happy friends on camper van roof
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Crónica de unas vacaciones como familia Híper Sensible

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Photo by ROMAN ODINTSOV on Pexels.com

Dos Híper Sensibles de viaje… bueno, cuatro.

Viajar con un HS no es precisamente fácil. Sentimos ñáñaras, ansiedad, piel erizada, miedo, asco… o todas las anteriores de, prácticamente, todo. A eso agrégale restricciones alimentarias por alergias o intolerancias, sensibilidades en la piel, dolores en el cuello o espalda, y demás achaques –por que sí y porqué no.

Solemos Viajar como beduinos, con un kit de medicinas completísimo, con la almohada, las colchitas, las toallas, las comidas, ropa por si hace frío, por si hace calor, por si llueve, por si no, por si no me gusta la combinación de colores, por si ya no me acomodan estos zapatos, por si me da hambre… por si extraño a mi osito, mi tigre y mi Tiranosaurio Rex.

Ya se estaban acabando las vacaciones y no habíamos hecho nada “vacacionoso” así que una amiga, J, y yo nos lanzamos a la aventura con su hija y mi niño. Los 4 Híper Sensibles, todos de forma distinta, pero HS sin duda alguna. A un parque acuático. (Si, ya sé… piel gallinosa y no de la forma excitante ni siquiera amable.)

En la camioneta para una noche fuera de casa, UNA, ya no cabía ni el perico. No es que no me lo quisiera llevar, ¡es que no cabía! J llevaba cuatro bolsas pequeñas, más sus almohadas y sus colchitas. Yo una maleta enorme. Se me olvidaron mis almohadas y mis colchitas. A mi niño casi le da el ataque.

Llegamos rápido y eficientemente, porque J manejó. Si yo hubiera estado en el volante seguiríamos perdidas. Llegamos, con previa reservación, claro. Pero como no conocíamos decidimos primero tomar un tour por el hotel para ver si nos gustaba. (Es típico del HS analizar primero para ver si se siente a salvo, ya que checó, escaneó y vibró, entonces, toma su decisión). Mi amiga estaba totalmente a punto de irse sin pedir disculpas, hasta que nos mencionaron sobre la “parte privada del hotel exclusiva para huéspedes”. Era chiquita, con poca gente, rodeada de plantas y silencio. Nuestra expresión facial cambio por completo. Ya nos conocemos, y sólo nos reímos.

«Debo poner mi mente en ‘Modo: Vacación’ «–dijo J.

No sé exactamente a qué se refería, me pregunté si es equivalente al ‘Modo: Sobrevivencia’ al que yo entro cuando ando de viaje. Ya sabes, el Modo en donde no puedes ser tan exigente ni taaaaan picky. Bueno, sí puedes porque como HS no hay forma de evitarlo, sin embargo lo tomas con más ligereza y como parte de la aventura.

El hotel no esta nuevo, ni bonito. Ni un poquito. Se nota que lo construyeron hace varias décadas, cuando la arquitectura era práctica, utilitaria y horrible. No tomaron en cuenta a las hermosas montañas que lo rodean, ni al lago. Esta atascado de sillas y mesas de plástico que me parecen de pesadilla. Pero eso sí, muy limpio. Por todo el hotel pasaban señorcitos barriendo, recogiendo, trapeando. A los niños ya les urgía echarse el clavado en las albercas y pues, bajo su presión, sin estar muy convencidas y con el área exclusiva en mente, accedimos a quedarnos.

Cabe mencionar que en esa área, estuvimos poco menos de 3 minutos. Los niños querían todo excepto paz, tranquilidad y silencio. Nos tuvimos que ir a la sección no exclusiva donde llovía gente, gritos, niños y pañales en todas direcciones. Nuestros enanos, se echaron ocho mil veces por los toboganes. Yo sólo 6 porque me empezó a doler la espalda (como si tuviera 99 años) y mi amiga, ni una. Ella todavía se estaba peleando con el hecho de que el Temazcal apestaba a orines, “¡¿Cómo es posible que hagan esoooo, aghhhh?! ¡¡Bola de (**blip-blip**) puercos!!” Aún así, en su ‘Modo: Vacación’ se metió, se aguantó. Gracias al cielo se apareció una bendita señora que se metió a limpiarlo y a echar hierbas para cambiar el (**blip, blip**) aroma.

