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Cómo se siente ser Altamente Sensible en actividades simples, tales como ir al mercado:…

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Photo by Oleg Magni on Pexels.com

Una muy simple ida al súper….

Antes de saber que era Altamente Sensible y cómo funciona nuestro cerebro, iba por la vida bloqueada. Sobreviviendo como podía, cerrada y, al borde de un colapso nervioso. Llegaba a mi cuarto destrozada, noqueada, sin saber por qué y todo terminaba siendo un recuerdo borroso.

Es a partir de que supe que soy HSP (por sus siglas en inglés o Altamente Sensible en castellano) que me he dado cuenta cuánto, en realidad, me afectan las actividades, por sencillas que parezcan. Decidí ya no vivir bloqueada, sino en consciencia. Decidí vivir en el presente. Mi determinación es la correcta, sin embargo es muy difícil y no había tomado consciencia de ello.

Es decir,

Antes me afectaba sin saber.

Ahora me afecta sabiendo.

En resumen, en ambos casos, me afecta y un montón. Ahora sé cuánto y sé que debo emprender la huida de regreso a casa, rápidamente, antes de empezar a cometer burradas.

Un ejemplo, llevaba toda la semana necesitando hacer un trámite e ir al súper. Me hice guaje tooooodo lo que pude hasta que ya no era posible ni un día más.

El trámite es de esos de papeleos horrendos y, se quedó igual de truncado cosa que me tiene cayendo de la flojera y angustia al mismo tiempo. Saliendo de ese estado emocional me fui al súper a agobiarme y sobre-estimularme otro poco más. Digo, ya encarrilada.

Para empezar, cuando estaba tratando de hacer el trámite, un cochino mosquito me picó. Eso ya es suficiente como para perder toda calma y paciencia.

En el súper llevaba mi lista y mi niño. La lista grita casi igual que mi niño. Y a ambos terminé ignorando por exceso de música, ruidos, gente…

De repente detecté el olor a adrenalina, olía a coraje, pero no había nadie cerca. O sea, alguien hizo su berrinchote y dejó su nube de olor.

Como no pude recordar todo lo que tenía que comprar… inevitablemente siempre me tengo que regresar porque ya olvidé algo primordial por andar atarantada. Terminé releyendo la lista y caminando todo el lugar dos o tres veces.

Mientras, mi niño agarraba todo, pedía todo, echaba todo al carrito.

Por fin pagué, –esta vez no dejé la cartera. Créeme, me ha pasado. Venía manejando por encima de la histeria citadina preguntándome ¿cómo le hace la gente para sobrevivir y todavía ser funcional?

Llegué a mi casa como si me hubiera pasado un tren por encima.

Dejé al tren en la cajuela del coche. Fui al baño, Comí. Descansé. Regué mis plantas… Dos horas y media después, revisité la cajuela para sacar al monstruo de adentro del tren para meterlo a la alacena.

¡Pfff!

No es fácil ser Altamente Sensible. Las actividades cotidianas nos agobian y sobre-estimulan al grado que se estresa el sistema nervioso central de una forma “exagerada” y poco comprendida por los que no tienen este tipo de cerebro.

Finalmente, sí. La vida nos abruma. ¿De qué nos sirve saberlo? Pues, precisamente para darnos esas dos horas y media para relajarnos y no seguirnos forzando. Es como si una persona muy blanca de piel decide no ponerse crema para el sol en su viaje a Acapulco solo para hacerse «más resistente». No, no, la piel ultra blanca la tienes. El no ponerte crema sólo hará que ¡salgas con una quemadura de segundo grado!

Así somos. Aceptemos nuestra realidad. Adaptemos nuestra vida con consciencia y amor.

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