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Qué hacer cuando los niños rompen el sofá

Escena uno, yo estoy cocinando y veo que mi niño se mete a la cocina, toma un cuchillo y se va. «Para que quieres eso?» Le pregunto. No me responde. 

Unos minutos después, lo veo con cara de angustia, alejándose del sofá con el cuchillo en la mano. «¡¿Rompiste el sofá?!»

«¡Lo lamento mucho! ¡No fue mi intención!»

Dijo muchas veces mientras yo veía el agujero en el cojín recién retapizado. 

La música estaba a todo volumen. La apague.

«No puedo pensar con tanto ruido… No sé ni qué decirte. Necesito pensar.»

«Mamá, perdóname. ¡¡Porfavor!! ¡No fue mi intención!»

Repitió muchas veces mientras yo trataba de alejarme de él.

Tenía yo muchas angustias, una de ellas era el corajón que le iba a dar a mi esposo. Otra el sofá, que se veía a ver horrible así. Y finalmente, no romper al niño más que al sofá. 

El sofá ya está agujerado. Nada que pueda yo hacer, ni cambiar. 

En el taller de Crianza con Conexión y  Respeto explicó la importancia de expresar el amor incondicional especialmente en los momentos críticos. Entonces,

Escena Dos:

Lo primero que le dije fue:

«tú y yo estamos bien. ¿Okay? No sé qué vamos a hacer, lo sigo pensando, pero tú y yo estamos bien. Ven, ¿me quieres dar un abrazo?»

Nos abrazamos. Él estaba inconsolable. 

«No fue mi intención,» repitió entre llantos. 

«¿Cuál era tu intención?»

«Quitar el slime del sofá.»

«¡¿Estuviste jugando con él slime en la sala?! ¿Cuántas veces te dije que no lo hicieras?»

«Muchaaaas», lloraba y lloraba.

«¿Qué crees que le va a pasar a tu slime?»

«Se va a la basuraaaa. Está prohibido.»

«Exacto», dije mientras le pasaba un kleenex. «Bueno… Tú intención era buena, al menos.»

Hice otra pausa larga y después le pregunté,

«Yo te pregunté que para qué querías el cuchillo y no me dijiste nada. ¿Porqué?»

No respondió.

“Si querías quitar el slime pudiste haberme dicho e investigamos como se quita. ¿Cómo crees que se pueda quitar?»

«¿Con agua? ¿Jabón? ¿Cepillo?»

«Algo así, posiblemente… Algo que no rompiera la tela, ¿verdad?»

«Si…»

«Bueno… El cojín ya está roto. No podemos hacer nada. ¿Cómo crees que va a reaccionar tu papá?»

«Se va a enojar muchísimoooo…»

«¿Qué podemos hacer para que no se enoje tanto?»

«¿Repararlo?»

«Okay, ¿cómo? ¿Qué se te ocurre?»

Primero me dijo una idea bastante mala que ya no recuerdo.

Después me habló de hilo y agujas. 

«Y lo vas a hacer tú. Vamos a comer y después tú vas a coser el cojín.»

Escena tres, los dos sentados, yo metía la aguja, el la sacaba. Yo detenía el cojín y el alumbraba con la linterna. Al final, se ve como si fuera una mancha. No está linda, la verdad. Ni modo. El sofá es lo de menos. 

«¿Y qué aprendiste de esto?»

«A avisarte.»

«Okay, ¿qué más?»

«A no usar cuchillos.»

«Muy bien, ¿qué más…?»

“A decirte antes de hacer algo.”

Después del evento y como lo resolvimos se ve simple, pero la verdad es que yo emocionalmente estaba muy mal. En todo momento seguí mis propias clases al pie de la letra, activando el cerebro superior mío y después el de él:

  • Haciendo preguntas
  • Esperando respuestas
  • Resolviendo en lugar de insultar
  • Enseñando en lugar de castigar
  • Dejar que las consecuencias naturales sucedan y que éllos se las arreglen para reparar lo que esté en su capacidad de lograr y aunque no quede perfecto, es más, mucho más importante nuestros hijos que cualquier cosa material.

Al final de todo, resultó ser un evento sumamente positivo pues nos unió más. Es el tipo de experiencias que fortalecen, nos hacen propositivos, y solucionadores de problemas.

El sofá ya estaba roto, no rompamos a nuestros niños también. 

Cuando disciplinemos a nuestros hijos es de vital importancia hacerlo de manera consciente para que sirva de algo.

Los errores y las «arreglaciones» van a seguir sucediendo, el chiste es qué ganamos de ahí. 

https://www.hijosaltamentesensibles.com/product/taller-de-disciplina-con-conexion-y-respeto/

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