a cambiar es la manera en como ellos se expresan. Y todas esas emociones que se tragan –para hacer nuestra vida más cómoda– se verán reflejadas en el deterioro de su salud: colitis, gastritis, migrañas, alergias… etc. Saber que nuestros hijos son Altamente Sensibles es para que sepamos cómo guiarlos mejor, no para que tengamos un argumento cuasi–válido para tratarlos de cambiar. Así que, después de un arranque emocional totalmente desproporcionado, ¿qué sí les podemos decir? “¿Me puedes explicar más sobre tu sentir? Quiero entenderte.”  “Tu perspectiva es perfectamente válida.” “Mi intención no fue (…x…) sino (…y…) Lamento la confusión.” “¿Cómo crees que podamos ponernos de acuerdo? ¿Qué se te ocurre?” “Entiendo que después de esta actividad te hayas sentido abrumado y hayas explotado. Necesitamos encontrar una forma de des-saturarte que sea sana para ti y que no vaya contra las personas a las que amas, ¿qué se te ocurre?” No queremos que nuestros hijos se vuelvan hipócritas con nosotros, es suuuuuper importante darle acceso a una forma de expresión sana y amable. Y entonces lo que se platica no es sobre lo “correcto” o “ìncorrecto” de las emociones sino, en ponernos de acuerdo en los distintos puntos de vista y en trabajar en conjunto en una solución. 

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