Nos dijeron que no estaba permitido introducir alimentos al hotel, por lo cual sólo hicimos poquita trampa. Ya sabes, la lechita sin lactosa para el sensible a la lactosa, la fruta para evitar el mega-berrinche por hambre a media mañana, las barritas de granola, cositas así de sobrevivencia básica. En la noche, ya que nos dimos cuenta que el restaurante del hotel estaba muy deficiente y que sí podíamos hacer trampa, J salió a la tiendita para abastecer todas nuestras necesidades “exageradas”. Yo me quedé con los niños viendo Aladino, un poco preocupada a ver si el mago no le daba pesadillas a mi niño.

Al día siguiente debíamos entregar la habitación a las 12. El plan era: ir a las albercas, a las 11, ir al cuarto a bañarnos (las picky madres) y que los niños se quedaran en las albercas hasta la hora de comer. A ellos los bañaríamos en las regaderas del parque, al cabo que ni son tan exigentes. Eran las 12:05 cuando se nos ocurrió ver la hora, los niños estaban en la alberca.

Todos en traje de baño. No habíamos empacado nada. Lo que se nos ocurrió en el momento de histeria fue: que yo me quedara con los niños en la alberca y J salió corriendo a empacar todo como pudo. Lo que sucede a veces cuando un HS esta con presión es que comete errores y J olvidó sus almohadas ortopédicas y colchitas blancas que estaban camufladas con las sábanas blancas del hotel. Empacó todo de ultra volada y lo metió al auto.

Cuando regresó yo me fui un ratito a la alberca termal. Fueron mis 13 minutos de paz, básicamente porque no aguanté más de la preocupación: ¿cómo le voy a hacer en las regaderas del parque? ¿cómo voy a poder sobrevivir eso? Mi momento de confesión fue cuando le dije a mi amiga que definitivamente NO estaba dispuesta a meterme a las regaderas cuando estuviesen atascadas de gente. Así que, antes del atardecer, arrancamos a los niños del agua y nos metimos al monstruo de los mil cubículos hongosos.

Sigo sin entender cómo es que NUNCA se es ha ocurrido hacer cubículos con: ¡WC, regadera y vestidor JUNTOS! Con un lugarcito en donde poner la ropa, la crema de día, crema de noche, crema corporal y demás cremas ¡sin que se mojen! Esa idea de pipí, (vuélvete a vestir con el traje de baño mojado –¡eeekk!– y carga con el tilichero), báñate (vuélvete a tapar y carga con el tilichero) y camina escurriendo al vestidor con tu ropa –ya mojada- que tuviste que dejar en una banquita ahí solitita, ¡me parece inhumano!

Bueno… he de confesar que, no sé bien cómo, pero, sobreviví. Los niños están bien, completos. Ningún daño mayor. ¡Pufff! Y creo que no olvidé nada más que mi shampoo.

Estoy completamente segura que nos pusimos más crema anti hongos en los pies que protector solar en la espalda. Los niños quedaron morados por el sol. Pero ¡ni un hongo!

Para los Híper Sensibles tomar la decisión de tomar este tipo de aventuras no es fácil. Normalmente nos gusta quedarnos en nuestro hábitat conocido. O si vamos de viaje vamos a un lugar ya previamente aprobado por la asociación de Maniáticos Compulsivos Anónimos. Sin embargo, estoy segura que este tipo de aventuras son necesarias. Los niños estuvieron felices, nosotras salimos de nuestra zona de confort, descansamos, nos distrajimos y salimos de la rutina. Es el tipo de experiencias que sirven para el alma, desde otro nivel.

Claro que hoy no salí de mi casa y mi niño no se quitó la pijama en todo el día.

Estábamos en calidad de trapos mojados, es decir: ¡knock out! total.

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